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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dulce de membrillo en la larga distancia: energía de la abuela, pero no alcanza sola

La golosina criolla aparece cada vez más en los bolsos de los corredores de fondo. Qué aporta, qué le falta y por qué la hidratación y la prueba previa siguen siendo clave.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 18 d
Dulce de membrillo en la larga distancia: energía de la abuela, pero no alcanza sola

Acá en la cuenca, todavía hay mesadas de cocina donde el dulce de membrillo manda. Lo conozco desde pibe, en lonjas firmes, con queso y un cafecito, mientras afuera se entrena quien puede y se camina quien no tanto. Por eso me llamó la atención que un alimento tan nuestro haya terminado en la mochila de varios corredores de fondo, sobre todo en pruebas largas donde la energía se vuelve un problema serio y cada gramo de carbohidrato cuenta. La pregunta, claro, es de las nuestras: sirve o no sirve como combustible durante una carrera extensa.

La respuesta corta, según la lectura del material disponible, es que el dulce de membrillo aporta energía de buena ley, sobre todo carbohidratos, y puede bancar una carrera larga. Pero no llega solo. No reemplaza el agua, no repone sales, no cubre las proteínas ni el resto de los nutrientes que el cuerpo pide cuando el esfuerzo se estira. Es decir: ayuda, pero no resuelve. Y algo clave para los que se largan a correr varias horas: la cantidad que se lleva en un trozo no siempre se sabe a simple vista.

Por qué un pedazo de dulce no es lo mismo que un gel

Cuando un corredor agarra un gel deportivo, la marca le dice cuántos gramos de carbohidrato tiene cada sobrecito. Eso permite medir, planificar y repetir. Con el dulce de membrillo la historia cambia: el tamaño de la porción no garantiza un número fijo. Si es industrial, hay que mirar la etiqueta. Si es casero, hay que sentarse a calcular a partir de los ingredientes de la receta. Una porción elegida a ojo puede rendir mucho menos de lo imaginado o, al revés, pasar de largo y caer pesada en el estómago.

Por eso, antes de meterlo en el bolsillo del pantalón corto, conviene hacer los números. La recomendación más extendida para actividades que superan la hora es moverse entre 30 y 60 gramos de carbohidratos por hora, con ajustes personales según la tolerancia intestinal, la intensidad y el calor. La Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva y la Asociación Dietética Británica coinciden en que, cuando el ejercicio intenso pasa la hora, sumar carbohidratos mejora el rendimiento. Pero nadie dijo que esos carbohidratos tengan que venir siempre del mismo lado.

La prueba en los entrenamientos, no el día de la carrera

Acá viene el consejo que muchos ya saben de memoria y pocos cumplen de verdad: lo que se va a usar durante la carrera tiene que probarse antes, en los entrenamientos. Una mezcla de membrillo con avena y frutos secos puede ser un bárbaro tentempié antes de salir o lejos del esfuerzo, pero durante una corrida larga la fibra y la grasa pueden hacer más lenta la digestión y arruinar el ritmo. Influyen también la cantidad, la temperatura y la intensidad del día. Lo que se tolera en una salida tranquila puede traicionar en una maratón o en un trail con repechos.

Lo que el dulce de membrillo no puede hacer por vos

El membrillo es energía y algo más, pero no es hidratación. El sudor se lleva agua y sodio, y por más dulce que se coma, eso no se repone solo. En sesiones largas, con calor y humedad, la alimentación y la hidratación se piensan juntas, y muchas veces hace falta sumar electrolitos. Después de cruzar la meta, la recuperación tampoco termina en un alfajor: según el esfuerzo y el tiempo hasta la próxima sesión, hay que sumar proteínas, líquidos y minerales. El membrillo queda como una pieza más del rompecabezas, no como el cuadro entero.

“Yo lo aprendí a los ponchazos, largándome sin saber cuánto comía ni cuánto perdía. Hasta que una vecina, Marta, de 54 años, me dijo algo que me quedó: el dulce te levanta, pero no te salva. Y tenía razón.”Griselda Muñoz
GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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