Una ventana abierta a la paternidad: el autotrasplante testicular que se probó por primera vez en el Reino Unido
Un joven de 19 años volvió a recibir su propio tejido conservado en congelación desde los 16. El procedimiento, todavía experimental, se hace en Edimburgo y abre un camino para quienes perdieron fertilidad por tratamientos oncológicos.
Imaginate por un momento una cocina cualquiera del conurbano profundo: la pava silbando, una radio de fondo, la vecina Marta, 53 años, que te pregunta mientras revuelve el mate cómo se explica que un chico de diecinueve años pueda llegar a ser padre después de una quimioterapia que le había borrado toda posibilidad. La pregunta no es menor, porque acá en la cuenca del Plata la fertilidad todavía se charla en voz baja, como si fuera un tema ajeno, y sin embargo atraviesa a miles de familias que pelean contra el cáncer en la adolescencia o en la juventud. Lo que acaba de ocurrir en el Reino Unido tiene que ver exactamente con eso: con devolverle a un muchacho una chance que la medicina, al salvarle la vida, le había quitado.
El protagonista de esta historia, cuya identidad se mantiene en reserva y que apenas conocemos por un testimonio que trascendió, escuchó en agosto de 2026 la noticia más esperada de los últimos tiempos: un equipo del NHS Lothian y de la Universidad de Edimburgo le reimplantó una porción de su propio tejido testicular, que él mismo había guardado en 2023, a los dieciséis, antes de someterse a un trasplante de médula ósea. Aquella decisión, tomada en medio de una urgencia y con el cuerpo todavía sano, fue la que ahora le abre una puerta. Tres años después, los análisis confirmaban lo que se temía: no producía espermatozoides, y la quimioterapia de alta intensidad necesaria para tratar su trastorno sanguíneo le había vaciado la fábrica de manera irreversible.
Una técnica que todavía se escribe en futuro
El procedimiento es experimental y se trata de la primera intervención de este tipo en territorio británico. La lógica es simple de explicar pero compleja de ejecutar: el tejido testicular contiene unas células llamadas espermatogonias, que son como células madre precursoras de los espermatozoides. La hipótesis es que, una vez congeladas y vueltas a introducir en el mismo organismo, puedan reactivarse en el ambiente del testículo y retomar la producción. Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo en Edimburgo y responsable del equipo, lo dijo con prudencia: la técnica todavía debe demostrar que permite obtener espermatozoides y llegar a nacimientos de manera segura y repetible, no solo una vez.
“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, en declaraciones recogidas por el equipo médico
Nosotros, los que contamos estas historias desde hace años, sabemos que la palabra esperanza pesa distinto cuando la pronuncia alguien que ya pasó por un trasplante de médula. Por eso la frase del joven, breve y medida, dice más de lo que parece: habla de una aceptación previa, de un duelo atravesado, y de una puerta que se vuelve a abrir sin promesas exageradas.
Qué se analiza y qué se descarta antes de cantar victoria
- A los ocho meses del trasplante, los médicos retirarán una porción del tejido reimplantado para verificar si se produjo espermatogénesis, es decir, si efectivamente comenzaron a fabricarse espermatozoides.
- Si aparecen espermatozoides, se evaluará si son aptos para técnicas de reproducción asistida, como una fecundación in vitro.
- En pacientes con antecedentes oncológicos, el protocolo exige estudios histológicos, inmunohistoquímica y marcadores moleculares para descartar que el tejido reimplantado contenga células malignas residuales.
El antecedente belga y el espejo argentino
El ensayo que ahora avanza en Edimburgo tiene un antecedente cercano en Bélgica, donde un hombre de 27 años, al que le habían congelado tejido testicular cuando tenía 10, produjo espermatozoides maduros después de que se reimplantaran fragmentos dieciséis años más tarde. Hasta ahora, según el material disponible, no se comunicó una fecundación ni un nacimiento a partir de ese material, lo que muestra que el camino sigue abierto y que cada paso se da con cautela. En la Argentina, la Ley 26.862 incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos, un marco que pone a nuestro país, al menos en el papel, a tono con este tipo de debates. Como le decía esta mañana a Marta, mientras le cebaba el tercer mate: la medicina avanzó hasta permitirnos guardarle un pedacito de futuro a un chico de dieciséis que todavía no sabe qué quiere ser, pero que ya tiene dónde sembrar la posibilidad de ser padre.
