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La mesa que alarga la vida según un estudio sueco: por qué la dieta nórdica no es solo moda y qué se puede llevar a la cocina de casa

Un relevamiento sobre 64.406 adultos en Suecia asoció un patrón basado en vegetales, legumbres, cereales integrales y pescado con una mortalidad levemente menor, aunque los autores aclaran que no se trata de un ensayo clínico y que el hallazgo no se replicó en complicaciones hepáticas graves.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 7 d
La mesa que alarga la vida según un estudio sueco: por qué la dieta nórdica no es solo moda y qué se puede llevar a la cocina de casa

Vuelvo a la cocina de siempre, esa que tiene la mesada de mármol gastado y la ventana que da al patio de Baldovinos. Ahí está Elena, 63, revolviendo un guiso de lentejas con zanahoria y un hilo de aceite. "Yo no sé qué es la dieta nórdica, chefa", me dice con esa sinceridad que tenemos acá en la cuenca del Plata. "Pero si me decís que comer más legumbres y dejar la factura de la tarde me puede dar un par de años más, ya estoy haciendo mitad del camino." Elena, como miles de vecinos de entre 40 y 60 años, resume sin saberlo el corazón de un estudio que acaban de publicar universidades de Dinamarca y Suecia.

Qué dice el trabajo y sobre quiénes

El análisis, encabezado por investigadoras e investigadores de la Universidad de Aarhus y de la Universidad de Upsala, siguió a 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad entre 1997 y 2019. Los autores no probaron una dieta nueva ni armaron un ensayo clínico: tomaron la información ya relevada y simularon, con modelos estadísticos, qué habría pasado si esos adultos hubieran adoptado distintos patrones de alimentación a lo largo de 24 años.

La pauta que más les interesó se llama dieta nórdica saludable. Es un modelo nacido en los países escandinavos que pone en el centro vegetales, legumbres, cereales integrales, frutas, frutos secos, pescado y grasas insaturadas como el aceite de canola, y al mismo tiempo baja el consumo de carnes procesadas, ultraprocesados, azúcares añadidos y fuentes de grasas saturadas como la manteca y la bollería industrial.

  • Vegetales: legumbres, verduras de estación, frutas locales y bayas.
  • Cereales integrales: avena, pan integral, centeno, arroz integral.
  • Proteínas: pescado varias veces por semana y cantidades moderadas de carnes magras.
  • Grasas insaturadas: aceite de canola, de oliva o de girasol en lugar de manteca.
  • Reducción de: embutidos, snacks de paquete, gaseosas, facturas y productos con abundante azúcar.

Cuando los autores compararon el escenario de adherencia estricta con las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023, el riesgo estimado de muerte por cualquier causa fue un 4 por ciento menor. Frente al escenario sin ninguna intervención alimentaria, la diferencia estimada llegó al 6 por ciento. Son cifras que llaman la atención, pero que los investigadores piden leer con cautela.

Por qué no es para tirar cohetes ni para desconfiar

El propio equipo aclara que los participantes no fueron divididos al azar entre distintas dietas, como ocurre en un ensayo clínico clásico. Lo que hicieron fue un ejercicio estadístico llamado modelado de escenarios hipotéticos, que depende de supuestos. Por ejemplo, asume que no hay otros factores relevantes no medidos que expliquen parte de la asociación. Es una limitación común en este tipo de estudios, que suelen observar tendencias pero no probar relaciones de causa y efecto.

Además, el objetivo principal del trabajo era ver si la dieta nórdica saludable reducía las complicaciones hepáticas graves, y en ese punto no apareció una diferencia estadísticamente clara. O sea: el hallazgo más sólido fue el de mortalidad general, no el de hígado. Eso no anula el resultado, pero lo pone en su lugar.

“En términos llanos: comer más lentejas, más avena, más verduras de estación y más pescado no hace milagros, pero se asocia con un riesgo un poco más bajo de morir por cualquier causa. Lo que el estudio no puede decir es que esa dieta, por sí sola, prolongue la vida.”Lectura del estudio de las universidades de Aarhus y Upsala

La buena noticia, como le dije a Elena mientras le servía un segundo plato, es que este patrón se puede adaptar a lo que conseguimos en la verdulería del barrio. No hace falta comer centeno escandinavo ni salmón del Báltico. Sí alcanza con reemplazar el pan blanco por integral o de salvado, sumar lentejas, garbanzos o porotos al menos dos veces por semana, llenar el carrito de manzana, pera, banana y las verduras de estación que estén baratas, y dejar el pescado enlatado como un recurso habitual cuando el fresco queda lejos del presupuesto. El aceite de canola es una opción, pero también sirven el de oliva y el de girasol, todos ricos en grasas insaturadas.

Para nosotros, que vivimos en una región bendecida por la producción de cereales, carnes y frutas, la propuesta nórdica es más bien una invitación a ordenar lo que ya tenemos a mano. Es volver a la cocina de la abuela, con menos factura de media tarde y más olla al fuego. Como me dijo Elena cuando le conté los números del estudio, mientras guardaba el repasador: "Mirá vos, al final mi vieja tenía razón con las lentejas del lunes". En esa frase está, tal vez, la mejor síntesis de lo que nos dice la ciencia sueca.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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