Tapamos el agujero y al rato vuelven a entrar: por qué la espuma no alcanza y qué sí sirve para frenar a las ratas en casa
Un técnico de una empresa de control de plagas advierte que los puntos de ingreso más comunes no son los que se ven y détaille el procedimiento para limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado, un riesgo que muchos desconocen.
Acá en la cuenca, en la cocina de Marta, sesenta y dos años, el problema empezó como una molestia chica: un agujero del tamaño de una moneda en el zócalo, detrás de la heladera. Mi vecina lo tapó con espuma de poliuretano, se quedó tranquila, y a la semana siguiente volvió a escuchar ruidos en la noche. La espuma sola, me dijo un responsable técnico de una empresa de control de plagas, no alcanza. Los roedores la roen. Es lo primero que hay que entender antes de gastar plata en selladores que no resuelven nada.
El especialista, consultado para esta nota, lo explica con una frase que resume todo: "Tapar un agujero no alcanza si el material puede ser roído". Por eso el cierre efectivo siempre combina la masilla con una barrera física, malla metálica o lana de acero, y recién después la espuma por encima. Sin esa estructura, el trabajo queda a medias y la ratas vuelven a entrar por el mismo lugar o por uno nuevo, que es lo que terminó pasando en lo de Marta.
Dónde se cuelan y uno ni lo nota
Además de los agujeros visibles, hay puntos de ingreso que suelen ignorarse y que, en la práctica, son los que sostienen una infestación. El técnico los enumera sin rodeos:
- Los burletes deteriorados bajo las puertas, una vía frecuente en casas viejas y en departamentos de planta baja.
- La vegetación pegada a la fachada, que funciona como puente hacia ventanas y ventilaciones.
- Las cajas de cartón apiladas en depósitos y garages, donde anidan sin que nadie las revise.
- Las pequeñas fugas de agua en caños y canillas, que atraen y los mantienen en la zona.
- Los alimentos de mascotas que quedan al alcance durante la noche, un atractivo silencioso.
Una vivienda ordenada y limpia puede tener una infestación si alguno de esos accesos queda abierto, insistió el responsable técnico. Y lo vivimos en lo de Marta: tenía la casa impecable, comida guardada en recipientes herméticos, y sin embargo las ratas volvían. El foco estaba en un burlete gastado que ella ni había mirado.
Por qué los remedios que circulan por ahí no resuelven
Los remedios caseros que aparecen en redes sociales no ofrecen resultados duraderos, según la misma fuente. La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida. Los dispositivos de ultrasonido no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores pueden acostumbrarse al estímulo sonoro con el paso de las semanas. Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, pero no controlan una infestación. Y las trampas adhesivas, agregó, generan sufrimiento innecesario sin resolver el foco. Ninguna de esas alternativas reemplaza localizar y cerrar los puntos de entrada: ese es el corazón del trabajo.
Cómo limpiar los restos sin riesgo
Una vez que hay rastros de roedores en un ambiente, la limpieza requiere un procedimiento específico que mucha gente no conoce y que, si se hace mal, termina siendo peor. El paso a paso, tal como lo détaille el técnico:
- Ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar.
- Colocarse guantes y protección para vías respiratorias.
- Humedecer los excrementos con un desinfectante apropiado y esperar que actúe.
- Retirar con papel, sin contacto directo con la piel.
- Nunca barrer en seco ni usar aspiradora: ambas acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin notarlo.
Los roedores pueden transmitir enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, e introducir parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros. Si los rastros se repiten o se sospecha que el foco está en la red de alcantarillado, lo recomendable es recurrir a un servicio profesional de control de plagas, no seguir improvisando en casa.
Volvemos a Marta y a su cocina. Cuando terminamos de charlar, me dijo algo que se me quedó dando vueltas: "Yo pensé que con tapar el agujero estaba". Es el error más común, y el más caro a la larga. Acá en la cuenca, entre nosotros, lo barato sale caro: mejor cerrar bien los accesos y limpiar como corresponde que andar semanas conviviendo con una invitada a la que nadie convoca.
