El frío de Córdoba no existe: lo que existe es Belgrano y un banco que se vistió de verdugo
En el Kempes, con el viento como convidado de piedra y la nieve amenazando con caer, el Pirata le ganó 1-0 a Talleres con un gol del ingresado Ramiro Hernández y un arquero que se puso el equipo al hombro.
Dicen que en Córdoba el viento corta como si fuera nieve y la gente igual va a la cancha. Bueno, habrá que creerles: en el Mario Alberto Kempes hubo fútbol, hubo clásico y hubo una victoria visitante que dejó a Talleres masticando bronca. Belgrano se llevó el interzonal de la fecha con una fórmula conocida: orden, paciencia y un banco que resolvió cuando el partido se empezaba a cerrar como un paragua con viento a favor.
El gol, que llegó cuando menos se lo esperaba
Hasta los 41 minutos del primer tiempo, el trámite era de ida y vuelta, de esos que aburren a los neutrales y entretienen a los hinchas. Talleres atacaba, Belgrano respondía, y el arco se negaba a abrirse. Hasta que una pelota recuperada en campo propio desató un contraataque por la izquierda, un centro al área y una jugada que parecía perdida terminó en los pies de Ramiro Hernández. El ingresado, que había reemplazado a González Metilli, resolvió adentro del área: 1 a 0 y desahogo celeste en tierras piratas.
El gol lleva la marca del banco de Ricardo Zielinski. Además de Hernández, el DT había movido piezas: Lucas Passerini dejó su lugar para que Lucas Zelarayán, Passerini que terminó un avance con un remate alto y después cedió su lugar a Nicolás Fernández. También entraron Benítez, Longo y Velázquez para refrescar piernas y apagar los intentos de Talleres.
- Vicentini fue figura: desvió al córner un cabezazo de Depietri y tocó apenas un tiro libre del pibe Baroni, de 17 años, que se estrelló contra el travesaño.
- Rick hizo temblar el palo con un zurdazo en el primer tiempo y Valoyes desperdició un cabezazo con el arco libre después de una salida del arquero.
- Zelarayán estuvo a centímetros del segundo: su remate de derecha desde el borde del área besó el palo y se fue por línea de fondo.
Lo que dejó el clásico
Talleres empujó, buscó, generó y no pudo. Le faltó el gol que no se compra con actitud. Belgrano defendió con orden, se plantó con la experiencia de Zielinski y dejó que Vicentini se vistiera de muralla cuando la pelota lo exigió. La diferencia fue mínima, pero el mensaje del clásico quedó claro: en Córdoba, el que no convierte, pierde. Veremos si la T reacciona en la próxima y si el Pirata mantiene este temple de equipo que sabe esperar y lastimar.
