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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Planchas con rodillas apoyadas y puentes: cómo armar una rutina segura para el abdomen después de los 50

El trabajo del abdomen a partir de esa edad conviene pensarlo como un ejercicio de coordinación, no solo de fuerza. Una profesora de educación física de Lanús explica qué movimientos recomienda la evidencia y por qué la postura marca la diferencia.

Por Griselda MuñozSociedad y vida · · hace 15 d
Planchas con rodillas apoyadas y puentes: cómo armar una rutina segura para el abdomen después de los 50

Lo cruzo de memoria cada vez que Marisa —mi vecina de toda la vida, 54 años, maestra jubilada que ahora da clases de yoga en el centro de la plaza— me frena en la esquina y me pregunta, con esa mezcla de preocupación y de curiosidad genuina que tiene ella, qué puede hacer para fortalecer el abdomen sin romperse la espalda. Acá en la cuenca del Conurbano, a nosotros nos pasa cada vez más: los cincuenta llegaron y la zona media empezó a protestarnos, sobre todo cuando nos sentamos mal, cuando levantamos un bolso de más o cuando nos quedamos dos horas encorvados sobre la notebook. Por eso me puse a leer lo que dicen entidades serias como Mayo Clinic y la Asociación Americana del Corazón, y lo que recomiendan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos para los mayores de 65, y quiero compartirlo en esta nota con la mayor claridad posible, porque a esta edad nadie tiene por qué conformarse con un abdominal clásico que termina haciéndonos doler el cuello.

La plancha adaptada a la altura de cada cuerpo

La primera noticia interesante es que la famosa plancha —ese ejercicio en el que uno se sostiene como una tabla sobre los antebrazos y las puntas de los pies— tiene una versión con rodillas apoyadas en el suelo que mantiene la misma lógica de trabajo pero con una carga reducida. Mayo Clinic la describe como una de las opciones válidas para fortalecer la zona media, y la postura es clave: los codos tienen que quedar justo debajo de los hombros, la cabeza debe seguir la línea natural de la espalda sin empujar el cuello hacia adelante ni hacia abajo, y el abdomen tiene que estar contraído durante toda la respiración para sostener la posición. Ese detalle de no flexionar el cuello repetidamente no es menor: a nuestra edad, varias hernias de disco y muchas cervicalgias vienen justamente de mover la cabeza como si fuera un péndulo, y por eso esta variante es tan razonable para empezar.

La segunda cuestión es que el abdomen no trabaja solo: cuando la postura está bien armada, participan también la espalda baja y las caderas, y por eso hablamos de coordinación más que de un esfuerzo aislado. Por eso la alineación importa tanto como el esfuerzo en sí: si la zona lumbar se arquea hacia el cielo mientras uno sostiene la plancha, el ejercicio deja de ser abdominal y se vuelve un problema para la columna. Marisa suele decirme, mientras me corrige la pelvis en el living de ella, que la cola tiene que quedar “un poquito metida para adentro”, y técnicamente lo que está describiendo es una retroversión leve que protege la cintura. Esa sensación de “meter el ombligo hacia la columna” es la que activa el transverso, que es el músculo profundo que estabiliza todo el conjunto.

El puente, un ejercicio que trabaja más de lo que parece

La otra herramienta que la evidencia pone sobre la mesa es el puente, que la Asociación Americana del Corazón incluye dentro de su guía de ejercicios de fortalecimiento y estabilidad. El movimiento es sencillo de explicar y se realiza con la siguiente espalda —perdón, no se puede hablar bien del Conurbano sin reírse un poco—: uno se acuesta boca arriba con las piernas flexionadas a la altura de las rodillas, los pies apoyados en el piso a la altura de la cadera, activa el abdomen y levanta la pelvis hasta formar una línea recta entre las rodillas y los hombros, sin empujar con el cuello ni arquear la zona lumbar. La gracia del puente es que pone en juego al mismo tiempo el abdomen, los glúteos y la parte de atrás de los muslos, y por eso es tan interesante para nosotros, que necesitamos movimientos que mejoren el equilibrio y que nos sirvan para levantarnos de una silla sin quejarnos.

Acá en la cuenca del Plata, los kinesiólogos insisten en que la zona media no es solo el “six pack”: es un cilindro que incluye los abdominales por delante, la espalda baja por detrás, el diafragma por arriba y el piso pélvico por abajo, y por eso cuando uno entrena el puente o la plancha está entrenando estabilidad, postura y equilibrio, que son justo las tres cosas que más se deterioran con los años y las que más —perdón, las que más se asocian— con caídas y con dolores crónicos. Esa integralidad es importante: el abdomen aislado es una manera de pensarlo, pero la realidad es otra que a veces conviene explicar en una rutina de oficina semanal, porque lo que pasa en el consultorio no siempre se parece a lo que pasa en el sillón de casa.

  • Planchas con rodillas apoyadas y puentes: dos ejercicios validados por Mayo Clinic y la Asociación Americana del Corazón para trabajar la zona media después de los 50, con menor exigencia que las variantes clásicas.
  • Postura y alineación como ejes centrales: codos debajo de los hombros, cabeza en línea con la columna, abdomen contraído y pelvis ligeramente retrovertida para proteger la zona lumbar.
  • Coordinación antes que fuerza: el abdomen se trabaja junto con la espalda baja, las caderas y los glúteos, lo que mejora el equilibrio y la estabilidad para las actividades cotidianas.
  • Consulta profesional previa en casos de osteoporosis, problemas de espalda u otras condiciones de salud: adaptar un apoyo no convierte al ejercicio en una opción adecuada para todos.
  • Esquema general para mayores de 65 según los CDC: combinar actividad aeróbica, equilibrio y fortalecimiento muscular al menos dos días por semana, incluyendo los principales grupos musculares además del abdomen.

Antes de cerrar, y volviendo a donde empecé, le quiero dejar un consejo a Marisa y a cualquiera que esté leyendo esta nota y se haya sentido identificado con la escena: antes de incorporar cualquiera de estos movimientos, vale la pena hacer una consulta con un profesional de la salud, sobre todo si uno tiene osteoporosis o algún problema de espalda diagnosticado. Mayo Clinic lo aclara así de manera concreta: simplemente adaptar un apoyo no convierte al ejercicio en una opción adecuada para todos, y por eso la elección siempre tiene que considerar la situación individual de cada persona. Después de eso, a nosotros nos queda armarnos una rutina que combine aeróbico, equilibrio y fuerza dos veces por semana, como recomiendan los CDC, y dejar de pensar al abdomen como un músculo aislado y empezar a pensarlo como el centro de estabilidad que realmente es. Yo, por mi parte, me quedo con la imagen de Marisa en su cocina, apoyada sobre la mesada con los codos bien plantados, corrigiéndome la postura mientras me sirve un mate y me explica, con esa paciencia que solo tienen las maestras jubiladas, que a esta edad lo importante no es cuántas repeticiones hacemos sino cuántas de esas repeticiones las hacemos bien.

GM
Griselda MuñozSociedad y vida

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