La huerta, el balcón y la ventana: el recetario casero que el INTA avala para espantar plagas sin químicos
Con la primavera llegan los hongos y en el verano se desatan los insectos y los ácaros. Una recorrida por las preparaciones que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria recomienda para jardines y huertas hogareñas: ortiga fermentada, ajo con alcohol, cáscaras de naranja y de cebolla, entre otras. Simples, baratas y a base de ingredientes que casi siempre ya están en la cocina.
Acá en la cuenca, doña Elsa tiene 63 años y atiende ella sola el jardín de su casa de toda la vida, ese que mira al patio de tierra y a la galería donde cuelga los rábanos y la menta. “Yo siempre digo que la huerta te enseña a escuchar —me cuenta mientras apoya la olla en la hornalla—. Antes les tiraba cualquier cosa a las plantas, hoy les hablo y miro antes de decidir qué hacer”. Eso, traducido al idioma del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), se llama manejo preventivo: entender que con la llegada de la primavera se disparan los hongos, porque el calor y la humedad suelen llegar juntos, y que en el verano, cuando el ambiente se vuelve más seco, lo que se multiplican son los insectos y los ácaros, que además encuentran más frutos para alimentarse. Y que, para mantener esas poblaciones a raya sin necesidad de salir corriendo a comprar productos químicos de los fuertes, existen recetas caseras que cualquiera puede preparar en la cocina.
Antes de meternos de lleno en el recetario, conviene tener claras tres reglas que el INTA repite y que nosotros, que ya nos quemamos alguna vez con la sartén mal puesta, aprendimos a respetar: usar siempre recipientes de plástico, vidrio o cerámica, porque los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta; preparar los macerados en un lugar ventilado y sin luz solar directa, porque el sol directo arruina muchas de estas mezclas; y colar muy bien el líquido antes de pulverizarlo, para no tapar la boquilla del rociador y terminar con más bronca que soluciones. Son tres pasos simples, pero marcan la diferencia entre un preparado que funciona y uno que queda dando vueltas en la heladera sin que nadie lo use.
Las recetas que sirven para casi todos los jardines
- Purín fermentado de ortiga: un kilo de ortiga fresca (o entre 100 y 200 gramos si está seca) en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de aplicarlo, se diluye en la misma cantidad de agua. Controla pulgones y hongos, y de paso le aporta nutrientes al suelo. Eso sí: conviene manipularla con guantes, porque la ortiga no tiene ninguna amabilidad con las manos desprevenidas.
- Macerado concentrado de ajo con alcohol: una cabeza entera de ajo licuada con medio litro de agua y medio litro de alcohol. Se deja siete días en la heladera, se cuela y, al momento de usarlo, se diluyen 100 mililitros por litro de agua, con un poquito de jabón blanco neutro como adherente. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos, y tiene la ventaja extra de que la cocina queda oliendo a restaurante italiano durante una semana entera.
- Cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos. Sirve para pulgones y cochinillas, y tiene el atractivo de ser probablemente la receta más barata del listado, porque aprovecha lo que de otro modo iría directo a la basura.
- Cebolla en reposo: se dejan dos o tres cebollas medianas en agua hirviente hasta 48 horas. Se cuela y se pulveriza. Funciona contra pulgones y hongos, y es de esas preparaciones que uno puede empezar un domingo a la mañana y aplicar el martes sin haber gastado casi nada.
- Infusión de ruda y salvia: en proporciones iguales, se prepara como un té común. Sirve para controlar pulgones y tiene la particularidad de que no necesita fermentación, así que es la opción ideal para los más ansiosos.
El INTA aclara algo que a veces se pierde de vista y que vale la pena repetir: estos preparados no vienen a reemplazar a los productos químicos cuando el ataque es severo, sino que funcionan especialmente bien como prevención y en los primeros estadios del problema. Dicho de otro modo: son el modo que tenemos los que cuidamos una huerta chica de no vivir pendiente del pulgón, sin tener que salir corriendo a comprar algo más agresivo cada vez que aparece una mancha rara en una hoja de zapallo. Son, además, la manera de enseñarle a la propia familia que la solución no siempre está en el estante del agroquímico, sino mucho más cerca, en la propia cocina o en la huerta del vecino.
“Yo antes les tiraba cualquier cosa a las plantas, hoy les hablo y miro antes de decidir qué hacer. Con estas recetas aprendí que con lo que tengo en casa alcanza, nada más hay que tener paciencia y no apurarse.”Elsa, vecina de la cuenca, 63 años
Vuelvo a pensar en doña Elsa, parada en su cocina con la olla lista y los guantes puestos para cortar la ortiga, y me parece que su manera de explicar las cosas termina diciendo algo que el INTA no siempre pone en sus manuales pero que está en el fondo de cada receta: cuidar un jardín, hacerlo en casa, con lo que hay, mirando antes de actuar y hablando con las plantas como quien conversa con una vecina, es una forma de vincularse con el lugar donde uno vive que no necesita grandes inversiones ni productos importados. Acá en la cuenca, donde la primavera se anuncia con olor a jazmín y el verano con el zumbido de los bichos, alcanza con una olla, un balde, un poco de ortiga y muchas ganas de probar.
