Dólar sin banco: la vida cotidiana que los argentinos ya construyeron sobre las stablecoins
Un ejecutivo global de Bitget Wallet pasó por Buenos Aires y describió un mapa local muy distinto al resto del mundo: acá las criptomonedas se usan para cobrar sueldos, mandar plata al exterior y escapar del peso, no para especular con memecoins.
En el mostrador de una casa de cambio del microcentro porteño todavía se ven colas para comprar dólares billete. Pero la conversación que mantiene esta semana Alvin Kan, director de operaciones de Bitget Wallet, en sus reuniones con equipos locales, va por otro lado. Acá, dice, casi nadie le pregunta cómo hacer trading de contratos perpetuos ni cómo cazar memecoins. Le preguntan cómo pagar el alquiler, cómo cobrarle a un cliente de afuera y cómo no perder contra la inflación sin pasar por el banco. Argentina, asegura, tiene una de las proporciones más altas del mundo de usuarios que usan stablecoins para la vida diaria, no para apostar.
Kan visitó el país y en una charla con periodistas describió lo que encontró. "Muy pocas personas hablan de negociación de contratos perpetuos o de memecoins; cada vez más gente habla de pagos, de ahorrar en dólares", resumió. Esa impresión de pasillo coincide con un dato global que la propia compañía difundió: el mes pasado, por primera vez, la cantidad de usuarios que concretaron operaciones de pago superó a la de quienes hicieron trading en la plataforma. Para el ejecutivo, el punto de inflexión confirma que las criptomonedas dejaron de ser un instrumento exclusivo de especulación y empezaron a ganarse un lugar en la rutina financiera de la gente.
Cobrar afuera sin pasar por el banco
Una de las patas del anuncio apunta a los trabajadores remotos y freelancers que facturan en el exterior, un universo que creció de la mano de la dolarización de los ingresos. Bitget Wallet prepara un producto que se apoya en una cuenta bancaria virtual en Estados Unidos: el usuario recibe una transferencia de cuenta a cuenta y el dinero llega directamente a su billetera como stablecoin. El mismo esquema serviría para recibir remesas desde otros países sin pagar los sobrecostos habituales de los intermediarios tradicionales.
- Pagos del exterior que llegan como stablecoin directo a la billetera, sin pasar por bancos locales ni por casas de cambio.
- Remesas internacionales con comisiones más bajas y tiempos más cortos que los del sistema tradicional.
- Opciones de rendimiento sobre stablecoins con autocustodia, empezando por una alternativa que apunta a un 3% anual sin mover los fondos a otra plataforma.
- A futuro, opciones de rendimiento más altas a medida que se sumen nuevos socios al esquema.
Kan insistió en que la ventaja competitiva de las stablecoins frente al circuito bancario no es filosófica sino concreta. En una transferencia internacional, dijo, los costos son menores y los plazos, más cortos. Para él, eso las convierte en una herramienta útil tanto para cobrar como para pagar, en cualquier país y sin pedir permiso a la mesa de cambios local.
En el resto del mundo, mientras tanto, el perfil dominante sigue siendo el del operador especulativo, sobre todo en Asia. En Argentina, el mapa que dibujó Kan es el inverso: la stablecoin funciona casi como una cuenta de ahorro en dólares, una forma de esquivar la depreciación del peso y, al mismo tiempo, una infraestructura de pagos para los que viven conectados al mercado global. En la nota, el dato me confirma algo que se viene repitiendo hace rato en la calle: cuando el sistema financiero formal no te da respuestas, te fabricás una billetera propia y empezás a mover plata por tu cuenta.
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