San José, la postal entrerriana donde el agua caliente se cruza con la cepa y la historia
En la costa del río Uruguay, a poco más de un millar de kilómetros desde El Calafate, la localidad combina un complejo termal con doce piscinas, bodegas con tradición familiar y un molino que habla del esfuerzo de los colonos europeos.
Hay destinos en la Argentina que se ganan al visitante con una sola promesa y otros que ofrecen varias en un mismo fin de semana. San José, en el sudeste de Entre Ríos, pertenece a la segunda categoría, y eso se nota apenas uno empieza a organizar el itinerario: termas con doce piscinas, bodegas con siglos de tradición y un museo al aire libre que cuenta cómo se molía el trigo antes de que la rueda del progreso se acelerara demasiado. La localidad está sobre la costa entrerriana del río Uruguay, dentro de la región turística Tierra de Palmares, y tiene como vecinas inmediatas a Colón y Villa Elisa, dos paradas obligadas del circuito termal.
Un molino que sobrevive al viento
El punto de partida lógico para entender a San José es el Museo Provincial Molino Forclaz, en un predio de cinco hectáreas donde se conservan la vivienda familiar y el molino de viento que levantó Juan Bautista Forclaz, un colonizador europeo, para procesar trigo y maíz. La estructura es imponente, pero también es honesta: según relatan las visitas guiadas, los vientos de la zona no siempre fueron suficientes y la familia tuvo que volver al método anterior, la tracción a sangre mediante mulas, cuando el aire calmaba y la harina no esperaba. Esa trampera entre lo soñado y lo posible es, paradójicamente, la mejor descripción del carácter del lugar.
El recorrido se completa con representaciones a cargo de vecinos en fechas puntuales y, durante el verano, con visitas nocturnas iluminadas por velas, faroles y candelabros, una variante que conviene tener en cuenta al momento de elegir cuándo ir, porque la temperatura promedio en enero ronda los veintipocos grados y el río Uruguay se vuelve una postal casi irreal con esa luz baja.
Termas con copa incluida
A apenas cinco minutos del casco histórico se levanta Termas San José, el corazón del descanso local, con doce piscinas distribuidas en un predio amplio que incluye miradores hacia el río. El establecimiento ofrece un pase de experiencia eno termal que, más allá del acceso a las piletas y al sector de relajación con batas y toallas, incorpora algo poco habitual en este tipo de complejos: un tratamiento facial de vinoterapia en el Spa Acqua Termal y una copa de vino entrerriano con tapeo regional en el restaurante Entre Fuegos. La idea es que la visita combine el agua caliente con la tradición vitivinícola que dejaron los inmigrantes de la Colonia San José, una fundación de mediados del siglo XIX donde el Pinot, el Chardonnay, el Tannat y, más recientemente, el Marselan encontraron su lugar.
- Bodega Vulliez Sermet, con visita guiada incluida en el pase termal y otras bonificaciones en la zona.
- Alojamiento entre viñedos en Los Franco Suizos, pensado para quedarse una noche más y dejar que el silencio entrerriano haga lo suyo.
- Molino Aventuras, con palestra, tirolesa, puentes aéreos, escaleras móviles y un mangrullo para los que necesiten moverse después del relax.
- Centro Municipal de Artesanteros, con piezas en cerámica, madera, cuero y lana que homenajean el trabajo manual de la comunidad.
El casco histórico, por su parte, sigue siendo el escenario donde se cruzan las huellas de la inmigración europea con la vida cotidiana de un pueblo chico que sabe recibir. El recorrido peatonal por sus calles arboladas, la plaza central y los antiguos almacenes permite cerrar el día sin la necesidad de subirse otra vez al auto.
Mi recomendación a esta altura del calendario apunta a la segunda quincena de febrero, cuando el calor firme invita a empezar el día entre las piletas y a terminarlo en la bodega, y a la primera quincena de marzo, cuando las visitas nocturnas al molino recién comienzan a estirarse y el abrigo liviano alcanza; conviene llevar algo liviano para el día y un camperón fino para la última vuelta, porque junto al río la brisa se hace sentir apenas cae el sol.
