Jueves, 3 de septiembre de 2026
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La cocina de Marta y la última lección del diez: qué se lleva cada chico cuando Messi se va

La salida del capitán de la selección argentina no es solo una despedida del fútbol: es una oportunidad concreta para hablar en familia sobre esfuerzo, error, equipo y amor propio. Un libro escrito por una madre y su hija ya había puesto esos temas sobre la mesa.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 3 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Acá en la cuenca, mientras se cocina el puchero de los domingos, Marta tiene 52 años y una costumbre que no negocia: apenas lavo los platos y se sienta a la mesa con su marido y sus dos hijos, de 9 y 13, pone el noticiero. Esta semana, en lugar de las secciones habituales, se quedó mirando un rato largo a Lionel Messi en pantalla y después dijo algo que me llamó la atención: «Bueno, ahora les toca a ustedes entender qué fue todo esto.» Me lo contó por teléfono, entre risas, y la frase me pareció tan de barrio, tan nuestra, que me la guardé para empezar esta nota. Porque lo que acaba de pasar con el diez no termina en una cancha: empieza, justamente, en las cocinas y en las mesas como la de Marta.

Porque la salida de Messi de la selección argentina es, claro, un hecho deportivo, pero para miles de familias es también una oportunidad concreta de sentarse con los chicos y hablar de cosas que no siempre salen en la sobremesa: la constancia, la manera de bancarse los golpes, el lugar de la familia y hasta el valor de pedir ayuda. Y resulta que esa conversación ya estaba prevista, con bastante anticipación, en un libro que firmaron Verónica de Andrés y Florencia Andrés, madre e hija, y que se llama «¡Messirve!» (Ediciones B). Ellas usaron la figura del rosarino como hilo conductor para ordenar todo lo que un padre, una madre o un abuelo pueden contarles a los más chicos sin que suene a sermón.

Talento sí, pero sobre todo trabajo

Uno de los ejes del libro, y que a mí me parece el más útil para repetir en casa, es la diferencia entre talento y disciplina. Messi dijo en más de una entrevista que ser «un éxito de la noche a la mañana» le llevó 17 años y 114 días. Lo dijo sin dramatismo, casi como quien pasa un dato, y sin embargo esa frase resume algo que a los chicos les cuesta entender: que los resultados visibles tienen una historia invisible atrás, hecha de entrenamientos, de madrugones, de jugar lesionado y de bancarse críticas hasta de los propios hinchas.

  • La diferencia entre talento y disciplina, con el ejemplo de los 17 años y 114 días de Messi.
  • La relación con el error: no siempre ganó ni jugó bien, y eso también se puede conversar.
  • El lugar de la familia como regulador del estado de ánimo y como transmisora de valores.
  • La idea de equipo: sin compañeros, no hay historia individual posible.
  • La manera de pararse frente a la crítica pública y frente al elogio público, que en el caso del diez suele ser desmedido.

Errar, levantarse y volver a jugar

Otro punto que las autoras destacan, y que en mi casa generó charla, es la relación con el error. Messi no ganó siempre: perdió finales, falló penales, tuvo temporadas flojas, recibió cuestionamientos durísimos desde los medios y hasta desde adentro del propio fútbol argentino. Lo que el libro propone no es negar eso, sino justamente usarlo como punto de partida para explicarles a los chicos que la excelencia no es perfección, sino la pregunta de cómo se mejora la próxima vez. A mí me sirve, y creo que a Marta también, porque muchas veces les pedimos a los hijos que no se equivoquen nunca, cuando lo razonable es acompañarlos a ver qué se aprende del tropiezo.

Está también el vínculo con la familia, que Messi repitió cada vez que pudo a lo largo de los años. Mencionó a su mujer y a sus hijos como reguladores de su estado de ánimo, y describió a sus padres como quienes le inculcaron, con esa frase corta que se vuelve enorme, que «no todo da igual». Es una frase que cualquier adulto puede repetir en la mesa y que, justamente por no ser solemne, a los chicos les entra. Y aparece, finalmente, la cuestión del equipo: Messi insistió siempre en que sin sus compañeros no habría logrado nada. Para un chico que juega al fútbol en la placita del barrio, o que integra un grupo de estudio o un equipo de trabajo, esa idea tiene un peso enorme y muy concreto, acá en la cuenca y en cualquier otro rincón del país.

Ahora bien, la despedida cierra un ciclo largo y para las familias que lo siguieron durante más de una década se abre una pregunta que nosotros, como padres y como adultos cercanos, no podemos dejar pasar: qué quedó de todo esto más allá del resultado final, qué valor de los que demostró Messi nos parece más útil transmitirles a nuestros hijos. Volví a llamar a Marta para saber cómo había seguido la conversación en su casa. Me dijo que el más chico le preguntó si Messi lloraba cuando perdía, y que ella le contestó que sí, y que eso no le había impedido volver a jugar nunca. Me pareció una de las mejores respuestas que escuché esta semana. Y me parece, también, la mejor manera de cerrar esta nota: con la misma persona con la que la empecé, sentada en la cocina, con el tenedor todavía en la mano, dejándole a sus hijos una enseñanza que no se gastará con el próximo partido.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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