Un cuarto de siglo después del 11-S: cómo se reconfiguró la seguridad en los aeropuertos y qué debe saber hoy el pasajero que sale desde la Argentina
Los controles que rigen en casi todos los aeródromos del mundo nacieron como respuesta a los atentados de septiembre de 2001 y se consolidaron después de los intentos de bomba con zapatos y líquidos. Una guía completa para entender qué cambió, qué sigue vigente y cómo planificar el paso por la terminal sin sobresaltos.
A veinticinco años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las medidas de seguridad que se aplican en los aeropuertos de prácticamente todo el planeta son, en buena medida, hijas directas de lo que ocurrió aquel día en Nueva York, Washington y Pensilvania. Para el viajero frecuente buena parte de esos controles ya forman parte del ritual: sacar la y los líquidos, pasar por el escáner corporal, mostrar el calzado, hacer fila detrás de un panel con el símbolo de la Transportation Security Administration. Pero para quien viaja menos seguido, o para quien está por tomar un vuelo al exterior y quiere evitar sorpresas en el mostrador, vale la pena repasar qué cambió, por qué cambió y qué reglas siguen plenamente vigentes, porque muchas de ellas llegaron para quedarse y se endurecieron con el correr de los años, en un proceso que todavía no terminó.
Cómo se rediseñó la seguridad después de los atentados
El primer cambio visible fue institucional: en noviembre de 2001, apenas dos meses después de los ataques, Estados Unidos creó la Administración de Seguridad del Transporte, conocida por su sigla TSA, que reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se ocupaban de los controles y pasó a depender del Departamento de Seguridad Nacional. Por primera vez, la seguridad aeroportuaria quedó en manos de un cuerpo federal con inspectores propios, protocolos estandarizados y poder de decisión sobre qué objetos podían pasar la línea de embarque. Con el tiempo, el modelo se exportó, con variantes, a Europa, Canadá, Australia y, en menor medida, a buena parte de América Latina, donde muchos países adoptaron procedimientos recomendados por la OACI, la Organización de Aviación Civil Internacional, y por los organismos regionales que siguieron de cerca las medidas norteamericanas.
La segunda ola de cambios llegó de la mano de dos intentos de atentado que pusieron en evidencia fallas concretas del sistema. En diciembre de 2001, un hombre intentó detonar explosivos ocultos en el interior de sus zapatos durante un vuelo interno en Estados Unidos; el dispositivo no funcionó, pero el episodio obligó a introducir controles de calzado que aún hoy se aplican, con criterios distintos según el aeropuerto: en algunos se exige sacar todos los zapatos, en otros solo el calzado voluminoso, y la tendencia es avanzar hacia escáneres que detectan anomalías sin necesidad de quitárselos. Cuatro años más tarde, en agosto de 2006, las autoridades británicas desbarataron un plan para vuelos transatlánticos con explosivos líquidos ocultos en botellas de bebida, y a partir de allí quedó fijada la regla de los 100 mililitros que sigue vigente en casi todo el mundo.
Qué reglas rigen hoy para el equipaje de mano
El punto que más confusión genera entre los pasajeros es el de los líquidos en el carry on. La norma es bastante clara cuando se la lee con detenimiento: no se puede llevar líquidos, geles, cremas, aerosoles ni pastas sin respetar un tope. En la mayoría de los países, el máximo permitido es un litro total, repartido en envases individuales de hasta 100 mililitros cada uno, todos dentro de una bolsa plástica transparente resellable de aproximadamente 20 por 20 centímetros. Los medicamentos líquidos, la comida para bebés y los productos adquiridos en las tiendas du duty free después del control suelen tener excepciones, pero conviene llevar receta o comprobante para evitar discusiones en el scanner. Los dispositivos electrónicos grandes, sobre todo notebooks y tabletas, deben retirarse de la mochila y colocarse en una bandeja aparte, una rutina que se volvió habitual después de varios intentos de ocultar componentes sospechosos dentro de equipos de uso cotidiano.
- Líquidos, geles y aerosoles: hasta 100 ml por envase, en bolsa transparente con cierre, con un tope total cercano al litro.
- Calzado: en muchos aeropuertos hay que sacárselo; en otros, sólo el de caña alta o suela gruesa; los escáneres modernos tienden a eliminar la exigencia.
- Electrónicos: notebooks, tabletas y cámaras deben ir en bandeja aparte, fuera de la mochila.
- Objetos punzantes: quedan prohibidos en cabina tijeras, cortaúñas tipo alicate, cúter y encendedores de gran tamaño.
- Acceso a la cabina: la puerta es blindada y nadie puede entrar durante el vuelo; las tripulaciones están entrenadas para contener incidentes.
Cuánto tiempo antes hay que llegar al aeropuerto
Un dato que muchos subestiman es que los controles posteriores al 11-S alargaron, en promedio, los tiempos de paso por la terminal. Las recomendaciones generales que repiten las aerolíneas y los organismos reguladores son las siguientes: para vuelos internacionales se sugiere llegar con al menos tres horas de anticipación, y para vuelos de cabotaje, con dos. En temporada alta, en aeropuertos congestionados o cuando se viaja con familia y equipaje extra, conviene agregar un margen adicional de treinta a sesenta minutos para evitar perder el embarque por una fila inesperada en el scanner o en la cola de migraciones.
En el caso argentino, la empresa de bandera suele difundir sus propios tiempos de presentación en mostrador, que pueden coincidir o ser un poco más estrictos que los de la regulación local, y recomienda llegar con margen para completar los controles de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y, cuando corresponde, los trámites de migraciones y aduana. Antes de armar el bolso, entonces, lo más sensato es chequear en el sitio oficial del aeropuerto y en el de la aerolínea los requisitos específicos del vuelo, porque las reglas generales admiten excepciones, y una preparación adecuada puede evitar que el viaje empiece con una mala experiencia en la manga de embarque.
