Die Toten Hosen dijo adiós en Argentina con un setlist de 33 canciones, invitados argentinos y un estadio de pie
El quinteto alemán cerró en el Movistar Arena una historia de casi 35 años con público local. Repaso de una noche que mezcló himnos propios, covers memorables y un lazo que empezó en 1992 en una discoteca de Buenos Aires.
Vine a despedirme y me quedé a festejar, porque Die Toten Hossein no se van así nomás: se van como los grandes, con la sala llena y la gente cantando cada estribillo como si lo hubiera memorizado de chico. El Movistar Arena de Villa Crespo, el sábado a la noche, fue el escenario elegido para el último capítulo de un vínculo que arrancó en 1992 y que, según me dicen quienes lo vivieron, nunca se cortó del todo. Te lo cuento como lo viví, parado entre la multitud, con la sensación de estar cerrando un álbum familiar.
Willkommen in Villa Crespo
Antes que suene la primera nota hay que describir la sala, porque acá la arquitectura cuenta. El Movistar Arena vibraba distinto a lo que uno está acostumbrado: no era un recital europeo con plateas frías, era un galpón de barrio con aires de cancha de fútbol. La gente llegaba con camisetas de Los Violadores, de Attaque 77, de 2 Minutos, como si vinieran a un reencuentro de la familia punk. En las tribunas se veían banderas argentinas mezcladas con la Totenkopf, el cráneo con alas que identifica a la banda, y muchas manos levantadas con pulgares que ya empezaban a marcar el compás antes del primer acorde. La banda salió con una formación de cinco: Campio al frente, Breiti y Kuddel con las guitarras, Andi a los cuatro hilos y Vom Ritchie en la batería. Nada fuera de protocolo, todo como tiene que ser.
El setlist arrancó temprano y no paró hasta dejar al público sin aire. Fueron 33 canciones en casi dos horas, con dos bises incluidos, y el repertorio viajó por tres décadas de disco. Sonaron himnos como 1,2 ultraviolento, Donde las águilas se atreven, Represión y Ya no sos igual, que en esta orilla se corean con la misma bronca y la misma alegría que en Düsseldorf. También hubo lugar para Bonnie & Clyde, para Hier kommt Alex y para Reisefieber, el tema del álbum debut, que suena como un relojito en vivo. El cover de Should I Stay or Should I Go de The Clash, versión que ya es un clásico de la banda, levantó el estadio entero.
Invitados de la casa
La noche tuvo un condimento bien argentino: los invitados. Subieron al escenario Ciro Pertussi y Luciano Scaglione de Attaque 77, dos voces que compartieron innumerable cantidad de escenarios con los alemanes y que esta vez se despidieron con ellos en su propia casa. También apareció Sergio Gramática de Los Violadores, fundamental para entender la historia del punk en el país, y Mosca Velázquez de 2 Minutos, con quien Campio recorrió el escenario mientras cantaban un tema compartido. No fue un guiño ni una gentileza: fue un acto de reconocimiento. La banda sabe que su historia con la Argentina se escribió en gran parte junto a estos músicos, y lo hicieron visible hasta el final.
El momento más alto llegó, claro, con You'll Never Walk Alone, el clásico que Tomara que chover versiona desde hace años y que se convirtió en una especie de himno compartido con el público argentino. La tribuna entera la cantó de memoria, con la misma emoción con que se entona en Anfield Road un día de Champions. Es la clase de cierre que deja a la gente muda y llorando al mismo tiempo, y que uno no se olvida más.
Una historia que empezó en Halley
Para entender lo que pasó el sábado hay que retroceder a 1992. Ese año Die Toten Hossein pisó la Argentina por primera vez y tocó en la discoteca Halley, un templo del under porteño, junto a Pilsen, la banda que Enrique Pil Chalar había formado después de Los Violadores. Desde entonces acumularon más de quince visitas: tocaron con Iggy Pop y los Ramones en 1996, se animaron a un escenario al aire libre en pleno San Telmo en 2015, y llenaron cuanta sala se les puso enfrente. El vínculo es tan profundo que los ubican en una línea que comparten, por distintos motivos, los Rolling Stones, los Guns N' Roses y los propios Ramones: bandas extranjeras con arraigo de club de barrio acá.
La gira, además, pasó por Tandil y Rosario antes del cierre porteño, y en las tres ciudades las entradas se agotaron. La despedida fue redonda, como tiene que ser una despedida: sin promesa de regreso, sin un hasta luego ambiguo. La banda no anunció fechas futuras en el país, y el silencio tiene la elegancia de lo definitivo. Quedan los discos, los videos de YouTube, y la certeza de que para miles de argentinos la adolescencia sonó, durante un rato, en alemán con acento de Buenos Aires.
- 33 canciones en casi dos horas, con dos bises
- Repaso por tres décadas de disco más un cover de Should I Stay or Should I Go
- Cierre con You'll Never Walk Alone cantado por todo el estadio
- Invitados: Ciro Pertussi y Luciano Scaglione de Attaque 77, Sergio Gramática de Los Violadores y Mosca Velázquez de 2 Minutos
- Gira agotada en Tandil, Rosario y Buenos Aires
- Sin anuncio de fechas futuras en el país
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