Platense se quedó en la orilla: ganó, goleó en el primer tiempo y terminó despidiéndose con la frente alta
El Calamar necesitaba dos goles y los consiguió antes del descanso. Pero el descuento de Canobbio en el complemento selló el 3-2 global y mandó a Fluminense a semifinales. Palermo se va con la mochila llena de argumentos y la Copa vacía.
A veces el viento en Vicente López sopla a favor y a veces te tira la camiseta a la cara. Anoche sopló a favor durante cuarenta y siete minutos, se dio vuelta y le robó el buzo al Calamar en el momento menos pensado.
Dos golpes al mentón antes del vestuario
El planteo de Martín Palermo fue una declaración de intenciones desde el primer minuto. Salió Platense a comerse la cancha como quien baja al kiosco un domingo a las diez de la noche: con hambre y sin pedir permiso. A los 29, Mainero facturó una jugada colectiva que sonó a trabajada en el patio de una casa de familia. Y cuando el reloj ya se había pasado de la hora, en el minuto 47, Sepúlveda se elevó como en el barrio, cabezazo al área y a cobrar: 2-0 parcial, 2-2 global y todo por decidirse.
El baldazo de agua fría de Canobbio
El complemento tenía la misma pinta. Pero a los 11, Canobbio le puso nombre y apellido al ahogo del Calamar. Thiago Silva pasó a ser la pared más alta del mundo, Fabio se disfrazó de cirujano y cada centro de Platense terminó en la órbita de un Fluminense que se dedicó a administrar el resultado como quien cuenta los minutos para el asado del domingo.
Palermo movió el banco, metió a Zapiola, tiró centros, pidió penales que nunca vinieron y se quedó con la foto de un equipo que compitió de verdad contra un gigante brasileño. Veremos si de esta bronca sale algo más que un recuerdo.
