De maestra a mamá de siete: la historia de María Laura, que adoptó a seis hermanos y recibió al séptimo en la panza
Conocía a los chicos del aula y del hogar. La vincularon como referente afectiva, los chicos le dijeron que la elegían como mamá y, poco después de la guarda, un beso a la panza le anticipó lo que nadie esperaba: un bebé venía en camino. Hoy, en una casa de la cuenca, conviven nueve.
La escena es en la cocina de una casa cualquiera acá en la cuenca: siete platos en la mesa, una pava que silba y María Laura, maestra, intentando que ninguno de los chicos se trepe a la silla antes de tiempo. Tiene 38 años, las manos llenas de harina y una familia que, hace un puñado de años, no existía. Empezó siendo dos, ella y su pareja, y hoy son nueve. Esta es, se la cuenta como ella la cuenta, la historia de cómo se pasó de un departamento chico a una casa donde sobran nombres para poner en la lista de los útiles.
Una decisión que empezó en el aula
María Laura es docente y a los seis hermanos los conoció en el aula, o más bien en dos aulas: dos de los chicos eran sus alumnos y los otros cuatro vivían en el mismo hogar de abrigo donde ella colaboraba como voluntaria desde hacía cinco años. La posibilidad de adoptarlos fue apareciendo de a poco, casi sin que nadie la empujara. "Al principio me parecía inalcanzable, vivíamos en un departamento chico y la idea de hacerse cargo de seis pibes a la vez generaba dudas también en mi pareja, que temía no poder sostenerlo económicamente", recuerda ella, con la misma calma con la que descrema el mate mientras Nahitan, el más chico, intenta meter los dedos en la taza.
“Cuando me preguntaron si quería a uno, a los gemelos o a los mellizos, la respuesta fue clara: 'Quiero estar con los seis'.”María Laura
La pareja se separó por un tiempo y María Laura encaró los trámites sola. La vincularon primero como referente afectiva, que es una manera que tiene el sistema de proteger chicos sin avanzar de un saque con una adopción definitiva, y los propios pibes tampoco estaban seguros al principio. Eran seis y hacían bloque: la más grande los había cuidado durante los años dentro del hogar, y cederle ese lugar a alguien de afuera fue un trabajo de todos. "La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco", dice María Laura, y cuando lo dice se le nota que todavía se le cierra la garganta, como si esa entrega le siguiera costando, pero del lado bueno.
El recreo en el que todo cambió
El punto de inflexión fue en un recreo, de esos donde los chicos se te acercan y te dicen cosas que no te esperás. Varios de los hermanos se acercaron a María Laura y le dijeron, con la simpleza que tienen los pibes cuando dicen las cosas grandes: "Te elegimos para ser nuestra mamá". Desde ese día, los papeles empezaron a correr hacia la convivencia. Los seis hermanos estaban institucionalizados desde hacía cinco años y nunca habían tenido una postulación concreta. María Laura fue la primera. La Justicia les dio la guarda y, más adelante, la adopción plena.
Un beso a la panza y un bebé en camino
Lo de Nahitan fue, como dicen los propios chicos, una sorpresa con anuncio incluido. María Laura acababa de obtener la guarda y todavía no había arrancado con los trámites finales de la adopción cuando uno de los gemelos, en una de esas escenas que parecen inventadas y sin embargo son reales, se le acercó, le besó la panza y le dijo, con la seguridad de los chicos que todavía creen que las cosas pasan porque uno las dice: "Hola, bebé". Ella se río, no le dio mayor importancia, y a los pocos días confirmó que estaba embarazada. "Uno de los gemelos le besó la panza antes de que ella supiera que estaba embarazada y dijo 'hola, bebé', y así fue como se enteró", resumen desde la familia, entre risas. La pareja, que se había separado en la primera etapa del proceso, volvió a juntarse y hoy ocupa el rol de padre en la casa. Los hermanos más grandes cuidan a Nahitan con un entusiasmo que, según María Laura, no le entra en el pecho.
María Laura participa de la Asociación Civil Adopten Niñes Grandes, una organización que acompaña a familias que postularon o quieren postularse por chicos escolarizados, fuera de la primera infancia, y que suelen ser los que más esperan. "Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida", dice, y lo dice parada en esa misma cocina del principio, con la pava que ya dejó de silbar y con Nahitan colgado de la pierna. Acá en la cuenca, donde los vecinos la conocen como Lauri y le preguntan cómo hace para que entren todos en la foto, María Laura sigue dando clases, sigue criando y sigue abriendo la puerta. Porque para ella, nueve no es un número: es la prueba de que, a veces, los mejores planes son los que uno jamás se animó a dibujar.
Te puede interesar
