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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La sangre vuelve a subir: Flanagan se anima con Carrie y le da ocho capítulos para desangrarse lento

Summer H. Howell se pone en la piel de la chica más castigada de King en una miniserie que llega a Prime Video el 7 de octubre y que se permite mirar de frente el acoso digital, las familias y el pasillo de una escuela como si fuera un campo minado.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 9 d
La sangre vuelve a subir: Flanagan se anima con Carrie y le da ocho capítulos para desangrarse lento

Les cuento de entrada que a mí esta noticia me agarró con la luz justa de la pantalla y un café que se estaba enfriando, porque cada vez que alguien anuncia una nueva versión de Carrie uno se prepara para lo peor: para la foto posada, para la chica gritando en el baño, para el balde de sangre que ya vimos cien veces. Pero esta vez el movimiento me llamó la atención por una cuestión de tiempo y de paciencia, que suele ser lo que más falta en las adaptaciones. Mike Flanagan, que ya se había bancado llevar al cine El juego de Gerald y Doctor Sleep, y que en televisión se lució con La maldición de Hill House y Misa de medianoche, decidió estirar la novela de Stephen King hasta convertirla en una miniserie de ocho episodios para Prime Video, con estreno previsto para el 7 de octubre, y eso, en el fondo, cambia la conversación.

Antes de meterme en el elenco y en lo que se viene, vale la pena imaginar la sala de un departamento cualquiera de Buenos Aires con la persiana a media asta y la tele conectada: Summer H. Howell es la elegida para ponerse en la piel de Carrie White, el personaje que en 1976 Brian De Palma convirtió en mito del terror adolescente y que, en esta nueva lectura, aparece más cercano a una chica de hoy que a una heroína de manual. La acompañan, ya desde el arranque, dos nombres que llaman la atención de cualquier espectador avezado: Amber Midthunder, a quien muchos recordarán de Prey, interpreta a una profesora del instituto Thomas Ewen, y Matthew Lillard, el eterno Urkel adulto de Scream, se calza el traje de director del colegio. Entre las estudiantes del elenco aparecen Alison Thornton y Josie Totah, justamente dos de las jóvenes que forman parte del grupo que acosa a la protagonista, lo que deja claro desde el primer momento que la historia no se va a quedar en el pasillo del colegio: va a meterse en los grupos de WhatsApp, en las cocinas de las casas, en las reuniones de padres y en los despachos de los directivos.

Redes sociales: el pasillo que ya no se apaga

Porque el otro dato fuerte de esta versión, y esto es lo que más me interesa como espectador y como padre de hijos que ya miran el celular con la misma destreza con la que uno mira la pava, es que Flanagan y su equipo decidieron incorporar de lleno el papel de las redes sociales en el acoso escolar. Alison Thornton lo dijo con una frase que me parece clave: para ella, el acoso digital extiende la exposición de las víctimas más allá del horario de clases, porque el teléfono sigue encendido cuando la chica vuelve a su casa, y lo que se filtra en una story o en un video viral termina golpeando también a la familia y al barrio. Amber Midthunder, por su parte, completó la idea al señalar que ese entorno online no se queda en la pantalla: condiciona los vínculos, las elecciones y hasta la manera en que los chicos se miran entre ellos. Para mí, ahí está el verdadero corazón de esta Carrie: en la idea de que hoy el hostigamiento no termina cuando suena el timbre, sino que se muda al cuarto de al lado y se queda hasta la madrugada.

Matthew Lillard, en tanto, puso la lupa sobre los adultos: para el actor, los docentes y directivos intentan orientar a los jóvenes mientras cada grupo dentro de la escuela, sean los propios alumnos, las familias o el personal educativo, va tirando para su lado con sus propios intereses, y eso vuelve todo más opaco, más difícil de resolver. Lo rescato porque es una de las grandes discusiones que dejó la novela original de King y que muchas veces las pelis pasaron por alto: la responsabilidad de los que miran desde el escritorio, los que firman el boletín y miran para otro lado. Lillard, además, se permitió una observación que me parece de lo más honesta: sostuvo que la extensión de la miniserie, esos ocho capítulos, ofrecen espacio para explorar a los personajes con otra profundidad y para recuperar secuencias reconocibles del relato con un enfoque más conectado con las experiencias actuales, que es, en definitiva, la mejor forma de defender una adaptación en lugar de un remake calco.

  • La nueva Carrie está protagonizada por Summer H. Howell, con Amber Midthunder y Matthew Lillard como los dos adultos clave de la escuela.
  • La trama incorpora el rol de las redes sociales en el acoso, con Thornton y Midthunder como voceras de ese eje.
  • El elenco joven suma a Alison Thornton y Josie Totah, en papeles ligados al hostigamiento hacia la protagonista.
  • Mike Flanagan ya adaptó a King en El juego de Gerald, Doctor Sleep y La vida de Chuck, y viene del universo de La maldición de Hill House y Misa de medianoche.
  • El formato de miniserie de ocho episodios permite estirar conflictos que la película original dejaba apenas esbozados.

Y hay algo que me cierra personalmente, que es ver a Josie Totah y a la propia Thornton hablar de sus personajes con un margen que no suelen tener los villanos de una película de terror. Totah contó que en esta versión pudo explorar rasgos de su personaje que habían recibido menos atención en las adaptaciones anteriores, y Thornton destacó la búsqueda de las motivaciones detrás de la crueldad de Chris. Me parece un gesto maduro, porque muchas veces al cine de género le cuesta detenerse en por qué alguien elige ser cruel, y ese es, en definitiva, el motor silencioso de la novela de King: la pregunta por qué hacen lo que hacen los que miran, los que empujan y los que festejan desde atrás. Si Flanagan consigue meterle cuerpo y biografía a esas chicas, la serie va a dejar de ser una postal de Halloween para pasar a ser un retrato incómodo de cómo se sostiene, en una escuela y en una familia, una violencia que después explota.

La cita que me llevo a casa, mientras se enfría el café y se enciende el piloto de la notebook, es la de Lillard: a veces, en la vida adulta, se intenta acompañar a los jóvenes mientras cada uno tira para su lado, y eso vuelve todo más opaco. Esa frase podría ser el subtítulo invisible de toda la serie, y también la razón por la que vale la pena sentarse el 7 de octubre frente a Prime Video, con la luz baja, el control en una mano y el teléfono en la otra, para ver cómo Carrie, otra vez, vuelve a sangrar en horario central.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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