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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Un parásito silencioso en la caja de arena: qué hallaron en miles de gatos y por qué importa en la casa

Un relevamiento en más de 157 mil muestras en América del Norte mostró qué tan frecuente es la giardia en los felinos y en qué casos puede saltar a las personas.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 2 d
Un parásito silencioso en la caja de arena: qué hallaron en miles de gatos y por qué importa en la casa

En la cocina de Marta, una vecina de 54 años que tiene dos gatos en el departamento de toda la vida, la pregunta aparece cada vez que uno de ellos vuelve del balcón con el pelo revuelto y la panza rara: ¿se puede contagiar algo? Acá en la cuenca, donde muchos comparten el barrio con animales que entran y salen, la respuesta se volvió más clara después de un estudio reciente que revisó 157.616 muestras de materia fecal de gatos domésticos en Estados Unidos y Canadá. La investigación, publicada en la revista PLOS One, aporta el mapa más detallado hasta ahora de un parásito intestinal que suele pasar desapercibido, pero que en determinadas situaciones puede llegar a las personas.

El protagonista del hallazgo es Giardia duodenalis, un protozoo que se aloja en el intestino y se contagia por quistes que salen al ambiente con las heces. El trabajo detectó al parásito en el 6,3 % de los gatos analizados, es decir, en 9.962 animales. Lo más importante para los hogares es que, dentro de ese porcentaje, el 18,5 % portaba las variantes genéticas A y B, las que pueden infectar tanto a humanos como a otros mamíferos. El resto estaba infectado con el ensamblaje F, que es mucho más específico de los felinos y rara vez se transmite a las personas.

Los más chicos son los más expuestos

Una de las conclusiones más claras del relevamiento es que la edad pesa mucho. Los gatos menores de un año tuvieron una tasa de infección del 10,7 %, casi ocho veces más alta que la de los adultos, que apenas alcanzó el 1,3 %. Entre los positivos jóvenes, el 19,7 % presentó las variantes A o B, las que pueden pasar a las personas. Según los autores, esto se explica por una mezcla de factores: los cachorros comparten cajas de arena, maman, se lamen entre ellos y todavía están terminando de armar sus defensas intestinales.

En diálogo con este medio, fuentes veterinarias subrayaron que tener el parásito no significa ver un gato enfermo. Muchos lo portan sin mostrar señales y, aun así, eliminar quistes al ambiente. Cuando aparecen, los síntomas más comunes son diarrea, heces blandas o líquidas, abdomen distendido, pérdida de apetito, decaimiento o pérdida de peso. Ninguno de esos signos confirma por sí solo la presencia de Giardia, por lo que siempre se necesita un examen coproparasitario o, idealmente, una PCR que detecta el ADN del parásito.

  • Lavarse las manos después de limpiar la caja de arena o manipular las heces del gato.
  • Higienizar la bandeja con agua caliente y lavandina diluida, y renovar la arena con frecuencia.
  • Evitar que el gato beba agua de cloacas, charcos o inodoros, y mantener al día los controles veterinarios.
  • Llevar al animal a consulta si presenta diarrea persistente, decaimiento o pérdida de peso, sobre todo en cachorros menores de un año.
  • Consultar al médico si una persona del hogar empieza con diarrea, dolor abdominal o cansancio y convive con un gato infectado.

El contacto cotidiano y el riesgo real

El parásito se mueve por quistes que sobreviven en el agua, la tierra, los objetos y las superficies. Por eso el riesgo no aparece por estar cerca del gato, sino por la falta de higiene después del contacto con materia fecal. El estudio aclara que detectar Giardia en un animal no implica automáticamente que haya contagio a las personas del hogar, pero sí señala que ese gato necesita control veterinario y que la familia tiene que reforzar los cuidados.

Volviendo a la cocina de Marta, lo que esta investigación le deja a cualquier familia con gatos es bastante concreto: el parásito está, los más chicos lo cargan más, y las variantes que pueden pasar a humanos existen, aunque no sean las más frecuentes. Convierta la caja de arena en una rutina limpia y al primer signo raro, consulte al veterinario. Es la manera más simple de cortar el circuito antes de que el problema se asiente en la casa.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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