Llegó al Heller cuando era todo barro y hoy se jubila dejando una huella que pesa más que cualquier placa
Marcelo Sotomayor tiene 31 años como pediatra en el hospital público más joven de Neuquén y a los pocos meses de dejar el guardapolvo repasa las claves que repite en cada consultorio: lactancia, límites con las pantallas y ojos bien abiertos para los accidentes en casa.
La cocina del Hospital Heller de Neuquén hierve temprano, como en cualquier casa con apuro. Pero esta vez lo que se cocina es otra cosa: el último tramo de la carrera de un médico que lleva más de tres décadas pisando esos pasillos. Acá en la cuenca, donde el viento patagónico se cuela por los ventanales rotos del viejo edificio del Parque Industrial, Marcelo Sotomayor, 58 años, está a punto de colgarse el guardapolvo por última vez. La jubilación le llega con gusto a poco, después de que su propia salida, que estaba prevista para julio, se postergó hasta enero por decisión de él mismo. Todavía no se acostumbra a la idea de que va a extrañar este lugar.
Sotomayor nació prematuro en 1966, con apenas 1,1 kilo de peso. Esa huella primera, dice, explica por qué desde chico quiso ser médico y, más específicamente, pediatra. Estudió en la Universidad de La Plata, hizo la residencia en el Hospital Castro Rendón y en 1995 se sumó al Heller cuando el hospital recién abría sus puertas, en esas primeras semanas en las que el equipo todavía peleaba con problemas de infraestructura básica antes de recibir al primer paciente. Llegó a atender al primer bebé nacido en ese edificio. Hoy muchos de quienes fueron sus alumnos son sus propios colegas en el mismo servicio. Es instructor de residentes y docente en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue.
Tres décadas, dos consultorios y un mapa de la infancia que cambió de enfermedad
Cuando Sotomayor empezó a ejercer, la desnutrición era una de las preocupaciones centrales del consultorio. Hoy ese lugar lo ocupa la obesidad, junto con situaciones vinculadas al consumo de sustancias durante la infancia y la adolescencia. La transición no fue de un día para el otro, pero en estos treinta y un años el mapa de la salud infantil se dio vuelta, y el médico lo vio cama por cama, guardia por guardia.
- Lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, considerada todavía una de las recomendaciones más fuertes y de mayor consenso en pediatría.
- Prevención de accidentes domésticos, sobre todo quemaduras y caídas, que siguen siendo causas frecuentes de consulta de urgencia en niños pequeños.
- Pantallas: cero antes de los cuatro años; después de esa edad, tiempos limitados y supervisión adulta siempre presente.
- Controles periódicos y acompañamiento de la crianza, porque la tarea pediátrica empieza mucho antes de que aparezca una enfermedad.
“La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses sigue siendo una de las principales recomendaciones.”Marcelo Sotomayor, pediatra del Hospital Heller
Nosotros, en la redacción, lo escuchamos a Sotomayor y no podemos dejar de pensar en algo que él mismo repite: la pediatría no es solo atender chicos enfermos, es sentarse con la familia y anticiparse. Para él, las pantallas son el tema que más espacio ganó en las consultas. Su posición es directa: antes de los cuatro años, los dispositivos no deberían usarse, y después, los tiempos acotados son indispensables. Esa firmeza, la misma que le sirvió para sostener un servicio entero durante décadas, es la que hoy les deja como herencia a las familias neuquinas.
Fuera de las guardias y las clases, Sotomayor encuentra equilibrio en el jazz y en el montañismo. Dice que la actividad al aire libre compensa. Mientras tanto, en la cocina del hospital donde empezó todo, una enfermera le alcanza un mate y él lo acepta sin dejar de mirar el reloj de la pared. A la vuelta de la esquina lo espera un enero distinto, uno en el que por primera vez en 31 años no va a tener que estar acá cuando empiece el día. La huella, igual, se va a quedar.
