Raimondo, el italiano que le robó el trono de gol a Lautaro y no lo quiere devolver
El delantero de Frosinone convirtió tres tantos ante Sassuolo, llegó a ocho gritos en la temporada y quedó como máximo artillero de la Serie A. Detrás de su tercer gol hubo una salida enloquecida del arquero Muric que terminó en penitencia.
Hay días en los que el frío de Rávena cala hasta los huesos y uno se pregunta quién se va a animar a salir a la calle. Este sábado, en el Benito Stirpe, Antonio Raimondo no sólo salió: hizo el calentamiento, se puso los cortos y le arruinó la tarde a medio Sassuolo. Tres goles, estadio de pie y un lugar en la cima de los goleadores que hasta ayer cía a otro. Una ironía perfecta para un pibe que todavía no termina de desayunar y ya le lleva tres goles a Lautaro Martínez.
El partido arrancó eléctrico y no dio respiro. Giacomo Calò abrió la cuenta a los nueve minutos y al parecía que Frosinone iba a gozar en silencio. Pero Sassuolo contestó rápido: pase largo, Berardi por la derecha, enganche al área y empate a los 15. Cuatro minutos después, Raimondo apareció por el segundo palo y empujó un centro desde la derecha para poner el 2-1. Ahí nomás se empezó a entender que la tarde tenía dueño.
El gol del escándalo: Muric en penitencia
A los 30 minutos pasó lo que nadie esperaba. Caleta-Car peinó hacia atrás, el arquero Arijanet Muric salió a cortar, se acomodó la posición, calculó mal y se quedó a mitad de camino. Para peor, ya estaba fuera del área y no podía usar las manos. Raimondo, que nunca dejó de correr, controló con el pecho a metros del arco vacío y la mandó a guardar con el arco desguarnecido. Un gol que en cualquier barrio se comenta durante una semana entera.
Antes del descanso, Thorstvedt descontó con un remate cruzado y dejó el partido 3-2 al cabo de 36 minutos. Cinco goles en media hora, el tipo de locura que da gusto mirar y dolor de cabeza para los dos técnicos.
En el segundo tiempo se calmó la tormenta. Recién a los 57, un cabezazo de Ghedjemis fue rechazado por Muric, la pelota quedó boyando en el área chica y Raimondo, siempre Raimondo, la empujó con el pecho del alma para sentenciar el 4-2. Hat-trick completo, tribunas de pie y al técnico Massimiliano Alvini no le quedó otra que sacarlo a los 90, nomás para que el público lo aplauda como se merece.
Con esos tres tantos, el delantero de 22 años llegó a ocho goles en la temporada, uno más que Donyell Malen y tres por encima de Lautaro Martínez, que venía mirándolo de reojo desde el Inter. Es el capocannoniere de la Serie A con apenas un puñado de partidos encima, una mochila que en Italia pesa el doble.
¿Puede sostenerlo?
El interrogante queda picando. En el calcio ya vimos goleadores de un mes que después se diluyen como helado en agosto. Raimondo tiene hambre, tiene movilidad y, sobre todo, tiene un Alvini que lo tira a la cancha sin pedirle permiso. Veremos si la lógica lo aplasta o si este pibe de Rávena está para pelearla hasta el final. Veremos.
