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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La extraordinaria playlist de Zoey: cuando las emociones se cantan a gritos y nadie se atreve a decirlas

La serie de dos temporadas convierte los sentimientos más íntimos de sus personajes en números musicales que mezclan comedia romántica, fantasía y los vínculos familiares más profundos, con un repertorio que va de The Beatles a Taylor Swift.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 21 d
La extraordinaria playlist de Zoey: cuando las emociones se cantan a gritos y nadie se atreve a decirlas

Hay una zona del corazón donde las palabras se agotan y todavía queda algo por decir, y a veces ese algo aparece disfrazado de canción, en una melodía que alguien tararea como si nada y que en realidad está gritando lo que la boca no se anima a pronunciar. Esa es, ni más ni menos, la invitación que nos hace La extraordinaria playlist de Zoey, una serie que durante dos temporadas se tomó el trabajo de convertir las emociones más escondidas de sus personajes en número musical tras número musical, y que a mí, espectador ya entrado en años, me reconcilió con la idea de que un guion puede tomarse en serio las canciones sin que eso suene a capricho.

Antes de meternos en la historia conviene hacerle justicia al espacio donde ocurre, porque la serie se mueve entre la sala de oficina donde Zoey Clarke intenta sobrevivir a su jefe, el departamento compartido donde convive con vecinos que se vuelven casi familia, y sobre todo las calles de una ciudad que parece sacada de una comedia romántica clásica, con esa luz cálida que invita a que las cosas pasen y al mismo tiempo duelan. Esa geografía cotidiana, tan reconocible, es el galpón donde se monta el verdadero espectáculo: las canciones no irrumpen en un escenario ajeno, sino en la fila del supermercado, en la cocina familiar, en la sala de espera del hospital.

Something (de los confines del corazón)

En el centro de todo está Zoey, una chica que después de un episodio extraño empieza a escuchar las emociones más profundas de quienes la rodean como si fueran canciones, desde los deseos que un amigo no se atreve a confesar hasta los miedos de su madre, pasando por las inseguridades de su jefa y, claro, los laberintos sentimentales de los hombres que se le cruzan. Esa habilidad inesperada es la mecha que enciende la serie, porque le permite a la protagonista acceder a una intimidad ajena que normalmente permanece oculta, y a nosotros como espectadores nos regala números musicales que aterrizan en mitad de la conversación, sin pedir permiso, para contar lo que las palabras se callan.

El repertorio que arma la producción es una declaración de principios: hay lugar para The Beatles y para Queen, para Cyndi Lauper y Taylor Swift, para Billy Joel y David Bowie, y esa variedad no es un capricho de playlist sino una manera inteligente de decir que cada emoción tiene su tono justo. Por eso las canciones atraviesan situaciones cómicas y momentos de dolor con la misma naturalidad, porque lo que se canta es lo mismo que se siente: amor, bronca, vergüenza, ternura, ese miedo concreto de perder a alguien querido y esa dificultad enorme de acompañar a quien la está pasando mal aunque uno sepa exactamente qué le pasa por dentro.

Lo más interesante de la propuesta es que la serie no promete soluciones mágicas: saber qué siente el otro no le entrega a Zoey la respuesta automática sobre cómo ayudarlo, y eso la vuelve profundamente humana, porque cualquiera que haya criado hijos, acompañado a un padre enfermo o querido en serio a un amigo sabe que entender el sentimiento del otro no alcanza, y que a veces lo más difícil es decidir qué hacer con esa información. La extraordinaria playlist de Zoey se hace cargo de esa limitación con honestidad, y por eso los números musicales nunca se sienten como un atajo, sino como una forma más justa, más poética, de poner en palabras lo que en palabras no entra, que es exactamente lo que el buen periodismo intenta hacer todos los días, aunque sin banda sonora.

Where Words End, Music Begins

Las dos temporadas están disponibles en plataformas de streaming, y les recomiendo especialmente esta serie a quienes busquen una historia corta, bien contada, con canciones que ya conocen de toda la vida y un grupo de personajes a los que uno termina queriendo como si los hubiera cruzado en la verdulería del barrio. Para quien quiera ir: la serie se puede ver en Star+ y también forma parte del catálogo de Peacock, lo que la deja al alcance de una suscripción compartida. ¿Qué lugar les dan ustedes a las canciones a la hora de elegir una serie para el finde?

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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