Cuarenta y dos años después, aquel romance que De Niro y Streep se animaron a rodar en un vagón de tren
El film que los juntó fuera de sus papeles de guerra vuelve a estar disponible y sirve para repasar una de las historias de amor adultas más subestimadas del Hollywood ochentoso.
A veces uno tiene la sensación de que las grandes películas de Hollywood necesitan un poco de tiempo para ser revisitadas con justicia, y "Enamorarse" (Falling in Love, 1984) parece ser un caso perfecto de eso. La película cumplió 42 años desde su estreno y, la verdad, todavía se la menciona menos de lo que merece, sobre todo porque tiene algo que muy pocos dramas románticos logran sostener de principio a fin: dos protagonistas adultos, casados, que se enamoran sin dejar por eso de pensar en el resto de la gente que los rodea. Yo la vi hace ya bastante tiempo y me acuerdo perfectamente de la incomodidad con la que uno se queda después, esa sensación rara de que el romance no es solo un asunto de los protagonistas sino también de todos los que los quieren.
La historia arranca en una librería de Manhattan, en plenas fiestas de fin de año, y hay algo encantadoramente ordinario en la escena: Frank Raftis, el personaje de Robert De Niro, y Molly Gilmore, el de Meryl Streep, se confunden los paquetes que llevan para sus familias y, a partir de ese malentendido tan chiquito como universal, empiezan a cruzarse en los trayectos en tren que ambos hacen por rutina. La ciudad funciona acá como una especie de personaje silencioso, con sus librerías, sus vagones y sus puntos de encuentro anodinos, que es justamente donde el relato encuentra su motor: dos personas a las que la rutina les termina abriendo una puerta que ninguna de las dos había buscado.
They can't take that away from me
Dirigió Ulu Grosbard, que venía del teatro y se nota: la película respira una intimidad de escenario chico, con cámara cercana y diálogos que privilegian los silencios por encima de los grandes gestos. El guion, escrito por Michael Cristofer, no le hace trampa al conflicto y por eso funciona: Frank y Molly están casados, se quieren dentro de lo que se puede querer a alguien con quien ya se convive hace años, y al mismo tiempo descubren que lo que les pasa en el tren y en esas conversaciones a media tarde los corre del lugar donde estaban. No hay villanos, no hay grandes traiciones, hay algo mucho más incómodo, que es la distancia entre lo que uno siente y lo que está dispuesto a hacer con eso.
El elenco de apoyo ayuda mucho a darle contexto al vínculo central: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon arman alrededor de la pareja una red de matrimonios, obligaciones y lealtades que pesa tanto como la propia atracción. Es uno de los grandes hallazgos del film, porque deja claro que el romance no existe en el vacío, sino que se mide siempre en relación con los otros.
- Dirección: Ulu Grosbard, un hombre de teatro que le imprimió a la película una intimidad de escenario chico, con cámara cercana y silencios muy cuidados.
- Guion: Michael Cristofer, que eligió no resolver el conflicto con facilidad y por eso el drama se siente verosímil y adulto.
- Elenco de apoyo: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, que arman alrededor de la pareja una red de matrimonios y obligaciones que pesa tanto como la propia atracción.
- Recepción crítica: Roger Ebert le puso dos estrellas sobre cuatro y cuestionó el guion, aunque rescató momentos puntuales de la interacción entre De Niro y Streep.
- Recaudación: Box Office Mojo registró 11.129.057 dólares en Estados Unidos y Canadá, con un debut de unos 2,3 millones, una cifra modesta para una producción de Paramount Pictures.
- Reedición: a cuatro décadas del estreno, el film vuelve a estar disponible para quienes no lo vieron en su momento.
The way we were
Había algo osado, mirándolo con ojos de hoy, en juntar a De Niro y Streep seis años después de "El francotirador" (The Deer Hunter, 1978), la película de Michael Cimino donde los dos habían cruzado sus destinos en un contexto de guerra y de violencia. Acá, en cambio, no hay balas ni soldados ni Vietnames, hay un hombre y una mujer de mediana edad tomándose el tren de vuelta a casa y redescubriéndose en el camino. Es otra Hollywood, otra apuesta, y se nota que los dos actores aceptaron correrse de sus papeles más célebres para meterse en un registro más contenido, más gris, más parecido al de cualquier conocido nuestro que un día se sienta un poco solo en el vagón y empieza a charlar con alguien.
La película no fue un éxito arrollador ni en la taquilla ni entre la crítica de la época, que la trató con cariño pero también con distancia, y de hecho algunas notas de aquel momento la emparentaron con "Breve encuentro" (Brief Encounter, 1945), el clásico de David Lean sobre un amor adulto e imposible que también transcurría en escenarios cotidianos. La comparación no es caprichosa: las dos películas hablan de gente grande que se enamora sin buscarlo y que tiene que decidir qué hacer con eso sin romperle la vida a nadie. Pero "Enamorarse" tiene su propio tono, más newyorker, más ochentoso, más dubitativo, y eso también forma parte de su encanto.
Si a uno le gusta el cine romántico que no esquiva la incomodidad y que prefiere la palabra susurrada al gran gesto melodramático, este film es una joyita que merece una revisada. Se puede conseguir hoy en plataformas de streaming y en ediciones digitales, y es de esas películas que uno agradece poder ver de grande, cuando se entiende mejor por qué a veces el amor aparece fuera de lugar y por qué, aun así, no siempre hay que huir de él.
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