Tomás Holder, entre los 125 kilos y la postal de Ibiza: "ninguno de los dos cuerpos era sano"
El ex Gran Hermano mostró dos fotos opuestas de su físico para advertir sobre los ultraprocesados, la obsesión con la balanza y el soporte químico detrás de la definición extrema. También habló del implante capilar que se hizo en marzo.
A veces una imagen vale más que mil análisis, y otras veces una imagen es directamente una trampa. Tomás Holder lo aprendió en carne propia, y decidió contarlo sin filtros. El ex participante de Gran Hermano publicó en sus redes dos fotos que parecen sacadas de dos personas distintas: una de mayo de 2025, donde aparece con 125 kilos tras meses encerrado en su casa, y otra de julio de este año, en una playa de Ibiza, con el cuerpo marcado como si llevara una vida entera entrenando. Lejos de festejar la segunda, Holder salió a aclarar que ninguna de las dos postales representa un estado saludable, y que compartir la que tenía guardada por vergüenza fue, sobre todo, un mensaje para quienes están pasando por algo parecido.
Siete meses a oscuras
La primera foto es la más incómoda, y por eso mismo es la más importante. Holder contó que dejó el gimnasio en octubre de 2024 y que, a partir de ahí, se fue encerrando sin darse cuenta. Se aisló en su departamento, pasó hasta doce horas por día jugando a la PlayStation y sostuvo una alimentación basada en comida chatarra. "No encontraba rumbo, no encontraba soluciones", resumió al recordar ese tramo, al que asoció sin dudarlo con un mal momento emocional. Cuando se subió a la balanza en mayo del año pasado y el indicador marcó 125 kilos, dice, decidió que algo había que cambiar.
Cinco meses después, el espejo de Ibiza
La segunda foto llegó en julio, durante unas vacaciones en Ibiza. Ahí se lo ve con una definición física que generó comentarios en la playa y en las discotecas. Pero Holder se apuró a bajarle el precio al propio resultado. "Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico", escribió, y explicó que para llegar a esa condición mantuvo cinco meses de control estricto de la alimentación. Durante ese proceso, contó, desarrolló culpa al comer y quedó condicionado por la balanza: una hamburguesa, que antes era un placer, se volvió un conflicto interno. Lo que en una story parece un cuerposobre la arena, en el día a día fue una pelea constante con el plato y con el peso.
Ni ultraprocesados ni atajos químicos
La conclusión a la que llegó es tan simple como incómoda de escuchar: ni los 125 kilos de los ultraprocesados ni la definición de Ibiza eran salud real. Sobre el segundo punto, fue terminante al señalar que el apoyo químico que hizo posible esa foto no es sostenible en el tiempo, y que tomarlo como meta es entrar en una carrera que no tiene buena llegada. La razón de mostrar la foto de mayo, que durante meses había guardado por vergüenza, fue justamente esa: acompañar a quienes estén transitando algo similar. "Cuiden su salud y sobre todo su salud mental", pidió, como un consejo que le habría gustado recibir cuando estaba del otro lado.
Pelo y barba: lo que sí y lo que no
En la misma charla, Holder despejó otras dudas sobre su imagen. Confirmó que a comienzos de marzo se realizó un implante capilar para corregir las entradas que antes disimulaba con el corte de pelo, y negó haberse hecho retoques en el rostro. Los cambios en sus facciones, según dijo, son producto de la dieta y de la barba que empezó a usar, dos factores que, en conjunto, modifican bastante el contorno sin necesidad de pasar por un consultorio estético.
La pregunta que queda flotando, y que nos atraviesa a muchos más de los que nos animamos a admitirla, es cuánto de lo que vemos en redes es realmente un cuerpo sano y cuánto es una postal armada a fuerza de sacrificio y, en muchos casos, de química. Holder, al menos, tuvo la honestidad de mostrar las dos puntas del hilo y de advertir que ninguna era ejemplo de nada. Eso, en un paisaje acostumbrado a mostrar solo el resultado final, ya es bastante.
