Volver al gimnasio después de una pausa: por qué el cuerpo no empieza de cero
Un estudio de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign describe cómo músculos e hígado conservan marcas del entrenamiento previo, incluso tras semanas sin moverse. La clave está en ciertas enzimas y en la forma en que las células reorganizan su energía.
La cocina de Marta Andrade, 52 años, queda en un tercer piso por escalera en un barrio de la zona norte del Gran Buenos Aires. Hace tres meses se torció el tobillo derecho jugando al padel y dejó de entrenar. Antes del accidente iba tres veces por semana a un gimnasio de la esquina y salía a correr los sábados por la rambla. "Cuando paré pensé que se me había borrado todo, que iba a tener que empezar de nuevo, como cuando tenía veinte años y no podía subir ni dos pisos sin ahogarme", cuenta mientras revuelve el café con una cuchara de madera, todavía con la cánula del kinesiólogo apoyada sobre la mesa. Esta semana volvió a la cinta y, para su sorpresa, aguantó cuarenta minutos sin que le explotaran los pulmones. "No es lo mismo que antes, pero tampoco es empezar de cero", dice. Esa intuición, que muchos comparten en el barrio y en los grupos de running, es la que empezó a tomar forma en los laboratorios de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, en Estados Unidos, donde un equipo de investigadores describe con detalle qué le queda guardado al cuerpo cuando uno deja de entrenar durante un tiempo.
Qué encontraron en músculos e hígado
Qué encontraron en músculos e hígado
Los autores del trabajo, Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang, plantearon una pregunta sencilla: cuando alguien deja de hacer actividad física durante semanas o meses y después vuelve, ¿el organismo responde como si nunca hubiera entrenado o conserva alguna huella de lo que hizo antes? Para responderla diseñaron un protocolo con ratones que entrenaron durante entre cuatro y ocho semanas, luego permanecieron inactivos y finalmente fueron reentrenados. Al comparar a esos animales con otros que jamás habían hecho ejercicio, aparecieron diferencias concretas en dos órganos clave: el músculo y el hígado.
- Músculo: al retomar la actividad, los animales con entrenamiento previo desarrollaron fibras musculares más grandes y aprovecharon mejor la energía disponible durante el esfuerzo. Esa ventaja se sostuvo incluso en el período de pausa, lo que sugiere que algunas adaptaciones no se borran con la inactividad.
- Hígado: un segundo estudio, publicado en 2026 en Molecular Metabolism, detectó una mayor presencia de carboxilesterasas hepáticas en ratones y personas que volvieron a entrenar tras una pausa. Esas enzimas descomponen las grasas en sangre para que el músculo las use como combustible, lo que mejora la coordinación energética entre ambos órganos al moverse otra vez.
En criollo, y como me lo explicó una de las investigadoras del equipo cuando le consulté por teléfono desde acá en la cuenca, lo que ocurre es que el hígado parece acordarse de que el cuerpo era de los que se movía, y deja listas ciertas herramientas químicas para cuando llegue la hora de volver. Nosotros, los que alguna vez entrenamos en serio, cargamos con una especie de memoria metabólica que facilita el regreso, aunque la fuerza y la resistencia hayan bajado mientras tanto.
Memoria celular: una idea que ya se conocía, ahora con más piezas
Los investigadores aclaran que la noción de memoria celular no es nueva en biología. Las neuronas almacenan información a través de sus conexiones, y el sistema inmunitario reconoce agentes que ya enfrentó, por eso funcionan las vacunas. Lo que el trabajo de Illinois suma es la evidencia de que las células musculares, las hepáticas, las de la piel y las del tejido adiposo también guardan registros de experiencias pasadas, aunque todavía no se sabe con precisión cuánto tiempo dura esa información ni a través de qué mecanismo exacto se conserva. Es, en palabras de los autores, como si cada órgano tuviera un cuaderno donde anota lo que aprendió, y lo consultara cuando la rutina vuelve a exigirle esfuerzo.
Marta escucha esto y se ríe, mientras apoya la taza sobre la mesa y mira por la ventana de la cocina, donde se ve la esquina del kiosco donde antes compraba agua después de correr. "Entonces mi cuerpo se acuerda", dice, como quien recibe una buena noticia a destiempo. Le digo que sí, que se acuerda, pero que la pausa no es gratis. Tras varias semanas sin actividad disminuyen la capacidad cardiovascular, la fuerza y la respuesta del organismo a la insulina, así que volver siempre implica un período de readaptación. La memoria ayuda, pero no hace magia: el corazón, los pulmones y los músculos necesitan su tiempo para reacomodarse, y la constancia sigue siendo, como recomiendan los profesionales, la mejor inversión a largo plazo. Lo que la ciencia empieza a mostrar es que, cuando uno vuelve, no parte del mismo lugar que el sedentario crónico, y eso, para quien alguna vez entrenó y tuvo que parar, es una pequeña pero concreta diferencia.
Qué dice la evidencia y qué falta
El trabajo se publicó originalmente en 2025 en American Journal of Physiology-Cell Physiology, con foco en el músculo, y se completó en 2026 con la publicación en Molecular Metabolism sobre el componente hepático. Ambos estudios combinaron experimentos con modelos animales y observaciones en personas, lo que refuerza la idea de que la respuesta no es exclusiva de los ratones de laboratorio. Los investigadores, sin embargo, son prudentes: todavía no pueden precisar cuánto tiempo se mantiene esa huella, ni si se hereda de un tipo de entrenamiento a otro, como pasar de pesas a correr. Por eso insisten en que el hallazgo no reemplaza la recomendación clásica de moverse con regularidad, sino que la complementa: explica por qué el regreso nunca es tan duro como la primera vez, y por qué vale la pena no bajar los brazos cuando la pausa, por lesión, enfermedad, embarazo o trabajo, se vuelve inevitable.
“Esa especie de cuaderno donde el cuerpo anota lo que aprendió es lo que hace que, al volver, uno no empiece exactamente desde cero, aunque la pausa deje huellas visibles en la fuerza y en el corazón.”Griselda Muñoz, Sociedad y vida
