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La memoria como campo de batalla: Graham Yost cuenta cómo se reinventó "Silo" en su tercera temporada

El showrunner de la distopía de Apple TV+ explica por qué borraron los recuerdos de Juliette, cómo convencieron al autor Hugh Howey de tomar distancia de los libros y por qué cree que hasta los villanos pueden redimirse. Una charla a fondo sobre los engranajes creativos de una de las series de ciencia ficción más comentadas del momento.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Les confieso algo antes de meternos en harina: arranqué esta nota con la sensación de estar pisando el umbral de un galpón enorme, de esos donde la luz entra por las claraboyas y uno todavía no sabe qué espectáculo va a encontrar adentro. Porque hablar de "Silo" es, en cierto modo, entrar a un galpón: un lugar cerrado, con reglas propias, con capas y capas de óxido y de silencio, donde lo que parece una pared puede ser una puerta y lo que parece un olvido puede ser una decisión política. Y eso es exactamente lo que la tercera temporada de la serie de Apple TV+ puso sobre la mesa: que la memoria, en ese mundo, no es un archivo personal sino un territorio en disputa. Para discutirlo, me senté (figuradamente, claro está) con las palabras de Graham Yost, el showrunner que viene conduciendo esta nave desde hace varias temporadas y que en esta entrega se animó a uno de los movimientos más arriesgados que una adaptación puede hacer: tomar distancia del material original sin pedir permiso, pero con el consentimiento del autor.

Yost es un tipo que viene del lejano oeste ("Justified", varias temporadas de esa joyita que muchos recordamos en su momento) y que conoce el truco de hacer que los silencios digan tanto como los diálogos. Pero acá el silencio es literal: es el silencio de una generación a la que le borraron los recuerdos hace 140 años. Esa es la regla de oro del Silo 18, el pueblo vertical donde vive Juliette Nichols, la protagonista que Rebecca Ferguson carga sobre los hombros con esa mezcla de fragilidad y acero que la actriz sueca sabe dosificar como pocas. En la tercera temporada, las autoridades del silo ya no pueden matar a Juliette porque es demasiado popular entre los vecinos. Entonces, ¿qué hacen? Le borran la memoria. Y a partir de ahí, la serie entera se convierte en una pregunta: ¿quién sos cuando te sacan los recuerdos? ¿Y quién decide qué versión de vos queda?

Un punto de partida llamado Troy

La chispa que encendió todo, según Yost, no fue una idea original del equipo de guionistas sino un personaje que ya existía en los libros de Hugh Howey, el autor de la trilogía que dio origen a la serie. Se llama Daniel y aparece en la historia original como un hombre que despierta de la criosuspensión convencido de que su nombre es Troy. Es un detalle chico, casi un juego narrativo, pero fue la llave que abrió la puerta de toda la temporada. "El control de la memoria es una parte fundamental de este proyecto", dice Yost con la tranquilidad de quien sabe que está tocando uno de los nervios centrales de la historia. "Sabemos que en el Silo 18 prácticamente borraron los recuerdos de todos hace 140 años." Esa constatación, casi obvia una vez que uno se pone a pensar, es la que empujó a los guionistas a preguntarse qué pasaría si le aplicaran esa misma lógica a la protagonista. Y de ahí a la trama central de la temporada hay un paso.

Cuando los villanos también tienen argumentos

Acá viene uno de los tramos que más me interesa, porque toca un tema que a mí, particularmente, me tira de la galera cada vez que lo escucho: la idea de que los malos de la historia no son tan malos, o al menos no siempre saben que lo son. Yost lo dice sin rodeos: "Las personas pueden redimirse. Incluso las personas que han hecho cosas malas, en muchos casos, no sabían que eran los malos." La frase es de esas que merecen ser subrayadas con marcador, porque rompe con la lógica binaria de buena parte de la ficción serializada. Bernard y Sims, los antagonistas que en las primeras temporadas funcionaban como figuras francamente amenazantes, en esta entrega descubren que el Silo Uno, la autoridad superior, puede destruirlos en cualquier momento. ¿Qué hacen con esa verdad? ¿La comparten con el resto de los habitantes? ¿La usan como moneda de cambio? ¿Se vuelven a alinear con el poder de turno o finalmente eligen cambiar de bando? La serie no los condena a ser villanos de manual. Les da la oportunidad de dudar, de equivocarse, y eventualmente, de redimirse. Es un enfoque que a mí, particularmente, me resulta mucho más interesante que el de los antagonistas de cartón pintado a los que estamos tan acostumbradísimos.

Howey, el autor que creció en el fanfic

Otro de los puntos altos de la charla tiene que ver con la relación entre la serie y los libros de Hugh Howey, que es justamente la materia que a veces genera ruido entre los lectores más fieles. La tercera temporada cubre el segundo volumen de la trilogía, "Shift", en el que la Juliette original prácticamente no aparece hasta el final. Eso obligó al equipo a construirle una historia propia a la protagonista, algo que en otras adaptaciones hubiera generado un cisma. Pero acá no, porque Howey, según cuenta Yost, viene del mundo del fanfic, de esa cultura donde reinterpretar los materiales de origen es parte del juego. Howey arrancó publicando su primera historia en Amazon, en formato digital, y se fue construyendo ahí, en ese ecosistema donde la frontera entre autor y lector es más porosa. "Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia", resume Yost. Y esa es, a mi entender, la mejor forma de entender esta serie: no como una traducción literal de los libros sino como una conversación entre el autor original, los guionistas y el público, una conversación que todavía está abierta y que probablemente seguirá abierta durante varias temporadas más.

¿Se puede ir a ver algo de todo esto? Sí, claro que se puede: la tercera temporada de "Silo" ya está disponible en la plataforma Apple TV+, con sus diez episodios listos para maratonear. Si todavía no vieron las dos anteriores, les sugiero arrancar por ahí, porque esta entrega no funciona sin el contexto de lo que vino antes. Y si ya están al día, les aviso que la conversación no terminó: la serie ya fue renovada, así que lo que Yost y su equipo están construyendo en ese galpón vertical todavía tiene varias puertas por abrir.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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