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Tres meses, cuatro continentes y una silla de ruedas: la historia que empezó en una guardia nocturna

Fletcher Crowley se fracturó dos vértebras a los 17 años en un accidente de mountain bike. Años después, junto a su amigo Lachie Bennett, completó una vuelta al mundo que incluyó Hong Kong, los Alpes y un safari en Sudáfrica. La cocina donde arrancó todo.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acá en la cocina del centro de rehabilitación, todavía se acuerdan de aquella guardia nocturna. Eran las tres de la mañana, los pasillos estaban en silencio y ellos dos, Fletcher Crowley y Lachie Bennett, terminaron hablando de música, de ropa, de esos temas intrascendentes que a los veinteañeros les cambian el humor. Lo que ninguno de los dos imaginaba es que esa conversación, compartida entre infusions de mate y risas bajas, se iba a convertir años después en el arranque de un viaje de tres meses por cuatro continentes, con una silla de ruedas como equipaje inseparable.

Fletcher tenía 17 años cuando se fracturó dos vértebras en un accidente de mountain bike y quedó parapléjico. Hoy puede ponerse de pie y caminar algunos pasos, pero el esfuerzo lo deja sin aire en seguida. Lachie, su amigo de toda la vida, terminó trabajando como terapeuta en el mismo centro donde Fletcher hacía su rehabilitación. La ironía, dicen ellos, los reencontró en el lugar donde la vida les había puesto a prueba.

La coincidencia que los terminó de unir

Marta Rinaldi, 52, coordinadora del área de Terapia Física del centro, los conoce a los dos desde aquella cena. “Los veía en el office charlando como si fueran hermanos. Compartían el mate, se reían de las mismas cosas y, cuando se quedaban callados, también se entendían. Tenían un código”. Marta cuenta que los dos habían tenido episodios de ansiedad y que, en algún momento, empezaron a hablar del tema sin vueltas. “Ahí entendí que lo de ellos iba mucho más allá de juntarse a ver series o a charlar de música”. Esa coincidencia íntima, reconocen hoy, fue el cemento de la amistad.

Nosotros, aclara Lachie, no queríamos hacer un viaje épico ni un documental. “Lo nuestro era más simple: queríamos ver mundo juntos y dejar de postergarlo. Fletcher llevaba años soñando con Asia y yo nunca había salido de Oceanía. Una tarde nos apareció una oferta de vuelta al mundo con varias escalas y la compramos al día siguiente, casi sin pensarlo”. El itinerario que habían planeado para dos semanas terminó estirándose a noventa días: Hong Kong, Italia, Austria, Suiza, Países Bajos, Francia, España, Brasil y Sudáfrica, en ese orden.

La logística de cargar el mundo en la espalda

  • Hong Kong: Lachie cargó a Fletcher en la espalda para subir los 268 escalones que llevan al Gran Buda. “Llegar arriba fue un momento surrealista”, reconocieron después.
  • Suiza: una familia que los seguía por redes sociales los invitó a quedarse en su casa unos días.
  • Francia: se alojaron en la granja de ovejas de un conocido y durmieron una noche en una capilla del siglo X cerca de Niza.
  • Brasil: recorrieron la selva en cuatriciclo y se animaron a probar platos que hasta entonces les eran ajenos.
  • Sudáfrica: safari, buceo con tiburones y un vuelo en parapente que todavía aparece en los videos que suben a las redes.

No todo fue color de rosas, aclaran. Algunos sitios eran directamente inaccesibles para la silla de ruedas y hubo que buscar rutas alternativas o, directamente, apelar a la espalda de Lachie para subir escalones, cruzar pasarelas o meterse en lugares que no estaban preparados para una persona con movilidad reducida. “Puede requerir un poco más de planificación y a veces las cosas tardan más, pero encontramos la manera de que casi todo funcione”, resume Lachie, con la tranquilidad de quien ya pasó por esto varias veces.

Los primeros tramos los financiaron con ahorros propios. Cuando empezaron a subir videos del viaje, la respuesta fue tan grande que armaron una campaña de micromecenazgo que les dio margen para moverse con más soltura. Varias familias los hospedaron en el camino, una amiga de la infancia les prestó el campo en Francia y otra conocida les abrió las puertas de su casa en los Alpes suizos.

El lema que los acompaña

“El mundo no es accesible, nosotros lo somos.”Fletcher Crowley y Lachie Bennett

Volvemos a la cocina del principio, a esa guardia nocturna donde empezó todo. Fletcher y Lachie siguen trabajando juntos en el centro y, cada vez que pueden, planean la próxima escapada. Tienen la calculadora abierta y la mochila casi lista, dicen, porque la lista de lugares pendientes todavía les pesa más que la propia silla. Pero esa es, aclaran con una sonrisa, otra historia.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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