Ronaldo se fue sin tocar la pelota y Messi se fue con la pelota bajo el brazo: dos formas de bajarse del escenario
A esta altura, una trivia: ¿qué tienen en común un técnico portugués, un delantero enojado y un estadio lleno en Oporto? Respuesta: un acuerdo que, según el protagonista, duró lo que dura un suspiro en plena tormenta. El viento en el do Dragão sopla fuerte, pero más fuerte sopla el carácter de Cristiano Ronaldo, que se sentó en el banco noventa minutos, vio cómo sus compañeros le ganaban 2-1 a Noruega y, al terminar, agarró sus cosas y se fue. Sin debutar, sin saludar, sin foto.
La explicación llegó por comunicado, como suele pasar cuando la palabra reemplaza al gesto. Ronaldo dijo que había un pacto con el entrenador Jorge Jesus: media hora de juego, ni un minuto menos. Y que ese pacto se rompió. También aseguró que tanto la Federación Portuguesa como el propio técnico le habían pedido que se quedara en la concentración. Su frase final, digna de un telegrama: Créanme, esta es la pura verdad. Uno, como lector descreído de los partes oficiales, va archivando el papel para leerlo de nuevo en enero.
El otro capitán, en la vereda de enfrente
Mientras tanto, a unos cuantos miles de kilómetros, en el Monumental de Núñez, Lionel Messi se despedía de la selección argentina con un partido frente a Benín que tuvo de todo lo que el fútbol le niega al resto de los mortales: un gol de penal, dos asistencias y la familia entera como testigo. Sus tres hijos en la cancha, la madre y la esposa en la platea. Una escena de telenovela bien contada, con la diferencia de que acá no hubo libreto previo: hubo fútbol, hubo emoción y hubo un equipo campeón del mundo despidiendo a su máximo referente en su propia casa.
- Portugal 2-1 Noruega, por la Nations League, con Ronaldo mirando el partido desde el banco.
- Messi convirtió de penal y dio dos asistencias en el triunfo de Argentina ante Benín en el Monumental.
- Ronaldo publicó un comunicado y aseguró que tenía acordado jugar 30 minutos; el técnico no lo hizo entrar.
- Messi fue acompañado por sus tres hijos en la cancha y por su madre y Antonela en las tribunas.
Las carreras de los dos, mirándolas desde lejos, se parecen al juego del gato y el ratón: uno corre para adelante y el otro corre para escaparse. Ronaldo levantó la Eurocopa 2016 con Portugal y todavía sigue sumando rodaje temporada tras temporada. Messi, en cambio, pasó por el retiro de 2016, la vuelta, la Copa América 2021, el Mundial 2022 y la Copa América 2024: una secuencia que cualquier selectedor firmaría con los ojos cerrados. Por eso su despedida en el Monumental sonó a premio, mientras que la salida de Ronaldo del predio portugués sonó a descargo.
El debate de fondo es viejo como el fútbol de cinco: ¿cuánto pesa un arreglo palabra mediante entre un jugador y un entrenador a la hora de decidir los minutos? Si el pacto existe y se rompe, el silencio del banco se vuelve un papelón. Si no existe, como sostienen otros portavoces cercanos a la delegación portuguesa, entonces lo del comunicado pasa a ser otra cosa: un capítulo más del manual de estilo de un futbolista que lleva años marcando agenda con mayúsculas. En el medio, queda el hincha común, que paga la entrada, que paga la suscripción al cable y que paga el café del bar mientras mira el partido: a ese no lo consulta nadie.
Mirando el contraste con humor de lunes a la mañana, parece una escena de esas donde uno se pelea con el mozo del restaurante porque le sirvieron el plato equivocado, mientras que el de la mesa de al lado se está comiendo un banquete. Messi se retira en familia y con goles, Ronaldo se va en silencio y con un comunicado bajo el brazo. Veremos si en la próxima ventana de fechas la calma vuelve a Porto y si el do Dragão vuelve a ver al cinco entrar a la cancha en lugar de verla desde la línea de cal.
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