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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un bulto entre la leña y la lección que dejó en Cutral Co: cuando la fauna silvestre se cruza en la casa

Una comadreja enana apareció oculta en una pila de leña y los dueños llamaron a Guardafaunas antes de tocarla. El episodio, mínimo en tamaño pero enorme en enseñanza, vuelve a poner sobre la mesa qué hacer —y qué no hacer— cuando un animal silvestre aparece en el patio o adentro de la vivienda.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 35 d
Un bulto entre la leña y la lección que dejó en Cutral Co: cuando la fauna silvestre se cruza en la casa

A veces todo arranca con algo tan chico como un movimiento raro entre los troncos de la cocina. Yo me lo imagino así: una mañana cualquiera en Cutral Co, alguien apila leña para el fuego largo del mediodía y nota que algo se esconde ahí, casi como un nudo de pelusa que respira. Pesa menos que un paquete de galletitas. Mide menos que un cuaderno abierto. Y sin embargo paraliza a cualquiera, porque uno no espera encontrarse fauna silvestre en la casa, menos aún una comadreja enana, ese marsupial diminuto que parece un ratón con el que la naturaleza se apiadó del susto.

Acá en la cuenca del Neuquén, donde la estepa se mete hasta los patios y la leña llega en camiones desde la barda, el cruce entre vida doméstica y vida silvestre no es una rareza: es casi una vecindad. Por eso lo que pasó en esa vivienda sirve como manual criollo. Los ocupantes, en lugar de agarrar al animal o espantarlo a los gritos, hicieron lo más valioso que podían hacer: no lo tocaron y llamaron a la autoridad competente. Esa decisión, insignificante, es la que después salva al animal.

Qué pasó después del llamado

El equipo de Guardafaunas de Picún Leufú se acercó, evaluó al ejemplar con manipulación mínima —es decir, lo justo y necesario— y confirmó que estaba sano. Piel grisácea, vientre claro, manchas oscuras alrededor de los ojos, una cola que dobla el largo del cuerpo y que es prensil, capaz de enrollarse como un quinto miembro. En cuestión de horas, el animal volvió a su ambiente natural. El desenlace fue limpio porque el principio fue ordenado.

Por qué la comadreja enana no es un ratón

María Ester, vecina de 58 años que vive a pocas cuadras del episodio, me dijo mientras acomodaba el mate que ella de chica llamaba ratón a cualquier bicho chico que apareciera en el gallinero, y que recién de grande supo que existen las comadrejas americanas, una familia de marsupiales que en la Patagonia tiene representantes tan pequeños como la Thylamys pallidior. Entre 15 y 36 gramos de peso, entre 8,5 y 12 centímetros de cuerpo, y una cola que oficia de reserva de grasa para los inviernos duros. Es nocturna, discreta, rara de ver, y se alimenta de insectos, frutos y pequeños animalitos. Verla es un privilegio, no un problema.

“La fauna silvestre no es mascota, y protegerla es tarea de todos.”Dirección Provincial de Fauna de Neuquén

El contacto directo, aunque sea bien intencionado, puede estresar al animal, transmitir enfermedades o, peor todavía, acostumbrarlo a la presencia humana, lo que le reduce las chances de sobrevivir cuando vuelva al monte. Nosotros, los que vivimos en zonas donde el campo y la ciudad se rozan, solemos sentirnos responsables del bicho que apareció. Y lo estamos: responsables de dejarlo en manos de quien sabe. La ayuda más grande que un vecino puede darle a un animal silvestre es, paradojicamente, no ayudarlo.

Vuelvo a la cocina del principio. La leña ya está acomodada, la estufa empieza a tirar el primer calor y la comadreja, mientras tanto, recorre la estepa neuquina con su cola cargada de grasa, lista para el frío que se viene. Si alguna vez te pasa algo parecido —y en esta cuenca puede pasarte—, ya sabés: mirá, no toques, y marcá el número de Fauna. La fauna silvestre, como decía el cartel del guardafauna, no es mascota. Es vecina de otra escala del barrio, y se merece el mismo respeto que le damos a la gente de casa.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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