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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el que escribe también firma la dirección: el regreso de Sorkin y un debut que se siente a medio camino

La esperada secuela de "La red social" reaviva el debate sobre los oficios del guionista todopoderoso: qué pasa cuando Aaron Sorkin se sienta en la silla de director y nadie lo frena, y por qué las mejores versiones de sus textos llegaron cuando otros pusieron la cámara.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 2 d
Cuando el que escribe también firma la dirección: el regreso de Sorkin y un debut que se siente a medio camino

Convengamos en algo antes de empezar: cuando uno se sienta en la sala y las luces todavía están bajas, esperando que arranque la función, lo que está haciendo en esos minutos es leer la sala, mirar las butacas, observar si el proyector está calibrado o si el equipo técnico corre de un lado al otro con el café en la mano, y eso, aunque parezca un detalle menor, termina contando mucho de lo que después vamos a ver en pantalla, porque el estado de ánimo de la premiere se contamina, para bien o para mal, con la película que estamos por presenciar, y a mí, la verdad, me pasó en la función de prensa de "El precio de la red" con una sensación rara, como de estar ante un estreno cargado de expectativas que en el papel debería festejarse pero que en la butaca deja una mezcla de admiración por los textos y de frustración por cómo esos textos están filmados, como si a la película le faltara el director que la contenga, o mejor dicho, como si le sobrara un director que ya conoce demasiado bien sus propios chistes como para reírselos.

"West Wing" y la sombra del guionista que todo lo quiere

La cuestión de fondo es vieja en Hollywood y la película la pone sobre la mesa sin quererlo, o tal vez queriéndolo mucho, que es lo que termina siendo el problema, porque hay una escena, ya filtrada en los tráilers, en la que un personaje al que le pone cuerpo Bill Burr suelta esa frase tremenda sobre un guardia de tráfico que se queda con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo a su alrededor, y la línea funciona como una descripción perfecta del método de trabajo de Aaron Sorkin cuando se sienta a dirigir sus propios guiones, porque Sorkin escribe como si dictara un monólogo de "The West Wing", con esa cadencia de discurso político que tiene picos de emoción y caídas a último momento, y cuando nadie lo corrige en el rodaje, esos monólogos terminan durando más de la cuenta, las escenas de oficinas se vuelven planos cerrados en salones mal iluminados, y el montaje, que debería cortar el aire, lo deja circular hasta que se hace denso, como un galpón sin ventilación en pleno enero.

Lo concreto es esto: "El precio de la red" funciona como secuela de "La red social" de 2010 y también tienearrastres de "The Newsroom" y de un proyecto nonato sobre el 6 de enero que Sorkin viene persiguiendo hace años sin poderlo cerrar, y eso se nota en la cantidad de temas que la película quiere tocar en apenas dos horas, desde el presente de Mark Zuckerberg y las redes sociales hasta debates sobre verdad, prensa y poder, todos argumentos que un guionista como él puede desplegar con una elegancia verbal admirable, pero que un director con oficio debería podar para que la historia respire y no termine convertida en un ensayo declamado frente a un pizarrón.

  • Problemas ya vistos: la película repite los soliloquios extensos y las escenas de interiores mal resueltas que la crítica le venía señalando a Sorkin desde "Molly's Game" para acá.
  • Un historial desparejo como realizador: "Molly's Game" fue recibida con cierta benevolencia, pero sus películas siguientes confirmaron que sus mejores textos llegaron cuando otros directores los pusieron en escena.
  • Los antecedentes que respaldan la teoría: David Fincher en "La red social", Danny Boyle en "Steve Jobs" y Rob Reiner en "Algunos hombres buenos" supieron contener y redirigir sus excesos, algo que acá no pasa.
  • El detalle técnico que duele: el director de fotografía es el mismo que trabajó en la película original y, aun así, hay problemas de iluminación notorios que hablan de una dirección de actores y de cámaras distraída.

"Genio y figura": cuando el talento no alcanza

Si uno repasa la filmografía del autor con un poco de distancia, lo que aparece es un patrón bastante claro, y la crítica especializada lo viene marcando sin vueltas: Sorkin escribe extraordinario, de eso no hay ninguna duda, sus diálogos tienen esa música interna que los hace sonar verdadidos aun cuando dicen cosas inverosímiles, y hay líneas en "El precio de la red" que uno quisiera subrayar con marcador, pero la película como objeto cinematográfico falla donde no debería fallar, que es en lo más básico, en cómo se mueve la cámara, en cómo se cortan las escenas, en cómo se iluminan las oficinas de Silicon Valley que deberían parecer futuristas y terminan pareciendo depósitos cerrados, y eso, mirado con cariño, duele, porque uno imagina lo que David Fincher, por mencionar un nombre cualquiera de los que ya lo dirigieron bien, habría hecho con este mismo material, y se le caen las lágrimas.

“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Bill Burr, en uno de los diálogos de "El precio de la red"

A mí, lo confieso, me cuesta ser duro con alguien que le dio a la televisión y al cine algunos de los guiones más disfrutables de las últimas décadas, y no me cabe otra postura más que la de celebrar que un autor así siga escribiendo y buscando, aunque se tropiece, porque lo alternativo sería el silencio, y el silencio de Sorkin es mucho más aburrido que una de sus películas fallidas, pero eso no me impide señalar lo que está a la vista de cualquiera que entre al cine con los ojos abiertos: que el gran guionista sigue funcionando como director cuando tiene a alguien que lo discipline desde la otra silla, y que cuando se queda solo, los resultados, como en esta película, dan ganas de aplaudir las líneas y de pitarle al montaje, una mezcla rara que te deja con una sonrisa agridulce cuando se encienden las luces del cine y uno todavía está tratando de decidir si la pasó bien o no.

Dónde y cuándo se puede ir a verla

"El precio de la red" llega a las salas argentinas en su corrida comercial habitual, con funciones en complejos de las cadenas grandes y en los cines de barrio que sigan programando premieres, y la recomendação más sincera que puedo hacerle al lector que llegó hasta acá es la siguiente: vaya a verla con expectativas calibradas, disfrute los diálogos como uno disfruta de un buen libro leído en voz alta por el propio autor, y no se haga demasiadas ilusiones con la puesta en escena, porque lo que va a encontrar es un guionista enorme peleando mano a mano con sus propios fantasmas, y eso, según cómo se lo mire, es una fiesta o es un accidente, y a veces, como en este caso, es un poquito de las dos cosas al mismo tiempo.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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