San Pedro, la puerta caribeña del Cayo Ambergris: cómo llegar y qué hacer frente al segundo arrecife más grande del mundo
A 15 minutos en avioneta o una hora y media en ferry desde Ciudad de Belice, este destino del Caribe ofrece snorkel en Hol Chan, la imponente silueta circular del Gran Agujero Azul y playas de arena blanca como Secret Beach. Una guía para organizar la estadía, moverse en carrito de golf y combinar fauna marina con gastronomía local.
Les quiero contar un lugar al que llegué después de varias conexiones aéreas y que, una vez que uno se acomoda en la arena, empieza a revelar por qué el Caribe beliceño se ganó un lugar propio en el mapa del turismo regional. San Pedro es la localidad más visitada del Cayo Ambergris, una franja de tierra angosta que mira al este, hacia la barrera de arrecifes más grande del hemisferio occidental después de la australiana, y hacia el oeste, hacia la laguna que calma el oleaje y dibuja atardeceres que parecen pintados con paciencia. Está a unos 15 minutos de vuelo desde Ciudad de Belice, en avionetas de 14 pasajeros que operan líneas como Tropic Air, o bien a una hora y media en ferry, una opción que ya de por sí funciona como una primera aproximación al paisaje insular.
Un pueblo que se recorre a pie y en carrito de golf
El centro de San Pedro tiene dimensiones que invitan a caminarlo sin apuro. Las calles principales concentran alojamientos, restaurantes, bares sobre la costa y pequeños comercios de artesanías, y los traslados más largos se hacen en los característicos carritos de golf que se convirtieron en el medio de transporte emblema de la isla. Esa escala manejable permite alternar una salida de snorkel por la mañana con un almuerzo frente al muelle y una sobremesa caminando entre las tiendas, algo que a los viajeros de cuarenta, cincuenta y sesenta años suele caerles muy bien porque evita el desgaste de traslados largos.
- Reserva Marina de Hol Chan y Shark Ray Alley: navegación y snorkel entre corales, tortugas, peces tropicales y pequeños tiburones nodriza, con posibilidad de ver delfines desde la superficie.
- Gran Agujero Azul: sumidero circular de 300 metros de diámetro y 120 metros de profundidad, con paredes verticales y estalactitas sumergidas para buceo certificado, o vuelos panorámicos para quien prefiera no sumergirse.
- Secret Beach: playa de arena blanca y agua calma, ideal para una jornada de relax con servicio de comida y tragos a la mesa.
- Paseos por la Barrera de Belice: unos 300 kilómetros de arrecife declarados Patrimonio Mundial por la Unesco en 1996 dentro del Sistema Arrecifal Mesoamericano.
La Reserva Marina de Hol Chan, en particular, es la excursión que más repiten los visitantes y la que mejor resume lo que ofrece este tramo del Caribe. Se accede en lancha desde San Pedro y el recorrido suele combinar la zona del corte, con sus corales y tortugas, con Shark Ray Alley, un canal somero donde los tiburones nodriza y las rayas se acercan a los barcos. Para quienes tengan certificación, el Gran Agujero Azul es la otra gran atracción, aunque también puede visitarse desde el aire, una alternativa que entrega una perspectiva distinta sin necesidad de bajar a las profundidades.
Gastronomía con identidad beliceña
Un capítulo aparte merece la cocina. En San Pedro funcionan paseos gastronómicos que, sobre el final de la tarde, entre las 17 y las 20, recorren hasta seis establecimientos de comida típica. La propuesta combina preparaciones marinas con ingredientes locales: camarones con salsa de coco, ceviches frescos, empanadas de pescado y los llamados fry jacks, unas masas fritas esponjosas que en el paladar rioplatense se parecen a las tortas fritas de nuestras tradiciones criollas. Es una manera amable de cerrar la jornada y, de paso, de hacer una pausa antes de la salida nocturna que muchos centros turísticos del Caribe suelen ofrecer.
Un dato práctico para tener en cuenta: el inglés es la lengua oficial de Belice, por lo que manejarse con un nivel básico de ese idioma ayuda a moverse con soltura, sobre todo en los muelles y en los tours. La moneda es el dólar beliceño, aunque en casi todos los lugares aceptan el estadounidense, así que conviene llevar billetes chicos para gastos menores y propinas. El clima es tropical, con temperaturas cálidas durante todo el año, una temporada seca que va de febrero a mayo y otra de lluvias que se concentra entre junio y noviembre, con riesgo de huracanes en los meses de mayor actividad. Para visitarlo, la recomendación es llevar ropa liviana de fibras naturales, un buen protector solar, un piloto liviano para los chubascos y, si se piensa hacer snorkel o buceo, un traje de neopreno fino que amortigüe la frescura del agua.
