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La mitad de nosotros camina con una llave rota: qué pasa cuando el cuerpo no puede abrir el folato

Una variante genética muy común impide convertir el ácido fólico en su forma útil. Ansiedad, problemas de atención y complicaciones en el embarazo pueden tener ese origen, y el arreglo es más sencillo de lo que parece.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 d

A veces la conversación empieza en una cocina, con una pava que silba y una vecina que se sienta a contar lo que le cuesta dormir, lo que le cuesta enfocarse, lo que le costó llegar a término con su último embarazo. Marta tiene 52 años y vive a tres cuadras de acá en la cuenca, y me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Yo tomo ácido fólico desde chica porque me lo recetaron siempre, y sin embargo los análisis me dan bajos". Esa frase, que parece un capricho del cuerpo, tiene nombre y apellido: se llama variante del gen MTHFR, y según la evidencia disponible la carga encima cerca del 46 por ciento de la población mundial. O sea, casi uno de cada dos.

Una puerta que no abre

El gen MTHFR, cuyo nombre completo es metilentetrahidrofolato reductasa, cumple una función muy puntual: se encarga de transformar el folato en su forma activa, la que el organismo realmente puede usar. Cuando ese gen tiene una variante común, esa transformación falla. El cuerpo recibe el folato o el ácido fólico, lo tiene ahí, pero no logra abrirlo. Y el resultado es un déficit que aparece igual aunque la persona coma bien o se tome su suplemento todas las mañanas.

“Las personas no están rotas, simplemente tienen una deficiencia.”Gary Brecka, especialista en biología humana

Lo que nosotros vemos del lado de afuera suele ser otra cosa: ansiedad que no cede con nada, dificultad para sostener la atención, hiperactividad, embarazos que se interrumpen sin causa aparente. Síntomas que raramente se asocian con un origen genético tratable, y que por eso terminan etiquetados como stress, como problema de crianza, como mala suerte. Por eso cuesta tanto llegar al diagnóstico, y por eso cuesta tanto que alguien lo nombre.

El ajuste, que es simple pero no es cualquier cosa

  • Reemplazar el ácido fólico por metilfolato, también conocido como 5-MTHF, que es la forma biodisponible y no necesita conversión.
  • Elegir vitaminas prenatales con la versión metilada cuando la mujer en etapa gestacional tiene la variante.
  • Prestar atención al ácido fólico que llega escondido en panes, harinas, cereales y pastas, porque desde 1993 varios gobiernos obligan a fortificar esos productos y para nosotros puede ser un nutriente que se acumula sin procesarse.
  • Recordar que el folato natural de los alimentos y el ácido fólico de laboratorio no son lo mismo: el primero lo aprovechamos, el segundo puede quedar dando vueltas.

Ahora, hay un capítulo paralelo que también nos toca de cerca y que conviene no dejar afuera: la vitamina D3. El rango clínico que los laboratorios marcan como normal va de 30 a 100 nanogramas por decilitro, pero estar en 30 es, en la práctica, estar deficientes. La evidencia disponible asocia el menor riesgo de ciertas enfermedades, entre ellas cáncer de mama en mujeres, con niveles ubicados entre 60 y 80 nanogramos por decilitro. La recomendación mínima, incluso para quienes toman sol con regularidad, ronda las 5.000 unidades internacionales por día.

Y acá viene un detalle que se omite casi siempre: la D3 no se toma sola. Funciona como una molécula que transporta calcio, pero es la vitamina K2 la que decide dónde termina ese calcio: si llega al hueso, donde lo queremos, o si se deposita en las arterias, donde no lo queremos jamás. Por eso el par D3 más K2 es el que tiene sentido biológico, y no la D3 como una bala perdida en una cápsula solitaria. A Marta le dije todo esto mirándola a los ojos, mientras ella revolvía el mate con la cuchara, y me respondió lo que siempre me responde la gente cuando entiende algo que le cambia el mapa: "Ahora tengo que ir a pedir el análisis". Nosotros, acá en la cuenca, vamos a estar atentos a lo que le digan.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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