"Somos los muertos vivientes": la frase de Rick Grimes que tardó siete temporadas en cerrarse
La pronunció una sola vez en once años y, sin embargo, terminó siendo el corazón filosófico de The Walking Dead. Andrew Lincoln la dijo en un granero, Norman Reedus la desmintió en el final y todo arrancó en un cómic de 2005.
A veces una sola frase basta para definir el alma entera de una serie entera, y a veces esa frase se pronuncia una sola vez en once temporadas pero igual queda dando vueltas en la cabeza del espectador durante años, como si la serie entera orbitara a su alrededor sin que uno lo termine de notar hasta que el ciclo se cierra y se entiende todo de golpe, y eso es exactamente lo que pasó con The Walking Dead, porque hubo una línea de diálogo que Rick Grimes dijo una única vez y que sin embargo terminó siendo, a la corta o a la larga, el corazón filosófico de toda la ficción.
El granero
La escena pasó en el décimo episodio de la quinta temporada, cuando el grupo caminaba agotado hacia Washington después de perder a Beth y a Tyreese, dos golpes durísimos que habían caído uno detrás del otro y que habían dejado a los supervivientes con el cuerpo molido y el alma todavía más molida, y la imagen que la serie construyó fue la de una comunidad entera arrastrándose casi en automático, comiendo poco, durmiendo mal y hablando cada vez menos, hasta que Rick reunió a todos en un granero y contó la historia de su abuelo, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que había aprendido a cumplir con su deber convenciéndose primero de que ya estaba muerto antes de entrar en combate, una manera como cualquier otra de espantar el miedo, y a partir de ese relato Rick trazó el paralelo y los miró uno por uno y les dijo, con la voz cansada pero todavía firme, que ellos hacían lo mismo, que habían perdido tanto y a tantos que ya apenas podían considerarse vivos en el sentido humano del término, y la frase que eligió para resumir todo eso fue una sola, que dice así: nos decimos a nosotros mismos que somos los muertos vivientes.
“Nos decimos a nosotros mismos que somos los muertos vivientes.”Rick Grimes, The Walking Dead, temporada 5
La respuesta de Daryl
Daryl Dixon, que es de esos personajes que cuando hablan pocas veces pero casi siempre se las arreglan para decir justo lo que hay que decir, escuchó el discurso entero y no lo aceptó del todo, y en ese mismo capítulo, sin levantar la voz pero con esa dureza que lo caracteriza cuando algo le parece importante, salió al cruce con una frase breve pero demoledora, nosotros no somos como ellos, lo cual traducido al lenguaje de la serie significa que no, que el sufrimiento no los había convertido en muertos en vida, que seguían siendo personas, que todavía podían elegir, que mientras respiraban había algo que los separaba de los caminantes y que ese algo era lo único que valía la pena defender, y esa discusión quedó suspendida en el aire durante años, como un crédito pendiente que la serie sabía que algún día iba a tener que saldar de alguna manera.
- Andrew Lincoln (Rick Grimes) pronunció la frase en el episodio 10 de la quinta temporada, dentro de un granero, después de las muertes de Beth y Tyreese.
- Norman Reedus (Daryl Dixon) la cuestionó en ese mismo capítulo con un nosotros no somos como ellos que abrió un debate que la serie tardó siete años en cerrar.
- Robert Kirkman ya había escrito la idea en el número 24 de los cómics, publicado en 2005, aunque en otro contexto: Rick pensaba en la prisión como refugio y concluía que los verdaderos muertos vivientes eran los propios supervivientes.
- El cierre llegó el 20 de noviembre de 2022, en el episodio final de la undécima temporada, cuando Daryl les dijo no somos muertos vivientes a los soldados de la Commonwealth y alcanzó para que bajaran las armas.
Y lo más curioso de todo esto, al menos para mí, es que la frase no fue un invento de los guionistas de la televisión sino una herencia directa de los cómics originales que Robert Kirkman publicó allá por 2005, en el número 24 de la serie, donde Rick reflexionaba sobre los límites de la prisión como refugio y llegaba a la conclusión de que los verdaderos muertos vivientes eran los propios supervivientes, un contexto distinto al de la serie, más político y casi diríamos más filosófico, pero la idea de fondo era la misma, y la adaptación televisiva la tomó, la torció un poco, la metió dentro de un granero en mitad de un bosque y la convirtió en una meditación sobre el desgaste emocional acumulado durante años de huida, y esa es la clase de trasplante que uno, como espectador de toda la vida de este tipo de ficciones, no puede evitar celebrar, porque cuando una idea sobrevive al cambio de formato y encima termina de resolverse en el último episodio de la serie, lo más honesto es reconocer que hubo una mano muy firme detrás del libreto, aunque a esa misma serie le falte otras cosas que uno le criticaría con gusto en otra nota.
Dónde y cuándo se puede ir: The Walking Dead completa, incluidas las once temporadas y el desenlace de Daryl, está disponible en plataformas de streaming, y los lectores que quieran rastrear el origen exacto de la frase pueden buscar el número 24 de los cómics originales de Robert Kirkman, publicados en 2005, donde la idea aparece por primera vez en otro contexto pero con la misma potencia.
