Neuquén le da la espalda al río y ahora, por fin, se da vuelta: 33 kilómetros de orilla para caminar, pedalear o quedarse quieto mirando el agua
La ciudad estrena este sábado el tramo más ambicioso del Paseo Costero, más de tres kilómetros entre Chocón y Aguado, con un mirador elevado como balcón sobre el río Neuquén. Es el regalo por los 122 años de la capital y una apuesta a recuperar la relación con el agua que durante décadas estuvo dada vuelta.
Acá en la cuenca hay una frase que se repite cada vez que se habla del Paseo Costero de Neuquén, y que resume mejor que cualquier plano lo que se viene cocinando desde hace años en la ribera: durante mucho tiempo la ciudad vivió de espaldas al río. La postal era esa, la de una capital petrolera que miraba hacia adentro, hacia sus avenidas y sus oficinas, mientras los dos cursos de agua que le dan nombre —el Neuquén y el Limay— corrían al costado como si fueran parte del decorado y no del paisaje. Esa imagen, nos cuentan en el municipio, empezó a cambiar de a poco y este sábado 12 de septiembre, justo cuando se cumplen los 122 años de la fundación de la ciudad, va a quedar definitivamente de cabeza para abajo.
El domingo a la mañana, con la primera luz, me junté con Marta Aguirre, vecina de 58 años del barrio Confluencia, en la esquina de Chocón y la ribera. Marta me mira con la taza de café en la mano y me dice, mientras señala el alambrado que todavía separa la calle del río: «Yo me críe acá, y cuando era chica esto era todo monte bajo. Te tirabas a la barranca y te ibas derecho al agua. Después vino el progreso, o lo que nosotros llamamos progreso, y nos puso un paredón de cara al río. Así que ahora, si lo abren, bienvenido sea: yo vuelvo a ser chica por un rato».
Tres kilómetros nuevos, un mirador y la obra completa
Lo que se habilita este sábado es el tramo más reciente del Paseo Costero, el que va desde la calle Chocón hasta la calle Aguado, también en Confluencia. Son algo más de tres kilómetros que se agregan a una traza que, según lo que nos confirmó la Municipalidad, ya suma 33 kilómetros lineales corridos sobre las riveras del Neuquén y el Limay, sin cortes, abiertos a caminantes, ciclistas y a cualquiera que tenga ganas de sentarse un rato a la orilla. La obra incluyó pavimentación de la calle vehicular que acompaña el paseo, veredas de hormigón, una bicisenda de concreto asfáltico, iluminación led y mobiliario urbano, eso que en la jerga de obra pública suena a poco pero que en la práctica es lo que marca la diferencia entre un sendero y un lugar donde la gente se queda a pasar la tarde.
- Pavimento de la calle vehicular sobre la traza del paseo.
- Veredas de hormigón para el peatón.
- Bicisenda de concreto asfáltico, separada del flujo de autos.
- Iluminación led de punta a punta.
- Mirador elevado en la proyección de calle Figueroa, como balcón sobre el río.
- Mobiliario urbano: bancos, cestos y señalización para conectar el cruce vial.
El punto más llamativo del tramo nuevo, y créanme que vale la pena mencionarlo aparte, es el mirador elevado que se construyó sobre la proyección de la calle Figueroa. Funciona como un balcón sobre el río Neuquén, de esos que invitan a quedarse parado un rato largo mirando el agua pasar. La señalización y la conexión vial en ese cruce, nos aclararon, son los últimos trabajos en terminarse antes del corte de cintas, así que si el sábado van a caminar, ojo con el sector del mirador: puede haber movimiento de máquinas y gente trabajando hasta último momento.
Quién paga, quién dice qué y cómo se llega
La inversión del tramo, según lo que se informó oficialmente, fue de 15.000 millones de pesos, puestos íntegramente con recursos del municipio, sin aportes de la provincia ni de Nación, algo que en tiempos de ajuste y de pelear cada peso se escucha cada vez menos. María Pasqualini, secretaria Jefa de Gabinete de la Municipalidad, fue la encargada de ponerle palabras al cambio: con esta extensión, dijo, «la ciudad completa, que estaba de espaldas al río, va a quedar mirando al río». Es una frase simple pero pesada, de las que ordenan una época. Para llegar hasta el nuevo sector desde el centro, el acceso más directo es por la ribera del río Neuquén, siguiendo la traza del Paseo Costero que ya está habilitada y bajando hacia el sur. Como el formato es abierto y sin costo de ingreso, se vuelve una opción de lo más concreta para el fin de semana largo.
Y hay más, porque la idea, según nos adelantaron en el municipio, es no quedarse acá: la intención es completar la ribera de punta a punta, sin interrupciones, hasta unir los dos ríos. Para eso, esta semana se resolvió un trámite judicial que destrabó la licitación del tramo que bordea justamente la confluencia, desde el puente de Balsa Las Perlas hasta el Parque Agreste. Es la pieza que le falta al rompecabezas, la que va a permitir que algún día —no mañana, pero tampoco dentro de veinte años— se pueda caminar sin bajar al agua desde un extremo al otro de la ciudad.
Me despido de Marta en la misma esquina de Chocón, con el café ya frío y la perra cruzando la calle como si la conociera de toda la vida. Antes de subir al auto me dice, mientras mira hacia donde el sábado va a estar el mirador: «Yo no pido que me devuelvan la barranca de mi infancia, eso ya fue. Pero sí pido poder volver a mirar el río sin que me tape nada. Si lo logramos, ganamos todos». Acá en la cuenca, mientras se secan los últimos charcos de una semana rara, suena a una de esas apuestas de las que uno quiere acordarse dentro de unos cuantos años.
