Saltar al contenido
Jueves, 5 de noviembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Dos westerns de Leone, un mismo salón y una historia que se repite

El local donde Ninguno conversa con Don John en la película de 1973 ya había servido de escenario en 1968, cuando la subasta de Cardinale marcaba otro tono.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 2 h
Dos westerns de Leone, un mismo salón y una historia que se repite

Hay lugares que uno siente conocidos antes de saber por qué. Al ver el salón de la película de 1973 aparecen paredes de ladrillo blanco, columnas de madera, un balcón elevado y lámparas colgantes que parecen esperar a alguien. Es un espacio que se queda en la memoria, aunque la mayoría de los espectadores no se detenga a mirarlo.

Hablamos de « Mi nombre es Ninguno », el western de 1973 con Terence Hill y Henry Fonda bajo la producción de Sergio Leone. La dirigió Tonino Valerii y se convirtió en un clásico del spaghetti western gracias a una mezcla de humor e ironía que la separaba de los títulos más solemnes del género.

Un salón con historia propia

Alrededor del minuto 52, Ninguno, interpretado por Terence Hill, conversa con el pistolero Don John, a cargo de Marc Mazza, en ese mismo salón. Lo que pocos advierten es que el edificio ya había sido usado cinco años antes en « Hasta que llegó su hora », dirigida por Leone en 1968 con Henry Fonda, Claudia Cardinale y Charles Bronson.

En aquella película, el lugar funciona como escenario de la subasta en la que el personaje de Cardinale disputa su propiedad bajo la presión de los hombres del villano Frank. Es decir, las mismas paredes y el mismo balcón sostuvieron un momento de amenaza en 1968 y, cinco años después, una charla entre dos pistoleros.

La explicación de esta repetición está en la producción. Leone firmó ambas películas, y eso permitió que el equipo recurriera al mismo decorado. El espacio fue reconstruido y modificado entre una filmación y la otra, pero conserva elementos reconocibles como el ladrillo blanco, las columnas, el balcón y las lámparas, que aparecen en las dos obras.

  • En 1968, la escena carga con tensión dramática y violencia implícita.
  • En 1973, el mismo salón alberga un intercambio cómico entre dos pistoleros.
  • Ambas son registros opuestos dentro de un mismo género, unidos por la figura de un productor.

Me parece que ese detalle dice mucho del oficio. Un mismo rincón puede cambiar de humor según quién lo habite y cómo se lo filme, y eso le da al western italiano de esa época una continuidad que va más allá de cada historia particular.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

Te puede interesar