ViveRo, diez años después: la frase de Giordano que Yankelevich no puede digerir
A veces uno vuelve a ver un video y entiende por qué quedó flotando en el aire tanto tiempo. En septiembre de 2018, el Teatro Gran Rex se llenó de globos, de luces y de aplausos para recordar a Romina Yan, que ese día hubiera cumplido 44 años, y yo estuve ahí, como tantos, mirando a sus hijos subir a un escenario enorme mientras cantaban por una madre que ya no estaba. La imagen era luminosa por fuera y, como se supo mucho después, bastante más complicada por dentro, porque Darío Giordano, su ex marido, dio aquella noche una nota a la prensa hablando de sus hijos como si nada hubiera pasado, y esa declaración quedó archivada en algún lugar de internet hasta que volvió a circular hace muy poco, cuando Valentín habló públicamente de episodios de violencia que él y su hermano habrían atravesado con su padre.
Ahora, en medio del ruido que generaron esas declaraciones, salió a hablar el productor Gustavo Yankelevich, abuelo de los chicos y uno de los cerebros del espectáculo ViveRo, y lo que dijo me sirve para ordenar lo que muchos lectores me vienen preguntando en estas últimas semanas: si Giordano había sido invitado al homenaje. La respuesta fue corta y contundente, casi como un cachetazo de aire frío en medio del verano porteño: nadie lo había invitado, él apareció igual, porque en lugar de mandar a su hija Azul con otra persona la llevó él, la esperó y entonces, claro, terminó frente al micrófono.
Habló como si los chicos hubieran estado felices viviendo con él
En una de sus respuestas, Yankelevich recordó lo que sintió esa noche cuando vio las imágenes de Giordano hablando ante los cámaras y citó esa frase que a mí, sinceramente, también me quedó dando vueltas en la cabeza, porque lo vi y no lo puedo creer, textuales sus palabras, cuando un padre se presenta ante la prensa y describe una realidad que, según su propio relato familiar, ya no era la que estaban viviendo sus hijos.
Porque resulta que para aquel septiembre de 2018, Franco y Valentín ya hacía tres años que vivían con Yankelevich, o sea que para cuando el productor los vio subir al escenario del Gran Rex para cantar por Romina, ellos ya estaban bajo su cuidado, y eso le da a toda la escena una carga muy especial, una mezcla entre homenaje, defensa y reconstrucción de un hogar que se había roto mucho antes de que el público lo supiera.
El propio Yankelevich contó cómo arrancó todo, y vale la pena contarlo porque muestra cómo se mueven estas familias por dentro cuando algo empieza a funcionar mal. Fue Cris Morena, la productora y creadora de Casi Ángeles, la que un día le mandó un mensaje muy concreto, casi un alerta de madre: estoy pasando algo raro, prestale atención a los chicos. Yankelevich le hizo caso, habló con Franco, y el adolescente le dijo que quería irse a vivir con él. Cuando Yankelevich le preguntó por qué, la respuesta fue la que ningún abuelo quiere escuchar: su padre lo había golpeado cuando se enteró de ese pedido.
“Si mediatizábamos este tema, los nenes no iban a lograr su objetivo, que era que me pudieran dar la tenencia a mí.”Gustavo Yankelevich
La familia decidió entonces pisar el acelerador en la Justicia y pisar el freno en los medios, una combinación que suele ser criticada desde el afuera pero que, vistas las cosas en perspectiva, terminó cuidando a los chicos hasta que el expediente llegó a buen puerto. Después de la denuncia y de las idasias que son habituales en estos casos, los dos varones quedaron formalmente bajo el cuidado de Yankelevich, y desde entonces se sucedieron los momentos compartidos, los escenarios familiares, las notas y los videos que hoy, con el diario del lunes, se leen de otra manera.
La sala antes que el show
Antes de pasar al show, que es lo que la gente recuerda, vale la pena quedarse un rato en el Galpón del Gran Rex, esa mole de la calle Corrientes que muchas veces parece una catedral del variedades, porque en septiembre de 2018 se transformó en un altar para una actriz que murió muy joven y se transformó también, sin que el público lo supiera, en una suerte de escenario paralelo donde un padre se mostró ante las cámaras como si su historia fuera una, mientras la Justicia empezaba a escribir otra.
Sobre el escenario, en cambio, la noche fue redonda: Lali Espósito, Abel Pintos, Luciano Pereyra, Patricia Sosa, entre otros artistas, le cantaron a Romina Yan en lo que fue uno de los tributos más sentidos de los últimos años, con un show que se emitió en vivo por Telefe y hasta tuvo su pantalla gigante montada sobre la Diagonal Norte, en pleno microcentro porteño, para que la gente que no había conseguido entrada pudiera al menos verlo desde la vereda de enfrente, una postal que a mí me sigue pareciendo de las más bonitas que dio aquel 2018.
