Supergirl llega a HBO Max con una Krypto en peligro y una Kara que todavía no encuentra su lugar en el mundo
La película dirigida por Craig Gillespie y escrita por Ana Nogueira toma como punto de partida el cómic de Tom King y Bilquis Evely, pero introduce un cambio clave en el destino del perro kriptoniano que redefine los motivos del viaje.
Te confieso que cada vez que un superhéroe grande, de esos que crecieron con uno mirando la pantalla, se anima a pegar el salto al streaming con una aventura nueva, lo miro con una mezcla de cariño y de cautela, porque a veces las ganas le ganan al oficio y termina saliendo un producto que no le hace justicia ni al personaje ni al público que lo sigue desde hace décadas. Por eso, cuando me senté a ver lo último de Supergirl en HBO Max, fui con la expectativa de siempre: la de encontrar una historia que no se conforme con repetir fórmulas y que se tome en serio la tarea de repensar a una heroína que, durante años, quedó atrapada en la sombra de su primo. La buena noticia es que acá hay intención, hay vuelo y hay, sobre todo, una decisión de guion que me parece de las más interesantes que se recuerden para una superheroína en el cine reciente, y de eso te quiero contar en detalle en las próximas líneas, porque creo que vale la pena entender por qué este cambio no es un capricho sino una verdadera declaración de principios sobre lo que significa adaptar un cómic a otro lenguaje.
El arranque: un dardo envenenado y una promesa
La película, dirigida por Craig Gillespie y escrita por Ana Nogueira, adapta el cómic Supergirl: la mujer del mañana, creado por Tom King y Bilquis Evely, y arranca con una escena que ya de por sola te engancha: el villano Krem logra dispararle un dardo envenenado a Krypto, el perro kriptoniano, mientras escapa con la propia nave de Supergirl. A partir de ese instante, la trama deja de ser una aventura más y se convierte en una carrera contrarreloj, porque Kara no tiene otra opción que aceptar acompañar a Ruthye, una niña que perdió todo a manos de Krem, y embarcarse en una búsqueda por distintos planetas para conseguir el antídoto que salve a su compañero. Y acá viene lo primero que me llamó la atención y que me parece todo un hallazgo del guion: la película nos presenta a una Kara que todavía rechaza la Tierra, que no termina de sentirse en casa en ningún lado y que ni siquiera asume del todo su lugar como protectora ni comparte los ideales de Superman, su primo. En ese contexto, el vínculo con Krypto ocupa un lugar central y está reforzado por escenas que recuperan momentos del pasado entre ambos, lo que le da al perro un peso emocional enorme y convierte su posible pérdida en algo mucho más profundo que un simple plot device.
Lo que cambia del cómic a la pantalla
- En el cómic, narrado desde la perspectiva de Ruthye, hacia el final se revela que Krypto estaba a salvo: lo habían trasladado a un lugar con sol amarillo. Kara, entonces, no necesitaba perseguir a Krem para rescatarlo. Su verdadero propósito era ayudar a la niña a entender la diferencia entre buscar venganza y hacer justicia.
- En la película, en cambio, se mantiene el peligro para Krypto y se plantea que trasladarlo resulta demasiado riesgoso. Así, conseguir el antídoto sigue siendo una necesidad concreta para Kara durante todo el viaje, y la urgencia nunca se disuelve.
- La modificación también alcanza la resolución del enfrentamiento entre Supergirl, Ruthye y Krem, lo que cambia el tono moral del cierre y el lugar que ocupa la violencia en la historia.
- La adaptación incluye además a Lobo, un personaje que había formado parte de los planes originales de Tom King para el cómic, y que acá encuentra por fin su lugar en pantalla.
A mí, particularmente, me parece que este cambio es de esos que enriquecen en vez de empobrecer, porque le devuelve a la búsqueda una tensión que en el cómic se diluye hacia el final y le permite a Kara sostener un arco emocional mucho más clásico y a la vez muy efectivo: el de una heroína que aprende a cuidar a alguien y, en el camino, se encuentra a sí misma. Pero te soy honesto: también entiendo que para los fans más puristas del cómic este movimiento puede resultar una molestia, porque modifica nada menos que el sentido filosófico de la historia original, aquella idea tan potente de que la verdadera cruzada de Kara no era salvar a un perro sino enseñarle a una niña la diferencia entre la venganza y la justicia. La pregunta, entonces, queda flotando y me parece de las más jugosas que se pueden hacer alrededor de cualquier adaptación: ¿qué lugar deberían tener los cambios de una historia cuando pasa de las viñetas al cine? ¿Respetar el alma del original o permitir que el nuevo formato le encuentre su propia voz? Honestamente, creo que la mejor respuesta no está en un extremo ni en el otro sino en ese punto medio donde el adaptador respeta el corazón del material pero se anima a tomar decisiones que lo hagan funcionar en el lenguaje al que lo está llevando, y me da la sensación de que esta película, al menos en este punto, transita ese camino con bastante dignidad.
Si te pinta verla, Supergirl ya está disponible en HBO Max y es de esas películas que se dejan mirar con una sonrisa y que, cuando terminan, te dejan pensando un rato largo, que no es poco en estos tiempos. Te la recomiendo con esa honestidad que me caracteriza: no es perfecta, tiene sus bemoles, pero tiene corazón, tiene vuelo y tiene, sobre todo, una heroína que por fin se anima a ocupar la pantalla grande con personalidad propia.
