Stalingrado, el galpón helado donde doce mil extras se quedaron sin palabras
La reconstruccion casi monumental que Joseph Vilsmaier empezo en un estudio de Finlandia a treinta grados bajo cero y termino dando forma a uno de los films de guerra mas desgarradores del cine europeo, hoy disponible en streaming y todavia capaz de sacudir a quien se anime a darle play.
A veces uno se pregunta como se hace para meter una batalla entera dentro de un galpon, y la respuesta que dio el cine aleman con Stalingrado en mil novecientos noventa y tres es tan bestia como parece: armaron un universo de nieve, fuego y cuerpos rotos en estudios y locaciones de Finlandia, convocaron a doce mil personas para que hicieran de soldados, y dejaron que el termometro se fuera a treinta grados bajo cero como si la historia misma estuviera exigiendo que el sufrimiento se sintiera en los huesos de los que participaban de la movida.
La plaza donde se decidio todo
Antes de entrar en la sala, vale la pena recordar lo que se juego en esa ciudad que lleva el nombre del jefe sovietico y que durante el invierno del cuarenta y dos se convirtio en el infierno mas fotografiado del siglo veinte: hablamos de meses de combates casa por casa, de dos millones de muertos entre ambos bandos y de una orden explicita del regimen nazi de no rendirse jamas bajo ninguna circunstancia, como dejo escrito Joseph Goebbels en su diario al recoger las palabras de Adolf Hitler, que hablaba de la toma de Stalingrado como una necesidad psicologica urgente por el valor simbolico del lugar para los rusos.
De ese contexto se nutre la novela de Theodor Plievier, publicada en mil novecientos cuarenta y cinco, que recien cuatro decadas mas tarde tuvo su traduccion a imagenes grandes de la mano de Joseph Vilsmaier, un director al que le dieron veinte millones de marcos alemanes, algo asi como catorce millones de dolares de la epoca, para armar una produccion que no le bajara el precio al horror ni al agotamiento que vivieron las tropas.
La del soldado que llega y no entiende
Lo primero que uno ve cuando arranca el film es el traslado de un grupo de soldados hacia el frente oriental, chicos que no tienen la menor idea de donde se estan metiendo y que de a poco se van encontrando con un paisaje que parece sacado de una pesadilla; y ahi aparece uno de los datos mas fuertes de la pelicula, que es que ninguna escena se filmo en la ciudad real porque Stalingrado quedo tan destruida que despues de la guerra hubo que reconstruirla entera y no quedaban edificios de la epoca para ambientar el relato, asi que todo lo que vemos en pantalla es una fabricacion cuidadisima pensada para que el ojo se crea que esta ahi.
Ahora bien, lo que a mi me sigue pareciendo notable es el detalle humano que se coló en medio de la maquinaria: la inclusion de veteranos amputados no fue un capricho sino una decision estetica y etica al mismo tiempo, una forma de decirle al espectador que cada cuerpo que ve en pantalla cargado de heridas y de frio es el eco de alguien que de verdad paso por eso, y eso le da al conjunto una densidad que cuesta olvidar.
La llegada que no fue
En cuanto a la recepcion del publico, los numeros cuentan una historia que a veces se repite con las peliculas que se anticipan a su tiempo: en Alemania Stalingrado recaudo diez millones de dolares, por debajo de lo que se esperaba, mientras que en Espana la cosa fue completamente distinta y la pelicula se transformo en un fenomeno con ingresos equivalentes a un millon trescientos cuarenta mil euros, un exito que con los anos se fue traduciendo en el reconocimiento internacional que se le habia escapado en el momento del estreno, en parte porque poco despues llego Enemigo a las puertas y le termino robando un cacho de protagonismo en las conversaciones de sobremesa.
“Una necesidad psicologica urgente”Adolf Hitler, segun el diario de Joseph Goebbels
Hoy, si uno se da el tiempo de buscar, la puede encontrar en Amazon Prime Video, lista para volver a sacudir a quien se anime a entrar en ese galpon helado que Vilsmaier armo con paciencia de relojero y con un respeto por el sufrimiento que se nota en cada plano, y que despues de mas de treinta anos sigue siendo una de las reconstrucciones mas ambiciosas que dio el cine de guerra europeo, un clasico de culto que se banca el revival en cualquier pantalla que lo quiera recibir.
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