La "VTV del amor" según Rolón: cuando la costumbre sostiene lo que el deseo ya no quiere
El psicoanalista y escritor propuso hacer una revisión periódica de los vínculos de pareja, puso el foco en el miedo a la soledad y explicó por qué conseguir lo que se anhela no siempre alcanza para apagar la sensación de que algo falta.
Acá en la cuenca, una mañana de estas, mientras el termo cebaba el segundo mate, escuché a Mabel, mi vecina de toda la vida, que tiene 58 años, decir algo que me quedó dando vueltas: "Yo ya no sé si lo que siento por Raúl es amor o es miedo a quedarme sola". Esa frase, casi sin quererlo, me llevó de cabeza a la entrevista que Gabriel Rolón le dio a Luis Novaresio, donde el psicoanalista y escritor puso en palabras algo que muchos de nosotros arrastramos en silencio: la costumbre, la resignación y el temor a estar sin nadie pueden sostener relaciones que, en el fondo, hacen sufrir. Y nosotros, lejos de animarnos a mirarlo de frente, solemos mirar para otro lado.
Rolón eligió una imagen muy nuestra, bien terrenal, para meter el tema en el cuerpo: la "VTV del amor", esa revisión técnica obligatoria que se le hace al auto cada cierto tiempo. La idea es simple y, al mismo tiempo, incómoda: así como uno lleva el coche al taller para ver si los frenos aguantan o si las cubiertas están gastadas, también habría que detenerse a observar cómo está la pareja, qué partes chirrían y qué se viene aguantando hace años nomás por inercia.
Cuando seguir juntos no es querer sino no animarse a irse
Según contó el psicoanalista, hay gente que sufre porque no logra aceptar aspectos del otro que le desagradan, y hay gente que directamente se resignó y sigue caminando al lado de alguien más por descarte, no por elección. En los dos casos, lo que se sostiene no es el deseo sino el miedo. Y acá aparece uno de los puntos centrales de su planteo: el temor a la soledad puede ser tan fuerte que lleva a mantener un vínculo dañino, como si cualquier compañía, aunque sea dolorosa, fuera mejor que el silencio de un departamento vacío.
Rolón fue clarito al describir lo que siente mucha gente: la compañía de alguien querido da calma, sí, pero no borra del todo la experiencia de estar solo. "Incluso un abrazo puede aliviar lo que una persona siente sin resolverlo por completo", explicó. A mí, si me preguntan, esa frase me parece de las más lúcidas que escuché en los últimos tiempos, porque describe justo lo que vive Mabel: está abrazada y, sin embargo, se siente sola.
“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón
Por qué conseguir lo que queremos no alcanza
Otra de las ideas fuertes que desarrolló Rolón en la charla tiene que ver con la distancia enorme que existe entre alcanzar algo que uno deseó y dejar de sentir que algo falta. Para explicarlo, mencionó búsquedas tan distintas como conseguir un trabajo, alcanzar un éxito, leer un libro, tener un hijo o, justamente, encontrar una pareja. Todas, según su mirada, comparten un rasgo: por más que se cumplan, no eliminan del todo la sensación de vacío.
Esa falta persistente, dijo, está atada a la conciencia de que la vida y los afectos no son permanentes. Y lejos de escaparle al tema, Rolón propuso convivir con esos límites como parte de la experiencia humana. Aplicado a la pareja, su reflexión deja una pregunta que a mí, como a Mabel, me cuesta tragar: cuánto de lo que vivimos al lado del otro responde a lo que realmente queremos, y cuánto a la costumbre o al miedo. Dicen que hacerse esa clase de preguntas es el primer paso; yo creo que es, en realidad, el más difícil.
