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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La mesa de las siete y media: por qué muchos chicos llegan al colegio con el estómago vacío

Una revisión de estudios volvió a poner el foco en la primera comida del día y su vínculo con el rendimiento escolar. En los hogares de la cuenca, donde las mañanas empiezan con la pava en el fuego, la pelea contra el reloj muchas veces se gana dejando todo listo la noche anterior.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 28 d
La mesa de las siete y media: por qué muchos chicos llegan al colegio con el estómago vacío

Acá en la cuenca, las cocinas empiezan a prenderse mucho antes de que salga el sol. Mientras la pava chifla y la radio queda bajita en la mesada, en varias casas se libra una pelea silenciosa: la de armar un desayuno en serio antes de que los chicos tengan que cruzar la puerta con la mochila a cuestas. Yo lo veo cada mañana, cuando paso por la esquina y me cruzo a Marta, que tiene 52 años y dos nietas que van a la primaria del barrio. Ella me lo dice sin vueltas, casi como una queja vieja: «Si no lo dejás todo listo, el apuro se come el desayuno, y los chicos arrancan la escuela con el estómago vacío y la cabeza en otra parte».

Lo que dice la ciencia, y lo que no

Lo que dice la ciencia, y lo que no

Una revisión sistemática que reunió 45 estudios encontró que desayunar puede mejorar la atención, la memoria y la llamada función ejecutiva, es decir, la capacidad de organizarse, planificar y resolver problemas, comparando con seguir en ayunas. Los resultados no fueron iguales en todos los trabajos y dependieron del tipo de prueba y de las características de los participantes. Los beneficios aparecieron con más frecuencia cuando había chicos con alimentación insuficiente o con desnutrición.

En paralelo, un análisis de 24 investigaciones observacionales asoció saltarse el desayuno con un mayor riesgo de obtener un desempeño académico bajo. Hay que leerlo con cuidado, porque esa asociación no demuestra que no desayunar provoque malas calificaciones. También pueden influir el descanso nocturno, la situación económica del hogar, la calidad general de la alimentación y hasta las rutinas de estudio. La evidencia, por ahora, no alcanza para definir un desayuno ideal ni para asegurar que los programas escolares que incentivan esa comida tengan efectos sostenidos.

Qué propone la dietista para que no quede en la buena intención

Qué propone la dietista para que no quede en la buena intención

Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children’s, es de la idea de que la clave está en preparar lo más posible la noche anterior. En la conversación que mantuvo con el medio especializado, ella lo explica de un modo que en casa de Marta suena conocido: si la mañana empieza con todo resuelto, las chances de que alguien termine sentándose a la mesa sin comer se achican bastante.

  • Avena remojada lista para servir, que se puede combinar con fruta y un puñado de frutos secos.
  • Huevos ya hervidos y guardados en la heladera, para comer solos o pasados por la panquequera con una tostada integral.
  • Fruta lavada y cortada, guardada en un recipiente a la vista para que los chicos la agarren al pasar.
  • Yogur griego con granola de bajo azúcar, una opción rápida cuando no hay tiempo ni para hervir la pava.
  • Sándwiches de huevo que se pueden freezar y calentar a último momento, una alternativa pensada para freezer y microondas.

Para Hyland, la combinación que mejor funciona es la que reúne proteínas y fibra, porque ayuda a sostener la saciedad y a evitar que el hambre vuelva a aparecer a media mañana. Algunos ejemplos concretos que ella menciona: un huevo con una tostada integral, un cereal integral con leche y fruta, o el clásico yogur griego con granola. La elección, aclara, depende de los gustos, la edad y el tiempo que haya en cada casa.

La especialista también pide bajar el consumo de opciones muy azucaradas, porque suelen dejar hambre al poco rato y provocar un descenso de energía después. Y remarca algo que muchos damos por sentado: las necesidades de proteína de los más chicos no son iguales para todos, así que conviene consultar con el pediatra o con un nutricionista antes de buscar metas en los manuales.

Después del ayuno nocturno, explica Hyland, es habitual que aparezcan cansancio, menor claridad para pensar y hasta cierta lentitud física. Por eso, armar la primera comida con tiempo es, en buena medida, una forma de cuidar el resto de la jornada. Cuando la noche anterior se deja la mesa puesta, la avena en la heladera y la fruta ya lavada, la mañana cambia de color: deja de ser una carrera contra el reloj y vuelve a ser lo que era en la casa de la abuela, un momento de la casa donde todavía hay tiempo para mirarse a los ojos antes de salir.

“Si no lo dejás todo listo, el apuro se come el desayuno, y los chicos arrancan la escuela con el estómago vacío y la cabeza en otra parte.”Marta, vecina del barrio, 52 años
GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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