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Guinness, sangre y cerveza: Netflix se sube al lomo de una dinastía irlandesa que peleó por todo

La nueva serie de Steven Knight, el creador de Peaky Blinders, reconstruye los entuertos familiares que estallaron en Dublín tras la muerte de Benjamin Lee Guinness en 1868 y que terminaron marcando el rumbo de uno de los imperios cerveceros más famosos del mundo.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · 5 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Les confieso algo de entrada: a mí siempre me tiraron más las historias de familias poderosas que se comen vivas por dentro que las novelas de ciencia ficción con robots y viajes en el tiempo. Por eso, cuando me enteré de que Netflix tenía entre manos una serie entera dedicada a los Guinness, sentí ese cosquilleo que me da cuando una buena idea cae en buenas manos. Y vaya si las manos son buenas: el responsable es Steven Knight, el mismo que se puso detrás de Peaky Blinders y que ya sabe cómo convertir una saga familiar en un fenómeno de público sin necesidad de adulterar la historia.

La producción, que se titula La casa Guinness, se presenta como un drama de época en ocho episodios que arranca en el Dublin convulsionado de 1868. El punto de partida es tan concreto como una baldosa floja en un salón de fiesta: muere Benjamin Lee Guinness, el patriarca, y lo que debería haber sido una transición ordenada entre herederos termina transformándose en un ring familiar donde se cruzan la plata, el apellido y los secretos guardados bajo siete llaves.

With a Little Help from My Friends

El centro de la tormenta son sus hijos Arthur y Edward Guinness, que quedan al frente de un imperio cervecero que ya era, en esa época, una de las piezas más pesadas del tablero económico irlandés. Pero no están solos en la pulseada: el resto de los herederos también tiene sus propios proyectos y sus propias broncas, y son esas diferencias las que le marcan el pulso a los ocho capítulos. La serie no se queda en las peleas de sobremesa, sino que abre las ventanas y deja entrar el contexto social y político de una Irlanda del siglo XIX que vivía desigualdades profundas y tensiones históricas que no esperaron a nadie para estallar.

El elenco reúne a Anthony Boyle, Luis Partridge y Emily Fairn en los roles centrales, y los completa con Fionn O'Shea, Jack Gleeson, Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly, entre otros. Es un reparto pensado para sostener el peso de una historia donde cada gesto en la mesa familiar puede cambiar el destino de una empresa que, conviene recordarlo, sigue siendo una de las marcas más reconocidas del mundo cervecero.

Family Business

Knight tiene una marca registrada: construir universos de época donde las luchas de clase conviven con los lazos familiares más intricados y donde la violencia del poder se mete en la mesa del comedor. La casa Guinness se inscribe en esa línea, porque usa el origen del imperio como excusa para asomarse a lo que pasa puertas adentro cuando hay mucho dinero, mucho apellido y muchas cuentas pendientes. El poder económico de los Guinness queda así expuesto frente a una sociedad irlandesa que estaba en pleno proceso de transformación, y esa tensión entre la fortuna privada y los cambios colectivos le da a la serie una densidad que las ficciones más ligeras rara vez alcanzan.

  • Plataforma: Netflix, con los ocho episodios disponibles desde el estreno.
  • Formato: drama histórico de época, creado por Steven Knight, autor de Peaky Blinders.
  • Punto de partida: Dublin, 1868, la muerte de Benjamin Lee Guinness y el inicio de la disputa entre sus herederos.
  • Elenco central: Anthony Boyle, Luis Partridge y Emily Fairn, junto a Fionn O'Shea, Jack Gleeson, Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly, entre otros.
  • Clave de la trama: las peleas familiares se cruzan con las tensiones sociales y políticas de la Irlanda del siglo XIX.

A mí, que llevo años mirando series con la libreta al lado, me gusta detenerme un momento en esto: contar la historia de una dinastía real, con datos verificables y personajes que existieron, es un terreno donde conviene pisar con cuidado, porque cualquier exageración se nota. Por eso celebro que la apuesta vaya por mostrar el conflicto humano, las lealtades rotas y las ambiciones cruzadas, sin necesidad de inventarse giros absurdos. Cuando una serie histórica confía en que la realidad ya viene cargada de drama, el espectador lo agradece, y se nota.

La casa Guinness se puede ver desde ya en Netflix, con sus ocho episodios pensados para verse de a poco o en una sentada larga, según las ganas y la disponibilidad de cada uno. Si les gustan las sagas familiares con espuelas, el Dublin del siglo XIX y las historias donde el apellido pesa tanto como la cuenta bancaria, esta serie tiene muchas chances de convertirse en su próxima obsesión. Y si la ven, después me cuentan qué les pareció, que siempre sumo recomendaciones para la próxima columna.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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