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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando un mensaje corto se vuelve una novela: por qué el cerebro nos juega en contra en la pareja

Las psicólogas Karina Carreño y Marina Mammoliti explican por qué sobrerleer un chat termina en discusión, cómo distinguir lo que pasó de lo que imaginamos y qué herramientas concretas ayudan a cortar ese circuito.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 29 d
Cuando un mensaje corto se vuelve una novela: por qué el cerebro nos juega en contra en la pareja

Arrancamos la nota en la cocina de Elvira, que tiene 53 años y vive en Lanús. Está sentada con el teléfono en la mano y me dice, mientras revuelve el mate: "Mirá, ayer le mandé un audio a mi marido y me contestó 'dale, después vemos'. Estuve dos horas dando vueltas, pensé que estaba enojado, que yo había hecho algo mal, que se quería separar. Y al final lo llamé y me dijo que lo había leído apurado, saliendo del taller". Acá en la cuenca del Riachuelo, donde el café se sirve corto y las palabras se gastan rápido, esa escena se repite más de lo que uno quisiera admitir. Le pasa a Elvira, le pasa a la hija de Elvira, le pasa al vecino del tercero B. Y la pregunta es siempre la misma: ¿por qué una respuesta breve o una demora alcanza para montar una película entera sobre lo que siente la otra persona?

Lo que pasó, lo que imaginamos y lo que sentimos: tres planos que conviene separar

Antes de contestar un mensaje que nos genera malestar, las especialistas consultadas proponen una pausa y una distinción que parece simple pero que en la práctica a nadie le sale fácil. Que la pareja haya respondido con pocas palabras es un hecho, algo comprobable. Que esté molesta, enojada o distanciada es una interpretación, y como tal no viene con pruebas. "El cerebro, cuando no tiene información sobre lo que el otro piensa o siente, intenta anticiparlo", me explicó la neuropsicóloga Karina Carreño, y para completar ese hueco recurre a experiencias anteriores, a los propios miedos y a las inseguridades que cada uno carga sin pedirlo. Así, una demora se transforma en desinterés, un "ok" en indiferencia, un silencio en castigo. Y lo más delicado es que esa traducción interna se siente verdadera, porque las emociones que la sostienen son reales.

La psicóloga Marina Mammoliti, por su parte, pone el acento en un movimiento que suele quedar tapado por la ansiedad de descifrar al otro: a observar qué nos pasa a nosotros frente a ese mensaje. Si en vez de preguntar de inmediato nos preguntamos "qué siento yo ahora y por qué", aparece una pista enorme. A veces la respuesta corta de la pareja nos toca un cable que viene de lejos, de una vieja historia de abandono, de un duelo, de una traición que todavía duele. Y entonces no estamos reaccionando a este vínculo, sino a un eco de vínculos anteriores. Mammoliti lo resume con una idea que me parece clave: prestar atención a la emoción propia forma parte del trabajo de interrumpir la interpretación constante y volver a una conversación directa, de persona a persona.

  • Distinguir el hecho de la interpretación: una respuesta breve no es igual a una queja, una demora no es igual a un castigo.
  • Reconocer la emoción propia antes de responder: identificar si hay miedo al abandono, inseguridad o recuerdos de experiencias pasadas.
  • Preguntar de manera directa en lugar de completar el vacío con suposiciones, para bajar la incertidumbre.
  • Aprender a convivir con respuestas que no llegan en el momento: no siempre es posible obtener una explicación en el instante justo.
  • Volver a los hechos y abrir el diálogo antes de que la conjetura se convierta en discusión.

En ese punto, la lectura se vuelve trabajo sobre tiempo. Carreño advierte que, cuando la incertidumbre se instala, el cerebro entra en modo alerta y dispara reacciones defensivas que no siempre tienen que ver con la pareja que tenemos hoy, sino con fantasmas de parejas anteriores o incluso con la propia historia familiar. Por eso la recomendación de aprender a tolerar que el otro no responda en el momento no es un llamado a la resignación, sino a la regulación: bajar la ansiedad para no escribir un mensaje que después lamentemos, y para no iniciar una discusión que en realidad es una pelea con un libreto viejo. "Preguntar ayuda a disminuir la incertidumbre y la reacción de alerta", señala Carreño, y aclara que la comunicación directa permite conseguir información que el análisis de una pantalla nunca va a ofrecer.

Mammoliti, en tanto, subraya que las experiencias dolorosas pesan mucho en cómo se leen las conductas del otro. Una necesidad genuina de estar a solas puede leerse como indiferencia si del otro lado hay miedo al abandono. La inseguridad, la baja autoestima o los antecedentes de infidelidad alimentan la búsqueda permanente de confirmaciones y la tentación de controlar al otro, que suele terminar en el efecto contrario al buscado: el otro se cierra, se cansa, se aleja. Cuando eso pasa, las conjeturas empiezan a dirigir las respuestas, aparecen discusiones por situaciones imaginadas y pedidos reiterados de seguridad que, lejos de calmar, van erosionando la confianza de los dos. Es un circuito, coinciden las dos especialistas, y como todo circuito se puede cortar. La herramienta más concreta es volver a los hechos y abrir el diálogo antes de que la suposición se convierta en sentencia.

Vuelvo a la cocina de Elvira, que mientras escuchaba esto iba cabeceando con el mate en la mano y me decía: "Ahora me doy cuenta de que la próxima vez que me pase voy a respirar, voy a pensar qué me está pinchando a mí, y si la duda sigue ahí, le pregunto". Tiene 53 años, tres hijos y lleva más de dos décadas al lado del mismo hombre, y sin embargo asegura que nunca había escuchado la diferencia entre lo que pasó, lo que imaginó y lo que sintió. Dice que esa distinción le parece "una cosa enorme". Acá en la cuenca, donde las parejas se bancan crisis económicas, mudanzas, suegras y quilombos de toda laya, la propuesta de Mammoliti y Carreño no es un lujo de consultorio: es una forma de cuidarnos entre nosotros, de dejar de pelearnos con fantasmas y de volver a hablar con la persona que tenemos enfrente, esa que a veces contesta "dale, después vemos" simplemente porque estaba saliendo del taller.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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