Lipnicki, el nene de Jerry Maguire, se animó a lo oscuro: ahora hace de depredador junto a Pattinson
El actor que creció en la pantalla con Tom Cruise y un ratón parlante se metió en el thriller que Robert Pattinson rodó sobre los operativos televisivos contra pedófilos. La película se vio en Venecia, le aplaudieron siete minutos, y él cuenta por qué aceptó desnudarse y dejar atrás la imagen del chico bueno.
Les soy sincero: cuando me crucé con la noticia de que Jonathan Lipnicki, el pibe de los ojos enormes de Jerry Maguire y el protagonista de Stuart Little, se había metido en una película donde interpreta a un pedófilo, lo primero que sentí fue una mezcla de curiosidad y de esa nostalgia rara que nos pega a los que ya pasamos los cuarenta. Porque a Lipnicki lo vimos crecer en pantalla, lo acompañamos desde que tenía seis años y le decía a Tom Cruise que lo iba a convertir en el mejor agente de la historia, y de pronto aparece a los 35, en el Festival de Venecia, recibiendo una ovación de siete minutos por un papel que es todo lo contrario de lo que uno hubiera imaginado para él. Y miren que él mismo lo reconoce, porque dijo, con una franqueza que desarma, que había rezado por un material oscuro, como quien se pasa años esperando que lo llamen para algo que lo saque del molde dulzón que le quedó pegado al cuerpo desde la infancia.
La película se llama Primetime y la dirige Lance Oppenheim, un director que hasta ahora se había dedicado casi exclusivamente a los documentales y que acá da el salto al largometraje de ficción con un thriller psicológico que se anima a meterse en uno de los temas más delicados que tocaron las pantallas norteamericanas en los últimos treinta años. La historia gira en torno a los famosos operativos del programa de Chris Hansen, aquel conductor que se sentaba frente a frente con hombres que creían estar chateando con menores de edad y que, cuando caían en la trampa, terminaban esposados delante de las cámaras. Robert Pattinson se pone en la piel de Hansen, el periodista que los enfrentaba, y Lipnicki interpreta a uno de esos hombres, a uno de los depredadores que llegan a la cita convencidos de que van a encontrar un chico o una chica y se encuentran con la mirada imperturbable del conductor y con un equipo policial esperándolos atrás de un vidrio.
Venice Bitch (o el galpón flotante donde todo arrancó)
Me imagino la sala del Palazzo del Cinema, en el Lido de Venecia, con esa acústica que hace que cualquier silencio pese el doble y con la platea llena de críticos que ya llevan vistas tres películas por día y que, sin embargo, se levantan a aplaudir durante siete minutos. Oppenheim se paró ahí con su equipo, Pattinson se paró ahí con esa cara de póker que tiene desde Twilight para acá, y Lipnicki, el nene de los noventa, se paró ahí a recibir el reconocimiento por hacer de villano. Hay algo casi cinematográfico en ese cuadro, como si la propia vida le hubiera escrito un guion a medida para que el actor pudiera mostrar, de una vez por todas, que detrás del chico prodigio había un intérprete con ganas de comerse personajes amargos, incómodos, de los que no te dejan dormir a la noche.
Lo que más me llamó la atención de las declaraciones que dio Lipnicki en la gira de prensa previa al estreno tiene que ver con la desnudez. Y aclaro, para los que se estén haciendo ideas raras: la desnudez no es un capricho ni un escándalo, es parte del personaje y de lo que la película necesita mostrar para contar la vulnerabilidad y la bajez moral del tipo al que le toca encarnar. Lipnicki contó que él ya había hecho un desnudo frontal en la obra teatral Lost Girls, pero que esta vez la experiencia le resultó intimidante, justamente por el contexto, porque no es lo mismo sacarse la ropa para un personaje que provoca lástima que para uno que genera rechazo. Y esa diferencia, esa incomodidad real del actor, termina siendo una herramienta actoral de las más valiosas, porque el espectador percibe la tensión en el cuerpo, en la mirada, en ese amague de querer cubrirse que el personaje ya ni siquiera intenta disimular.
- Primetime se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia y recibió una ovación de siete minutos al finalizar la proyección.
- Robert Pattinson interpreta al periodista Chris Hansen, el conductor que confrontaba a adultos en operativos televisivos contra la pedofilia.
- Jonathan Lipnicki encarna a uno de los hombres que caen en la trampa del programa y terminan detenidos ante las cámaras.
- La película marca el debut en el largometraje de ficción de Lance Oppenheim, documentalista convertido a la ficción.
- Lipnicki había hecho un desnudo frontal en la obra teatral Lost Girls, pero aseguró que en Primetime la experiencia le resultó intimidante por el tipo de personaje.
- Su carrera empezó en 1996 con Jerry Maguire, donde interpretó a Ray Boyd junto a Tom Cruise y Renée Zellweger.
- Por Jerry Maguire ganó un Critics Choice Award y un Young Artist Award como mejor actor infantil.
- En 1999 protagonizó Stuart Little, que recaudó alrededor de 300 millones de dólares en todo el mundo.
- Desde su paso a la adultez, Primetime es apenas la segunda película de Lipnicki que llega a las salas comerciales.
A mí, que lo vi crecer en el cine y que lo sigo desde hace rato, me queda una sensación que no sabría definir si es agridulce o simplemente lúcida. Por un lado, me alegra que un pibe al que el sistema de Hollywood quiso encasillar como el eterno nene bueno haya encontrado, ya pasados los treinta, un director y un proyecto que le permiten mostrar todo el rango que se le presumía y que la industria no le había terminado de ofrecer. Por el otro, me genera una reflexión más amplia, que es la que la propia película parece proponer: la de un formato televisivo que mezclaba investigación periodística, rating y operativos policiales, y que dejó muchas preguntas sin responder sobre los límites del periodismo y sobre hasta qué punto se puede exponer a un sospechoso antes de que la condena mediática se adelante a la justicia real.
Primetime todavía no tiene fecha de estreno confirmada en la Argentina, así que por ahora lo que queda es esperar, anotarse el nombre en la lista, y prepararse para una de esas películas que incomodan y que, justamente por eso, valen la pena. Si me preguntan a mí, se las recomiendo igual, aunque les advierto que no es una propuesta para distenderse un domingo a la tarde: es de esas que te dejan pensando en la vuelta a casa, en el auto, en silencio, mirando las luces de la ciudad pasar.
