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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Roronoa Zoro: la extraña mezcla entre un pirata francés que comía corazones y un justiciero enmascarado

El segundo tripulante de los Sombrero de Paja debe su nombre a dos fuentes muy distintas: un corsario del Caribe del siglo XVII conocido por su violencia extrema y el espadachín creado por Johnston McCulley en 1919, que ya suma más de un siglo de adaptaciones en todo el mundo.

Por Ramón VeraCultura y espectáculos · · hace 32 d
Roronoa Zoro: la extraña mezcla entre un pirata francés que comía corazones y un justiciero enmascarado

Les tengo que confesar algo antes de arrancar: cuando uno se sienta a investigar de dónde sale el nombre de Roronoa Zoro, lo último que espera es terminar leyendo sobre un francés del siglo XVII que, según los cronistas de la época, le abrió el pecho a un soldado español con su propia espada y se sentó a comerse el corazón en plena calle. Pero así es esta historia, y por eso vale la pena contarla bien, con todos los ingredientes que la hacen tan curiosa y, por qué no, tan decididamente humana en su costado más oscuro.

Para entender al personaje que hoy es uno de los favoritos del público de One Piece, hay que entender primero a su autor. Eiichiro Oda no le puso el nombre a Zoro por azar ni por una sola razón: tomó el apellido de un pirata real y le sumó el eco de un héroe de ficción que ya lleva más de cien años dando vueltas por el mundo. La combinación, contra toda lógica, funciona. Y funciona tan bien que el espadachín de los Sombrero de Paja se convirtió en una de las figuras más queridas de la animación japonesa.

El Zorro, el enmascarado que no se cansa de volver

La primera pata de esta historia es bien conocida y bastante más alegre. El Zorro nació en 1919, en el relato "The Curse of Capistrano", publicado por la revista estadounidense All-Story Weekly. Su creador fue Johnston McCulley, y un año después llegó la adaptación al cine que terminó de instalarlo en la cultura popular: "El signo del Zorro". Desde entonces, el personaje no paró de multiplicarse. Cuentan los registros que hubo más de cincuenta películas, series de televisión, cómics y versiones en distintos idiomas, incluyendo producciones turcas, que lo llevaron a ser un personaje de reconocimiento global. España, por si quedaban dudas, llegó a producir unas catorce películas propias, casi todas en coproducción con Italia.

El guiño de Oda fue tan directo que en el doblaje original al español de One Piece directamente se lo llamó "Zorro Ronoa", sin más vueltas. La referencia estaba a la vista de todos, y el autor japonés no hizo ningún esfuerzo por disimularla.

François l'Olonnais, la plaga de España

Hasta acá, todo relativamente amable. El problema es que la segunda fuente del nombre es bastante más oscura y decididamente más pesada. El apellido "Roronoa" es, en japonés, la forma en que se pronuncia el apellido del pirata francés François l'Olonnais, un corsario del siglo XVII que operó en el Caribe y que se ganó a pulso un apodo escalofriante: "la plaga de España".

L'Olonnais llegó a comandar una flota de ocho barcos y 440 hombres, con la que atacó embarcaciones españolas en la región. Cuando desembarcó en Maracaibo, torturó a los habitantes para que le confesaran dónde habían escondido sus pertenencias. Hay un episodio, registrado por los cronistas de la época, que es de los más difíciles de leer: cuando las fuerzas españolas estuvieron a punto de capturarlo, tomó a un soldado como rehén, le abrió el pecho con la espada y, según esos mismos registros, comenzó a comerse el corazón. El escuadrón retrocedió y l'Olonnais escapó. Murió después en Panamá, también de forma violenta.

Dos historias, un mismo nombre

Más allá de la coincidencia del apellido y de la destreza compartida con la espada, no existe ningún vínculo temático entre el pirata histórico y el personaje de la serie. Oda tomó el apellido porque le gustó cómo sonaba, y construyó desde ahí a uno de los espadachines más reconocibles de la animación japonesa. El resto, el juramento a Luffy, las tres espadas, el ojo tapado y todo lo que el público fue agregando con los años, es puro Oda.

Y uno, como lector y como espectador, se queda pensando en estas cosas: en cómo un manga puede esconder, en el nombre de uno solo de sus personajes, una mezcla tan improbable entre un héroe de historieta que pelea a favor de los débiles y un corsario que se ganó la fama a fuerza de atrocidades. La cultura popular tiene esos vericuetos, y a mí, personalmente, me siguen fascinando.

RV
Ramón VeraCultura y espectáculos

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