Mario Boskis: "salir, encontrarse con gente y tener un propósito puede hacer más larga la vida"
El cardiólogo explicó que sostener vínculos sociales y actividades durante la vejez favorece la longevidad y repasó los cuidados para evitar infecciones respiratorias en los meses de frío.
Acá en la cuenca del Río de la Plata, donde el invierno se hace sentir bien entrado junio, uno cruza la esquina de su barrio y se encuentra con la típica escena de la cuadra: doña Esther, 78 años, que cada mañana pasa por la panadería de la esquina antes de ir a su clase de tango en el centro de jubilados. Ella se ríe cuando le pregunto cómo hace para no faltar nunca y me dice, mientras se acomoda el pañuelo, que tiene "motivos para levantarse" y que mientras el cuerpo le banque, no piensa parar. Esa imagen sencilla le sirve al cardiólogo Mario Boskis para graficar lo que él considera uno de los mensajes centrales para los adultos mayores: mantener vínculos, sostener actividades y tener un propósito claro puede favorecer la longevidad.
Vínculos, actividad y un motivo para salir cada día
En diálogo con este portal, Boskis explicó que conservar ocupaciones, amistades y el contacto fluido con la familia ayuda a evitar el aislamiento, uno de los grandes enemigos del bienestar en la vejez. El especialista vinculó esa idea con el concepto del ikigai, esa palabra japonesa que se traduce como "la razón de ser" o "el motivo por el cual uno se levanta cada mañana", y sostuvo que tenerlo presente funciona como una suerte de motor para la vida cotidiana.
"La posibilidad de seguir con una actividad depende de lo que permita el cuerpo de cada persona, y la edad por sí sola no debería llevar a abandonar aquello que genera bienestar", resumió Boskis. Para el médico, salir a tomar un café con un amigo, ir a un taller, participar de un club o simplemente mantener la conversación telefónica con los hijos y los nietos son pequeñas decisiones cotidianas que construyen una vejez más plena.
Los cuidados frente al frío y las infecciones respiratorias
Ahora bien, esa vida activa y afuera de casa requiere ciertos recaudos, sobre todo cuando bajan las temperaturas. Boskis aclaró que una infección siempre necesita la presencia de un virus o una bacteria, pero reconoció que el frío puede jugar en contra: "Disminuye el movimiento de las cilias, esos pequeños filamentos que ayudan a retirar secreciones de las vías respiratorias, y eso dificulta un mecanismo natural de protección". En la práctica, significa que el cuerpo tiene más dificultades para expulsar gérmenes cuando hace mucho frío.
- Usar barbijo ante cualquier síntoma respiratorio, para cuidar a los demás y reducir la posibilidad de transmitir la enfermedad.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al llegar al trabajo y antes de comer, ya que los microorganismos también se transmiten por contacto con superficies.
- Tener presente que el invierno concentra mayor circulación de virus y más tiempo compartido en ambientes cerrados, donde el riesgo de contagio aumenta.
- Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas disponibles: gripe, neumonía y virus sincicial respiratorio, entre otras, según los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente.
La consulta médica, siempre como punto de partida
Para Boskis, la prevención en esta etapa de la vida no se resuelve con recetas generales: cada adulto mayor tiene su historia clínica, su entorno y sus riesgos. Por eso insistió en que la orientación debe partir del médico de cabecera, que conoce los antecedentes del paciente y puede indicar qué vacunas corresponden en cada caso. Nosotros, como sociedad, solemos postergar esa consulta hasta que el cuerpo avisa con un síntoma fuerte, y el especialista recordó que adelantarse es parte del cuidado.
Cuando vuelvo a pensar en doña Esther y en su paso firme por la esquina, me queda la sensación de que su rutina resume bastante de lo que dice Boskis: vínculos, una actividad que la entusiasma y los recaudos necesarios para sostenerla. Porque al final, como nos repite el cardiólogo, envejecer bien no es solamente esquivar los virus del invierno: es tener motivos para salir cada mañana y seguir encontrándose con los otros.
