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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La protesta desesperada de Tony Kiritsis revive en pantalla con la firma de Gus Van Sant

Bill Skarsgård encarna al hombre que secuestró al hijo de un banquero para contar su verdad en televisión. Llega a Movistar Plus después de un paso discreto por los cines.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 1 d
La protesta desesperada de Tony Kiritsis revive en pantalla con la firma de Gus Van Sant

Hay una frase que Gil Scott-Heron escribió y cantó como si fuera una plegaria callejera, una de esas líneas que se te quedan pegadas en la memoria y vuelven cuando menos lo esperás: la revolución no va a ser televisada. Y sin embargo, ahí está el nudo de esta historia, porque un tipo desesperado en Indianápolis, allá por 1977, tomó la cuestión al revés y decidió que su rebeldía, su queja contra un banco que le negaba lo que consideraba justo, sí iba a pasar por la pantalla chica, costara lo que costara. Esa es la materia prima de "Prime Crime: A True Story", también conocida como "Dead Man's Wire", el thriller con el que Gus Van Sant vuelve a poner el ojo sobre los márgenes del sistema norteamericano, esa geografía de personajes caídos en desgracia que el director de "Todo por un sueño" y "Elephant" viene cartografiando desde hace décadas con una paciencia casi de artesano.

Antes que la pantalla, conviene imaginarse el galpón donde se cocina esta clase de cine: una oficina bancaria en el corazón industrial de Indianápolis, con ese olor a papel viejo y a madera barnizada que tienen las instituciones cuando todavía se sienten intocables. Ahí se presenta Tony Kiritsis, un hombre común que había solicitado un préstamo para comprar un terreno y que, cuando se lo negaron, empezó a sospechar que la entidad no quería otra cosa que quedarse con su propiedad para especular. La respuesta de Kiritsis fue tan extrema como detallista en su puesta en escena: tomó como rehén al hijo del dueño del banco con un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal atado al cuello, y formuló dos pedidos que parecen sacados de un guion pero que la vida se encargó de escribir. Por un lado, una indemnización económica; por el otro, la posibilidad de hablar en televisión nacional y contar, con sus propias palabras, por qué había llegado a ese punto. Esa es la mecha que enciende la película y la razón por la que el caso se volvió una referencia inevitable cada vez que se debate sobre los límites de la protesta individual frente a estructuras que parecen diseñadas para aplastar al más débil.

El hombre nuevo y la bomba casera

Para darle cuerpo a Kiritsis, Van Sant eligió a Bill Skarsgård, un actor sueco que viene construyendo una trayectoria curiosa y bastante más diversa de lo que su cara de malo de película de terror sugiere, porque lo hemos visto aterrorizar adolescentes en la saga de "It" y también cargar dramas densos como el de "Castle Rock", y acá se anima con un registro diferente, más contenido, más gris, donde la violencia potencial está siempre contenida en un tic, en una pausa, en una mirada larga. La película construye alrededor de su protagonista una atmósfera de tensión sostenida que reconoce sus deudas con el cine de género norteamericano de los años setenta, ese tipo de thriller urbano donde la presión policial se cruza con la cobertura mediática en tiempo real, donde las cámaras de los noticieros terminan siendo tan protagonistas como los propios secuestradores.

Y acá me parece donde la película se juega su verdadera carta, porque el cierre incorpora música de Gil Scott-Heron como un guiño que carga de sentido político el desenlace sin abandonar jamás el registro del thriller, y esa mezcla entre política y género, entre la canción de protesta y la persecución policial, es exactamente lo que hace interesante a Van Sant, un director que se mueve cómodo en esa zona donde la forma de Hollywood se cruza con la pregunta sobre quién puede protestar y cómo. La película no resuelve sus contradicciones del todo, no termina de decirnos si Kiritsis fue un héroe tragicómico o un hombre que perdió el Norte, y creo que ahí está parte de su honestidad, porque propone una lectura sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan, sin caer en la moralina fácil ni en la romantización del outsider al borde del precipicio.

Hay un dato que a mí, particularmente, me deja pensando y que quiero compartir con quien haya llegado hasta acá: con un presupuesto estimado por debajo de los 15 millones de dólares, la película recaudó apenas 3,8 millones en su paso por las salas, un número que en otra época habría significado el final de la conversación, pero que hoy, gracias a las plataformas de streaming, se transforma en una segunda oportunidad. "Prime Crime: A True Story" ya está disponible en Movistar Plus, lista para que cualquiera que tenga la curiosidad encendida pueda sentarse a verla, dejarse llevar por la tensión de ese galpón bancario convertido en set de noticias, y preguntarse, como me pregunté yo mientras investigaba esta nota, si el cine de género con intención autoral no tendrá, en definitiva, más futuro en las plataformas que en las salas. Para ir: la película se puede ver en Movistar Plus desde este mes, en cualquier momento y con la pausa que el espectador decida, que es, en el fondo, la forma más justa de acercarse a un caso que empezó con una exigencia muy concreta: que alguien lo escuchara.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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