Ni el desierto perdona: Madrid se comió el triple final en Dubái y cayó 78-77 en su debut europeo
El conjunto blanco entró al último minuto con seis puntos de ventaja y terminó perdiendo por uno. Campazzo sumó seis, Deck se quedó en cero y el último tiro, en manos de Andrés Feliz, no entró.
Dicen que en Dubái hasta el aire acondicionado pelea para llamar la atención. Y vaya si lo logró esta vez: se llevó puesto al Real Madrid en el debut de la Euroliga. El equipo de Chus Mateo perdió 78-77 ante Dubai Basketball en un cierre que duele más que el viento seco del desierto a las tres de la tarde. Tres minutos sin anotar. Tres minutos y la historia cambió de esquina. Una sinfonía de errores compartidos, como cuando organizás un asado y nadie lleva el pan.
Lo de Andrés Feliz fue casi un guion de película mala: la pelota le quedó servida para el heroísmo y se quedó cortos, corta de tela y de muñeca. El lanzamiento no entró. Y lo que hasta ese momento era victoria visitante, pasó a ser derrota por la mínima en un cierre para el diván del analista. Resultado histórico: Dubai Basketball, ese club con sello emiratí que en la previa sonaba a exótico, se quedó con una victoria que en el Viejo Continente todavía se comenta en voz baja.
Los argentinos, lejos del brillo esperado
El “Facu” Campazzo, que en otras noches hace temblar a las defensas con su muñeca izquierda y su cintura endiablada, terminó con apenas seis puntos y dos asistencias en casi 18 minutos. Poca cosa para un jugador que suele ser acelerador y reloj a la vez. Gabriel Deck, el “Tortuga”, tuvo 16 minutos en cancha y no pudo sumar ningún punto. Volvió con las manos vacías, como quien va al súper por dos cosas y vuelve con tres bolsas y un yogurt que no estaba en la lista. En Madrid saben que estos dos suelen ser cable a tierra; anoche, el enchufe no funcionó.
Los máximos anotadores del elenco merengue fueron Timothé Luwawu-Cabarrot y Théo Maledon, con 11 tantos cada uno. El francés Exum se animó desde el perímetro en algunos tramos clave, aunque no alcanzó para sostener la diferencia. Del otro lado, Dwayne Bacon fue una pesadilla de 24 puntos, puro vértigo y muñeca caliente, la verdadera tormenta de arena que desorientó al campeón español en la segunda parte.
La remontada emiratí y la sombra de la Supercopa
Antes del descanso, el Madrid había construido una diferencia de once (44-33) con triples oportunos y defensa sólida. La lectura inicial era lógica: el equipo iba camino a una victoria cómoda, de trámite. Pero el entretiempo trajo consigo un cambio de chip que se notó en la cancha. Dubai salió con otra intensidad, comenzó a encontrar vías en ataque y recortó hasta llegar al tramo final con una desventaja de seis. A partir de ahí, el desacierto visitante hizo el resto.
El antecedente más fresco era favorable: hace apenas siete días, en la Supercopa, el Madrid se había quedado con el cruce ante el mismo adversario. Otra moneda cayó en Dubái. Ahora, con la primera derrota europea ya en el bolsillo, la pregunta parece inevitable: ¿qué debe ajustar Chus Mateo para resolver un cierre parejo en lugar de entregarlo en bandeja? Veremos. Porque prometer resultados en la Euroliga, para cualquier equipo, sigue siendo casi tan arriesgado como poner la lapicera en un contrato sin leer la letra chica.
