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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La marea silenciosa de los gatos en las cocinas porteñas: por qué cada vez más argentinos eligen compartir el departamento con un felino

Un relevamiento de la consultora Voices muestra que la presencia de gatos en los hogares argentinos prácticamente se iguala con la de los perros. Especialistas y voluntarios del refugio Proyecto 4 Patas cuentan qué hay detrás de esa convivencia y qué necesita un gato para vivir bien entre cuatro paredes.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 30 d
La marea silenciosa de los gatos en las cocinas porteñas: por qué cada vez más argentinos eligen compartir el departamento con un felino

Acá en la cuenca, en una cocina chica donde el café se corta apenas empieza a hervir, Marta, vecina de toda la vida, me mira con esa mezcla de orgullo y confusión que conozco bien en el barrio. Tiene 58 años, dos hijos grandes que se fueron a estudiar a La Plata y, desde hace seis meses, un gato atigrado que duerme encima de la heladera. Hasta el año pasado, Marta decía, como tantos, que los gatos son independientes y que casi no se notan en la casa. Hoy me asegura que la cambiaron las rutinas, que la vuelven a ordenar el día y que, sobre todo, le hacen compañía cuando el departamento queda en silencio después de las diez de la noche. Esa escena se repite, con otros nombres y otros barrios, en una parte cada vez mayor de los hogares argentinos.

Según la consultora Voices, entre los encuestados argentinos que tenían mascotas, la presencia de gatos pasó del 40% en 2018 al 52% en 2026. Los perros siguen siendo mayoría, pero su proporción descendió del 88% al 83% en el mismo período. No es un dato menor: en apenas ocho años, los felinos dejaron de ser la opción secundaria para convertirse en casi un empate técnico con los canes en los hogares que conviven con algún animal.

Departamentos más chicos, vidas más solas

El crecimiento de la población felina no ocurre en el vacío. El Censo 2022 registró que en la Ciudad de Buenos Aires cerca del 40% de los hogares están integrados por una sola persona y que casi tres cuartas partes de las viviendas particulares son departamentos. Son dos datos que, leídos en conjunto, dibujan un mapa muy concreto: más gente viviendo sola, en espacios reducidos, con jornadas laborales que muchas veces se extienden hasta entrada la tarde.

“Los gatos se adaptan bien a personas que trabajan muchas horas y a espacios chicos. Eso ayuda a entender por qué son elegidos, aunque no significa que puedan prescindir del vínculo cotidiano.”Silvina Muñiz, presidenta de AVEACA

Para nosotros, que recorremos protectoras y consultorios, esa frase de Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina, ordena buena parte del fenómeno. El gato entra en la rutina sin pedir paseos a las siete de la mañana, tolera mejor la soledad moderada y se adapta a vivir en ambientes verticales. Pero la adaptación no equivale a la autosuficiencia: los especialistas insisten en que la interacción diaria sigue siendo parte central de su bienestar.

La palabra del refugio y de los que comparten el día a día

En Proyecto 4 Patas, el refugio que trabaja en la zona con gatos rescatados, remarcan que esa autonomía no elimina la necesidad de compañía. Fernanda Lazzarino, voluntaria de la organización, explica que durante la última década perdió fuerza la idea de que los gatos son necesariamente distantes o incapaces de adaptarse a una casa. Entre los tres y los cuatro meses existe una etapa clave para que los gatos callejeros se familiaricen con las personas. Después, construir confianza sigue siendo posible, aunque puede demandar más dedicación y paciencia.

“Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien. Limón me espera cuando llego y se nota cuando no estoy. Uno cree que pasa, pero no pasa nunca.”Alejandro, 27 años, conviviente con un gato en departamento

Cuando vuelvo a la cocina de Marta y sirvo dos tazas, ella me cuenta que el gato ya tiene nombre, lugar en la mesa y una rutina propia. Me dice que antes le daba vergüenza decirlo, como si admitir que le hacía bien un animal que “no da trabajo” fuera menos válido que tener un perro. Hoy ya no le importa. Mientras tanto, las cifras siguen corriendo: los gatos dejaron de ser el secreto mejor guardado de muchos hogares argentinos y se ganaron, en silencio, un lugar propio en la vida cotidiana del país.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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