Córdoba serrana: dos pueblos a 41 kilómetros para escaparse entre cerros, silencio y rutinas de bienestar
Capilla del Monte y San Marcos Sierras se reparten el protagonismo de una escapada que combina caminatas, yoga y noches estrelladas en el corazón de las Sierras Chicas, con alojamientos pensados para meditar y comer consciente.
A poco más de 1.500 kilómetros del glaciar Perito Moreno y bien lejos del frío patagónico, en el norte de Córdoba dos pueblos separados por apenas 41 kilómetros se ofrecen como complemento casi perfecto para una escapada de desconexión: Capilla del Monte, con el cerro Uritorco como telón de fondo, y San Marcos Sierras, donde el monte y el río marcan el ritmo de las caminatas y de las noches estrelladas. Yo, que vengo de contarles paisaje austral tras paisaje austral, me permito esta vez cambiar de aires sin perder la costumbre de abrir la nota situándolos en el mapa, porque aquí la orientación también cuenta: estamos en el departamento Punilla, en lo que se conoce como Sierras Chicas, y la ruta que une a ambos pueblos se transita en poco más de media hora.
La idea que proponen los hospedajes de la zona es simple y a la vez tentadora: armar una estadía que combine la energía del cerro con la quietud de los espacios de meditación, y repartir las noches entre los dos destinos o bien usar uno como base y dedicarle una jornada completa al otro. Lo que cambia de un pueblo al otro es el matiz: en Capilla del Monte pesan los cerros y la oferta de bienestar con yoga; en San Marcos Sierras pesan el río, el monte y un perfil más ligado al silencio y a la vida al aire libre.
Capilla del Monte: frente al Uritorco, con un espacio de yoga nacido en el hotel
En Capilla del Monte, el hotel Terrazas del Uritorco diseñó Inti Puka, un área específica para la meditación, el yoga y las prácticas de bienestar personal, con vista directa a los cerros Uritorco, Overo y las Gemelas. La dueña del establecimiento, Clara Christophersen, vincula este interés con una tendencia más amplia: la búsqueda de hábitos saludables y experiencias de introspección que se instalaron con fuerza entre los viajeros. Ella lleva tres décadas ligada a estas propuestas en la región, donde también puso en marcha un espacio artesano naturista que funciona como bar de comida consciente, una manera de cerrar el círculo entre cuerpo, alimentación y paisaje. Para Christophersen, el magnetismo del Uritorco no es un detalle menor: el cerro, con sus 1.949 metros, es uno de los puntos más convocantes del noroeste cordobés y suma su propia cuota de mística a cualquier escapada centrada en la calma.
San Marcos Sierras: hostería vegetariana, monte a pie y noches para mirar arriba
Del otro lado de los 41 kilómetros, San Marcos Sierras se presenta con un perfil más terrenal y, al mismo tiempo, más silencioso. Gustavo Chiozzini, propietario junto a Marisa Wagner de la hostería Cielo y Tierra, lo resume en una idea: el monte y el río están al alcance de los paseos a pie, sin necesidad de traslados largos ni de logística complicada. El lugar, de tipo vegetariano, reúne piscina, un parque amplio y una sala destinada a la meditación, de modo que el visitante puede alternar caminatas cortas con momentos de quietud sin moverse del alojamiento. Cuando cae el sol, el atractivo se corre hacia arriba: Chiozzini destaca los cielos despejados y la nitidez de las noches estrelladas, un recurso que en la zona sigue siendo uno de los grandes argumentos para elegir este pueblo por sobre destinos más urbanizados.
A ese combo de naturaleza y silencio se le suma un condimento histórico que a mí, como cronista, me resulta imposible pasar por alto: San Marcos Sierras fue uno de los puntos de encuentro del movimiento hippie argentino en la década de 1970, y todavía hoy se perciben huellas de aquel paso en la estética del pueblo, en su ritmo de vida y en la tolerancia a las prácticas de meditación y vida comunitaria que entonces llegaron para quedarse.
- Capilla del Monte funciona como base con hoteles que suman espacios de yoga y meditación, como Terrazas del Uritorco, que creó el área Inti Puka con vista al Uritorco, al Overo y a las Gemelas.
- San Marcos Sierras aporta el lado monte y río, con hospedajes vegetarianos como Cielo y Tierra, que tiene piscina, parque y sala de meditación propia.
- Separadas por 41 kilómetros, las dos localidades se pueden combinar en una sola escapada, ya sea con base fija y excursión de día, o repartiendo noches en cada pueblo.
- La dueña de Terrazas del Uritorco, Clara Christophersen, asocia el interés de los visitantes con la búsqueda de hábitos saludables y experiencias de introspección, en una región donde ella trabaja desde hace tres décadas.
- El propietario de Cielo y Tierra, Gustavo Chiozzini, resalta que el silencio, el cielo despejado y las caminatas cortas hasta el monte y el río son los principales atractivos de San Marcos Sierras.
Cuándo conviene ir y cómo conviene vestirse
Si tuviera que cerrar esta nota con una recomendación de temporada, como suelo hacer cuando los cerros se parecen más a una postal que a un destino, les diría que la mejor ventana para visitar Capilla del Monte y San Marcos Sierras va de marzo a mayo y de septiembre a noviembre: el clima de las Sierras Chicas en otoño y en primavera suele ser benigno, con máximas que rondan los 22 a 26 grados y mínimas frescas que bajan a los 8 o 10, ideales para caminar y para sentarse a meditar al aire libre sin pasar calor ni frío extremo. En verano, el termómetro puede superar los 33 grados y aparecen las tormentas vespertinas, así que conviene madrugar para las caminatas; en invierno, en cambio, las noches se vuelven muy frías, con mínimas que pueden caer cerca de los 0 grados en julio. Para el abrigo, lo prudente es llevar siempre un rompevientos liviano, algo de abrigo extra para la noche y calzado cerrado con buena suela, porque los senderos entre el monte y el río mezclan tierra, piedra y, después de las lluvias, algo de barro. Y un dato que vale la pena recordar: en esta zona no se trata de soportar el clima, sino de dejarse llevar por él, porque la temperatura cambia tanto como el paisaje entre un pueblo y el otro.
