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Verónica vende dos plantas y se queda corta: con lo que recauda no cubre ni dos de cada diez pesos de la deuda que dejó acumular

La láctea centenaria acordó ceder sus establecimientos de Clason y Suardi a dos firmas con las que ya trabajaba bajo contratos de fasón. La operación, atada al OK del juez del concurso, aporta 15,5 millones de dólares frente a un pasivo declarado de unos 77 millones de dólares. Los 225 trabajadores de ambas fábricas pasarían a manos de los nuevos operadores.

Por Alejandro SubiabreMinería y carbón · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En el socavón de la láctea más vieja del país la cuestión ya no pasa por discutir modelos de gestión ni proyecciones financieras en una oficina de Buenos Aires. Pasa por saber si los 225 operarios de Clason y Suardi cobran el sueldo de este mes o engrosan la lista de los que esperan desde enero. La empresa Verónica, fundada en 1923 y con pie operativo en la provincia de Santa Fe, acaba de anunciar la venta de sus dos plantas santafesinas a sendas sociedades con las que ya tejía contratos de fasón, un esquema por el que un elaborador produce en instalaciones ajenas con sus propios equipos. Lo recaudado, 15,5 millones de dólares, es una foto parcial del problema: apenas un veinte por ciento del pasivo total declarado.

Según consta en el expediente del concurso preventivo que tramita ante el Juzgado Comercial N° 17, la operación se cierra de este modo: la planta de Clason pasa a Lacterra S.A.S. por nueve millones de dólares, y la de Suardi queda en manos de Copalac S.A.S. por 6,5 millones. Ambos acuerdos incluyen el inmueble, la maquinaria y los activos vinculados a cada establecimiento. Los compradores no son del rubro ni del vínculo comercial: Copalac ya está usando Suardi desde el mes pasado y reabrió una fábrica que llevaba ocho meses detenida; Lacterra firmó un contrato de fasón en Clason en julio, aunque todavía no arrancó a producir porque las instalaciones estaban siendo acondicionadas, paralizadas desde enero.

Lo que falta para que la venta sea operativa

La transferencia no se firma de un día para el otro. El juzgado le pidió a la empresa que acredite los estatutos y la composición accionaria de Lacterra y Copalac, que explique con qué criterios eligió a esos compradores, que detalle sus antecedentes comerciales y financieros y, sobre todo, que diga si hubo otras ofertas sobre la mesa. Mientras esa documentación no llegue y el magistrado no homologue, los 225 puestos existen en los papeles pero no en los bolsillos.

La foto de la deuda, al 30 de junio de 2026, da cuenta de la profundidad del pozo: 118.496 millones de pesos, de los cuales 76.245 millones son obligaciones fiscales y previsionales, 26.861 millones son deudas comerciales, 10.357 millones son laborales, 4.211 millones son financieras y el resto se reparte entre conceptos menores. Reconvertida a moneda dura con el tipo de cambio de referencia, la compañía declara alrededor de 77 millones de dólares de pasivo total, contra los 15,5 que espera ingresar por las dos ventas.

  • Clason se vende a Lacterra S.A.S. por 9 millones de dólares, con 225 empleados absorbidos por la compradora en caso de homologarse.
  • Suardi se vende a Copalac S.A.S. por 6,5 millones de dólares, con la continuidad operativa ya en marcha desde el mes pasado.
  • La tercera planta, en Lehmann, sigue inactiva: 112 trabajadores a la espera de un plan de reactivación que la empresa dice estar evaluando.
  • La deuda total declarada al 30 de junio de 2026 llega a 118.496 millones de pesos, equivalentes a unos 77 millones de dólares.
  • Las ventas de 2025 cayeron 26,5 por ciento interanual: de 94.798 a 69.692 toneladas, con pérdidas de 28.549 millones de pesos frente a una ganancia de 3.414 millones en el ejercicio previo.
  • Los salarios no se pagan desde enero de este año.

La compañía atribuye la crisis a tres coordenadas que conviene mirar de cerca. La primera es el derrumbe del volumen vendido: 26,5 por ciento menos en 2025, con la sangría de 94.798 a 69.692 toneladas, caída que ningún repunte de precios en góndola compensa cuando se pierde esa cantidad de litros en el mercado interno. La segunda es el resultado final: pérdidas de 28.549 millones de pesos en el último balance anual, contra una ganancia de 3.414 millones en el período anterior, un volantazo de más de 30.000 millones en un solo ejercicio. La tercera es la iliquidez: desde enero, Verónica no abona salarios, lo que transformó a las dos plantas en una suerte de Administración Nacional de la Seguridad Social paralela para 225 familias que cobran, cuando cobran, por la vía del Fondo de Desempleo o de los Repro, pero nunca por la puerta de la empresa.

La lectura de fondo es que la láctea está canjeando capacidad instalada por oxígeno financiero a costa de los puestos de quienes ya trabajaban en esas líneas. Lacterra y Copalac llegan con contratos de fasón previos, saben cómo se opera la maquinaria, conocen a los capataces y hasta ya pusieron a producir Suardi. Esa cercanía explica por qué la operación se cocina rápido y por qué el juez exige ahora el árbol genealógico accionario de las compradoras: quiere saber si detrás de los S.A.S. no hay un mismo directorio con otra camiseta, y si las ofertas rechazadas, si las hubo, fueron genuinas o un simple trámite para llegar a este resultado predeterminado.

Mientras tanto, la planta de Lehmann sigue de brazos cruzados. Sus 112 empleados dependen de lo que la propia empresa defina como “alternativas para reactivarla”, una fórmula que, traducida del lenguaje corporativo, significa que no hay plan cerrado ni fecha cierta. Con dos de tres plantas vendidas y la tercera sin operación, Verónica deja de ser una láctea integrada para pasar a ser, en los hechos, una marca y un puñado de contratos de fasón administrados desde una oficina porteña.

Lo que se observa en Clason y Suardi es un salvataje quirúrgico: la empresa entrega los galpones, los tanques y las líneas de envasado a cambio de 15,5 millones de dólares que no cierran ni dos de cada diez pesos del pasivo acumulado, y a cambio también se saca de encima a 225 trabajadores que ya no figuran en su recibo de sueldo. El resto de los acreedores, empezando por la AFIP y la ANSES, queda en lista de espera hasta que el juez homologue la propuesta de pago que la concursada termine presentando.

La última promesa incumplida con la que cargan los operarios tiene fecha y firma: desde enero de 2026 la empresa no abona salarios. Esa es la vara con la que hay que medir la próxima comunicación oficial de Verónica. Si el juez aprueba las cesiones, Lacterra y Copalac tomarán a los trabajadores bajo su recibo; si no, los 225 puestos quedan a la intemperie. Y la tercera planta, con sus 112 empleados, seguirá esperando.

“La empresa láctea Verónica vendió dos plantas para tapar apenas un veinte por ciento de una deuda de 118.496 millones de pesos. Mientras tanto, desde enero no paga salarios. La Justicia debe homologar la operación para que 225 operarios de Clason y Suardi pasen a cobrar por Lacterra y Copalac, y el Gobierno nacional todavía no se pronunció sobre la situación de los 112 trabajadores de Lehmann ni sobre la deuda fiscal y previsional que la concursada mantiene con el Estado.”Alejandro Subiabre, Minería y carbón
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Alejandro SubiabreMinería y carbón

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