Jueves, 3 de septiembre de 2026
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El legado que se viene: la familia de Rubén Rada promete más de diez discos inéditos para los próximos años

Lucila Rada reconstruyó en un mensaje los últimos días junto a su padre, el velatorio en el Palacio Legislativo y la marcha hasta el Cementerio del Norte. Y confirmó que el músico dejó una producción sin publicar que piensan ir sacando de a poco.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Tengo que decir que me agarré leyendo este mensaje con la garganta apretada, como cuando uno escucha por primera vez una canción que sabe que va a terminar doliendo. Lo escribió Lucila Rada, la hija mayor de Rubén Rada, y es la primera vez que la familia pone en palabras lo que fueron aquellos días de agosto, desde el instante en que comprendieron que había llegado la despedida hasta la decisión de abrir el archivo musical del viejo para que todo eso termine llegando a la calle. Es un texto largo, sentido, con esa cosa uruguaya de no esconderse detrás de la solemnidad, y por eso me parece que vale la pena recorrerlo con calma, sin apuro, como se recorre una rambla cuando el sol está cayendo.

Empiezo por el principio. El miércoles 26 de agosto la familia estaba reunida. Lo habían rodeado de afecto en los últimos tiempos, le habían dicho lo que iban a sentir cuando ya no estuviera, le habían repasado una y otra vez todo lo que él les había dejado, y acá me quedo un rato porque me parece lo más fuerte de todo lo que cuenta Lucila: según sus propias palabras, no le quedó pendiente ni un solo gesto de amor, de generosidad, de humor ni de talento. Digo, es una forma hermosa y a la vez demoledora de despedirse, porque cuando uno dice eso está diciendo que ya está, que no hay nada más para arreglar, que se llega completo. Y la imagen que ella eligió para describir el momento es tremenda: dice que lo vieron con una expresión que describe como pacífica y satisfecha, y a partir de ahí nombra ese instante como el "instante 0", un punto de inflexión a partir del cual, cuenta, todo lo que vino después se transformó en algo muy distinto de lo que la familia tenía pensado.

El km 0 del duelo colectivo

Cuando salieron de la sala, los teléfonos estaban explotando. Mensajes, llamadas, notificaciones. Y ahí, según cuenta Lucila, el duelo dejó de ser un asunto privado y se convirtió en otra cosa. "Nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado", escribió, y a mí esa frase me parece que define los últimos tiempos de cualquier artista que se vuelve popular de verdad: uno termina siendo de la gente tanto como de los suyos. La propia Lucila lo llamó un "campo magnético de afecto", que es una imagen muy de él, muy del Rada que hacía metáforas raras y precisas al mismo tiempo, y dijo que ese campo magnético extendió el instante 0 hacia lo que llamó el "km 0" de un camino colectivo. Me gusta esa idea, la de un duelo que no se queda en una sala sino que se vuelve caminata de toda una ciudad.

Ese camino tuvo su primera gran parada en el Palacio Legislativo, donde se hizo el velatorio. Acá me detengo un segundo, porque me parece importante contar cómo fue, ya que la familia hizo un esfuerzo por describir cada detalle. Lucila habló de gente de generaciones distintas, de rostros atravesados por una tristeza que no tenía nada de amargo, y me parece un dato hermoso: no se fue con bronca, no se fue con reproche, se fue con la congoja de quien pierde a alguien que le alegraba la vida. Cuenta que hubo abrazos, ofrendas, llanto compartido y también risas, y que en medio del salón sonó la voz del propio Rada, y que hubo ratos de baile. Me imagino la escena y se me eriza la piel, de verdad. La familia agradeció especialmente a las autoridades del Palacio Legislativo por haber entendido la dimensión del homenaje y por haber cedido el espacio. No es un dato menor: cuando un gobierno entiende lo que está pasando, el duelo se vuelve un poco más llevadero.

Después del velatorio llegó el cortejo, que fue hasta el Cementerio del Norte por la calle Isla de Flores. Y acá me quiero detener porque la descripción que hace la familia del recorrido es de las cosas más lindas que leí en mucho tiempo. Cuenta que la gente acompañó con candombe, con música, con gestos que la familia sintió directamente vinculados a la manera en que Rada había expresado querer ser recordado, en línea con lo que había dejado planteado en su disco "Muriendo de plena". Lucila rescata tres imágenes que a mí me parecen para, aunque después las cuente con mis palabras: dos pibes que siguieron la caravana en monopatín con un parlante, personas que se acercaron con prendas rojas, y un círculo de tambores que sonó durante todo el trayecto. Me imagino esa columna de gente yendo por Isla de Flores y se me aparece la Montevideo que a uno le gusta, la que todavía se banca una multitud sin volverse violenta ni triste del todo.

Más de diez discos en el cajón

Hasta acá la despedida. Pero el mensaje de Lucila no termina ahí, y a mí me parece que la parte final es la que más expectativa genera para los que seguimos este tipo de cosas. La familia anunció que Rubén Rada dejó más de diez discos sin publicar. No son maquetas sueltas ni demos tirados en una computadora: son discos, o sea proyectos con entidad propia, y la intención de la familia es que esa producción vaya llegando al público de manera gradual. Me parece una decisión muy sana, porque evita el clásico zarpazo de sacar todo junto y también le da tiempo a la propia familia para ir procesando lo que va saliendo. Lo que no sabemos todavía es el calendario, los títulos, ni en qué orden van a aparecer, pero el compromiso está sobre la mesa, que es lo que importa.

Mientras tanto, a uno lo que le queda es esto: la certeza de que un tipo que se fue tranquilo, que se fue completo, que se fue querido hasta el último minuto por su familia y por su pueblo, todavía tiene cosas para decirnos. Y eso, en los tiempos que corren, es casi un consuelo. Yo por lo pronto me quedo con la idea de que en algún momento va a sonar algo suyo que no habíamos escuchado, y que lo vamos a reconocer igual, porque el Rada tiene eso, que suena a él aunque uno no lo haya escuchado nunca. Después, cuando empiecen a aparecer los discos, habrá tiempo de opinar con más detalle. Por ahora alcanza con decir que la despedida fue como tenía que ser y que la música va a seguir.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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