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Viernes, 16 de octubre de 2026
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LS, la marca que Luján Sáez construyó para dejar de ser la hija de

Hija del creador de Ona Sáez, la diseñadora presentó su firma personal en la última edición de Bafweek con una colección nocturna, urbana y pensada como experiencia, no como una simple pasarela.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 1 h
LS, la marca que Luján Sáez construyó para dejar de ser la hija de

A veces las historias grandes empiezan en una cocina, entre mates y retazos de tela. Eso le contesta una vez Mabel, vecina de Palermo de 52 años, cuando uno le pregunta cómo arranca una marca de ropa en la Argentina de hoy: arranca en un comedor, con amigas probándose un pantalón y discutiendo si el tiro queda alto o queda bajo. Bueno, algo así empezó LS, la flamante firma de Luján Sáez, que debutó en la última edición de Bafweek con una colección bautizada N.1, que en este oficio nuevo y a la vez tan viejo significa el primer paso, el número uno, el bautismo.

Acá en la cuenca del diseño porteño, el apellido Sáez tiene peso propio. Su padre fue durante años el creador de Ona Sáez, una de las marcas que marcó el diseño argentino de principios de siglo. Su madre, además, trabajó como productora de moda, de modo que Luján creció mirando desfiles, escuchando reuniones, aprendiendo a distinguir un buen avío de uno malo. Pero crecer dentro de un apellido famoso es, al mismo tiempo, una escuela y una mochila. "Nació como una manera de construir mi propio camino y expresarme con libertad, siempre tomando referencias y guiños de todo lo que me formó", explicó la diseñadora cuando le consultamos por qué decidió abrir su propio sello en lugar de sumarse a la estructura que ya existía.

Una colección para entrar de noche

N.1 combina denim, cuero, encaje y brillos bajo una estética nocturna y urbana. Las siluetas son amplias, exageradas, con pantalones rotosos, capas y superposiciones que juegan con la tensión entre lo deportivo y lo glamoroso. El denim es la tela central de la marca, el corazón del inventario, pero en esta primera colección se le sumaron los cueros, los hilos metálicos y los encajes más calados, como para estirar el lenguaje y mostrar que LS no es una reedición de lo que ya se conoce.

El desfile, en vez de un recorrido lineal de modelos, fue pensado como una experiencia. Hubo música en vivo, hubo puesta en escena y, sobre todo, hubo una decisión: que desfilaran sus propias musas, sus amigas, sus artistas cercanas, y no un plantel anónimo de modelos. "Quiero que durante esos minutos el público pueda entrar completamente en el universo de la marca", dijo Sáez antes del show. Esa frase importa porque marca un posicionamiento: en LS la ropa no se exhibe, se vive.

“Me interesa vestir a alguien que quiere entrar a un lugar y sentirse seguro, distinto, un poco protagonista.”Luján Sáez

El método: ¿me lo pondría yo?

  • La diseñadora arranca cada prenda de una pregunta simple: ¿me lo pondría yo?
  • Trabaja con amigas y artistas cercanas, observa cómo una misma pieza cambia según quien la lleva.
  • Desde esa prueba ajusta materiales, talles y formas antes de pasar a producción.
  • El denim sigue siendo la tela central, aunque N.1 sumó cuero, encaje y brillos.
  • Las fuentes de inspiración son la escena nocturna porteña, los recitales, los clubes y las nuevas generaciones de artistas locales.

Cuando le preguntamos por el peso del apellido, Sáez fue directamente al hueso. "Mi apellido puede generar una expectativa inicial, pero después es el trabajo el que tiene que estar a la altura", reconoció, sin esquivar el tema ni victimizarse. La frase, en sí misma, es una declaración de método: la expectativa la maneja el periodismo, la moda y la clienta, pero el respaldo lo dan las prendas, los desfiles y las ganas de quien las usa.

Ahora bien, mirando el cuadro completo, queda flotando una pregunta incómoda pero inevitable: en el momento en que una marca arranca, ¿pesa más la ropa como herramienta de identidad, pesa más la propuesta de diseño independiente, o pesa más el apellido que lleva grabado la etiqueta? Mabel, la vecina de Palermo de 52 años, vuelve a terciar en la cocina: pesa el que se queda, dice, mientras revuelve el mate. LS, por lo visto, apuesta a quedarse.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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