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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La cocina como punto de partida: una psicóloga pide mirar qué comemos antes de decidir qué nos pasa

Kimberley Wilson sugiere sumar la evaluación nutricional a la consulta de salud mental para entender mejor síntomas de agotamiento, irritabilidad y desgano. La propuesta contempla dieta, descanso, movimiento y, cuando hace falta, psicoterapia y medicación.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 11 d
La cocina como punto de partida: una psicóloga pide mirar qué comemos antes de decidir qué nos pasa

Acá en la casa de Marta, una vecina de 52 años que conozco desde hace años, la conversación arranca en la cocina mientras revuelve una sopa. Me cuenta que viene sintiéndose apagada, con un cansancio que no se le va ni durmiendo ocho horas, y que su hija le dijo que vaya al médico. Antes de pedirle un análisis de sangre, el profesional podría hacer, según la psicóloga Kimberley Wilson, algo tan básico como preguntarle qué comió ayer.

Una propuesta que cruza dos consultorios

Wilson, psicóloga y nutricionista británica, plantea que la evaluación de la salud mental debería incorporar la revisión de la alimentación, el descanso, el consumo de alcohol y otras sustancias, el movimiento corporal y el estrés cotidiano, junto con los antecedentes clínicos y las circunstancias vitales de cada persona. La idea es sencilla de decir y compleja de hacer: identificar qué factores están interviniendo antes de decidir cómo ayudar.

En su planteo, una persona que atravesó situaciones traumáticas puede necesitar un acompañamiento terapéutico especializado. Otra que arrastramente come poco, come mal o tiene una anemia sin tratar puede ver cómo parte de sus síntomas mejoran cuando se corrige esa carencia concreta. La psicoterapia y los medicamentos, aclara, siguen formando parte del abordaje cuando son necesarios. Una cosa no reemplaza a la otra.

Qué nutrientes miraría y por qué

Wilson menciona un grupo de nutrientes que el cerebro necesita para funcionar bien y que, cuando faltan, pueden sumar cansancio, irritabilidad y un desgano en general.

  • Vitaminas B3 y B12, presentes en carnes, huevos, lácteos y legumbres.
  • Zinc y selenio, que se encuentran en carnes magras, frutos secos, semillas y cereales integrales.
  • Omega-3, presentes sobre todo en pescados azules como sardina, salmón y caballa. La recomendación es sumar al menos una porción semanal de pescado azul.
  • Para quienes siguen una alimentación vegetariana ovegana, conviene consultar con un profesional de salud sobre esquemas de suplementación, ya que algunos de estos nutrientes se obtienen principalmente de alimentos de origen animal.

Ahora bien, la propia psicóloga aclara algo que en la consulta muchas veces se pierde de vista: que una deficiencia nutricional no determina por sí sola la aparición de un trastorno mental. Puede agravar el cansancio, la irritabilidad o el bajo estado de ánimo, pero no los explica por completo. Por eso, dice, conviene investigar posibles déficits cuando los síntomas se vuelven persistentes.

De una cárcel de mujeres a la consulta

El interés de Wilson por esta articulación se afianzó durante su trabajo en la prisión de mujeres de Holloway, en Londres. Ahí, según relata, observó dificultades para regular las emociones que aparecían asociadas a carencias alimentarias. También menciona estudios clínicos realizados en cárceles donde la administración de suplementos de micronutrientes se vinculó con una baja de los episodios violentos. Sirve como pista, no como explicación cerrada: la conducta de una persona no se agota en lo que come.

La revisión que propone incluye, además de la dieta, otros puntos que cualquiera de nosotros puede pasar por alto: la calidad del sueño, las horas que pasamos sentados, los conflictos en el trabajo o en la casa, el consumo de sustancias. Y advierte algo clave: modificar la alimentación, dormir mejor o empezar a moverse son cambios que tardan meses en notarse, no días. La paciencia, en estos casos, también es parte del tratamiento.

Antes de despedirnos, vuelvo a la cocina de Marta. Le sugiero que, junto con la consulta médica, anote lo que comió en las últimas dos semanas y cómo durmió cada noche. No es un capricho: es la misma puerta de entrada que sugiere Wilson cuando una persona llega al consultorio diciendo que está cansada, irritable o sin ganas. A veces, la respuesta empieza en el plato.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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